ALEGATO
Esto no es un texto.
Pronto volveré a escribir, pronto volverán las esculturas de sombra y ciertas vibraciones. El vértigo de la caída, viejas sorpresas en nuevos recuerdos. Pronto florecerán de nuevo los peces en el aire tan sólido de lo nunca dicho. Pero debe hacerse poco a poco, y por eso, esto aún no es un texto.
Podéis alegar que todo lo escrito es literatura, y que un buen actor puede hacernos llorar leyendo los ingredientes de unas galletas con chocolate. Que la emoción no está en lo escrito sino en la palabra, que la palabra es ubicua y hasta al silencio se le nombra.
No me sirve. Existe la palabra que escapa al texto, como un personaje perdido del Coro griego. Existe y no sé cuál es, pero en el transcurso de este proceso voy a demostrarlo ante este Jurado, igual que encontré en su día el texto sin autor, que se escribe a sí mismo, o el mismísimo Nombre de Dios... son sólo palabras, no es tan difícil.
Nadie es capaz de una desafección tal que no deje trozos de piel en todo lo dicho. Nadie puede usar las palabras del diccionario, pues la piedra se rompe al intentar doblarla. Nadie puede escapar al tejido de íntimas relaciones del cosmos, que a todos nos ata en una cosquilla de vértigo y un vacío de muerte. Nadie puede escribir y no entregarse en lo escrito, irremediablemente vulnerable, para siempre vencido. No se puede escribir algo que no sea un texto... y sin embargo esto no es un texto.
Y si fuera un relámpago, si se hiciera todo luces contra el NO, si arrancara chispas de silencio a cualquier negro vacío, si inundara la memoria y los libros, incluso así no serviría. Es solo una renuncia.
DEFENSA
Desde luego no es fácil justificar mi actitud. Escribir una loa al suicidio y acto seguido desaparecer, no es lo que se dice considerado hacia el lector.
Sin embargo, las respuestas generales han sido de muy buen sentido del humor y una apertura de miras encantadora. Quiero comentar alguno de los apuntes que me habéis ido dejando en los últimos meses, en defensa de mi postura inicial, que sin duda se verá desbordada por lo original de vuestras interpretaciones. Sobre todo la pregunta, no sé si a cuento, ¿por qué un pez?
Hermosa la idea de novengoenningunlibro, creo que es un buen motivo para que un pez luchador aparezca en este texto, el pez que agrede a su propia imagen, como el suicida que quiere acabar con aquello que reconoce al verse. Una forma de proteger a los suicidas es separarlos de su imagen. En todo caso, por qué proteger a los suicidas. Por lo mismo que protegemos a los peces luchadores, resulta que son bellos.
Marina habla de la imagen: "acariciar dentro del mar un cabello largo y suelto, como las algas, como el tacto de este otro jardín". Lo dice así, con letras pequeñas y redondas. Yo, que soy amante de cristales y agujas minerales, devuelvo la imagen a la palabra afilada, y añado una referencia a la bibliografía: "El río" de Julio Cortázar: "parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena". Las aletas del pez, como cabellos enredados entre algas, flotando los móviles cabellos de una mujer ahogada en un río. Afilada, pero hermosa imagen, como lo son los rituales del suicidio que Bendicó, asistiéndolos casi monacalmente, transforma en liturgia propiciatoria.
Y está areadoce, con un relato que tiene el poder de las palabras pensadas, más que el de las palabras escritas. Es más que un comentario, transforma mi texto y da verdadero sentido a la imagen del pez. Tu historia del pez suicida conserva el inmenso misterio que representó una vez para alguien tan pequeño, e inyecta su misterio en un universo que hemos olvidado sentir ajeno, extraño, hostil, como peces fuera del agua, y nos acerca una posibilidad de escape, una esperanza. Una salvación, una mano, otro suicida. Para salvar a los suicidas, todos tenemos que aceptar nuestro impulso de saltar de la pecera, una proyección astral, otra forma de salir de aquí.
Después, al fondo, muy al fondo, un despertar.
Y están también todas las protestas, algunas de ellas automáticas. Tal vez todas.
LEY DE VIDA
La acera mojada, como un río rizado de cemento reflejando el color del cielo. Una paloma muerta, pura blandura vencida, yace al borde de un minúsculo precipicio dibujado entre el quicio de una puerta y la más gris de las aceras. Su pico conserva algo de la fuerza de un tópico pacifista, un poco estatua camino de convertirse en escultura surrealista a fuerza de hormigas.
La gente pasaba a su lado esforzándose por ignorarla, por asco al asco, las metáforas muertas son las más difíciles de pronunciar. Su indiferencia fingida los hacía incoherentes con la escena. La gente así, pasando sin inmutarse al lado de una paloma muerta un día gris, da a la escena un aire de cuadro de Magritte.
A un metro de distancia, un hombre con gabardina cerraba su paraguas, como quien enfunda un arma.
DENUNCIA
Llevo unos años pensando en escribir sobre algunas de las cosas que el bipartito gallego había logrado hacer en su última etapa, cuando de pronto, è partito.
Y no queda nada. Iba a hablar de pequeños, a veces inútiles, esfuerzos por cambiar la cara de algunos aspectos tan pegados a la piel de Galicia que parecían Galicia misma. Y no, eran una tierra mitológica, un poco al modo de Torrente Ballester, tal vez un mapa de aquellas tierras tan parecido a la ficción que podía ser habitado. Y llegan las Galiescolas, nuevas leyes de costas, las ganas de hacer las cosas y la muerte del dragón.
El dragón es ese monstruo que sustituye a los miedos originales, a los miedos que cayeron del cielo en beneficio de los señores, de los dueños de los castillos. A las guerras, a las hambres, a los bárbaros de los pueblos próximos. Es interesante que cuando los miedos pasan y los señores podrían ser derrocados, los propios villanos (humillándose a sí mismos en su villandad) ayudan a crear nuevas justificaciones que cubran su vergüenza servil. El mecanismo (espíritu de la colmena) del consciente colectivo crea el dragón, y los señores mantienen un siglo más de supremacía en la búsqueda de un improbable San Jorge. En Galicia, desde los años 80, el dragón se llama Bloque Nacionalista Galego.
Era un partido que todos admitían necesario y meritorio (y AP -luego PP- se alimentaba de él de manera dialéctica), pero que muchos, muchísimos, lo temían como a un demonio, considerándolo incompatible con la tarea de gobierno. Pues bien, apareció el BNG en bipartito, en el Gobierno de Galicia, se portaron bien, no tenía dientes ni cuernos... y por desgracia el dragón es de por sí un animal tímido que vive en guaridas y evita las multitudes. El BNG de la misma forma resultó un partido muy comedido. El bipartito lo era, evitando en todo momento caer en los actos a los que el mito les había predestinado. Los actos por los que, por otra parte, habían sido votados: matar al señor, desmontar la podrida jaula barrote por barrote, hacerlo arder todo para construir sobre las cenizas.
No ha pasado nada. Han vuelto a perder, ha venido Otro (Feijóo es un "no soy Fraga, soy Otro"), y no pasa nada. Es así como funciona, la democracia garantiza un mandatario tan malo como se merezca el pueblo que lo vota. Pero debo denunciar.
Denuncio en primer lugar la política de asfixia del actual gobierno de la Xunta. Asfixia al sistema educativo, a la actividad de I+D, a la salud pública. Denuncio (por haberlo experimentado) la presión política sobre la actividad de los médicos del SERGAS, forzándolos a liberar camas de hospital antes de lo habitual para contener gastos, derivando en riesgos y molestias a los pacientes que son enviados a sus casas. Denuncio también que la maza que sus antagonistas no se atrevieron a blandir, los nuevos ocupantes de la Xunta la están utilizando contra todo lo que se había comenzado anteriormente, denuncio el odio y el mal ganar.
Denuncio aquí también el desánimo, el desaliento, las pocas ganas de soñar. La actitud de todos los que antes los echábamos de menos y luego los echábamos de más. Las excesivas expectativas que pusimos en el cambio, que viéndose cubiertas sólo a medias y con tibieza, nos hicieron sentir traicionados o vendidos. Denuncio que algunos creímos (me incluyo por puro amor a la derrota) que era mejor un mal contundente que un bien insuficiente. Denuncio que cedimos a la tentación que el ansia de castigar lo mediocre optando por la cucharada más grande de la medicina más amarga. Que dejamos de desear y nos abandonamos al mal sueño, a la larga noche de piedra.
Denuncio por último mi propia cobardía, al escribir esta denuncia como un texto de ficción, un cuento de dragones, y traspapelarla entre los párrafos de un larguísimo texto firmado por alguien que no existe.
PROPIEDAD INTELECTUAL Y PLAGIARISMO
Caminar con un automatismo que imita el movimiento humano, iluminando con los ojos-faros un paisaje idéntico al de tu pueblo, proyectando sobre él los colores de la tarde.
De esta misma tarde. Has analizado los colores del cielo y su rápido cambio del gris-añil a un naranja apagado, pasando por la fascinación de un morado con algo de granuloso, un efecto de la sensibilidad de la película a ciertas longitudes de onda. Añadir un poco más de ocre a la mezcla cuando la proyectas sobre las curvas lunas de los coches, para obtener el efecto exacto del reflejo del cielo.
En efecto, mira el cielo, esas nubes. Mirarlas como si estuvieran pintadas. En su mayoría han sido difuminadas con el dorso de la mano en rápidos movimientos expansivos, desde un punto de fuga que coincide con la puesta de sol, hacia los bordes de la imagen en sentido contrario. Una disposición tópica, un tanto gastada, pero bonita. Sobre ellas, demasiado evidente la técnica, algunas están pintadas con un algodón empapado en gouache. En una capa al fondo de la transparencia hay líneas tenues de pastel. Si las miras como si las hubieras pintado tú, dan ganas de quitar algunas.
Escuchar tu propio silbido mientras paseas, como si fuera un silbido sintético. No es difícil hacer un sonido así, una onda en dientes de sierra y algunos armónicos (tienes un silbido algo estridente), y las envolventes que imitan el ligero vibratto, y un toque de ruido blanco. Tocas el teclado y manejas al mismo tiempo los potenciómetros y los controles, divirtiéndote con media docena de rebuscados artificios para hacer sonar el silbido más “natural” (un poco más de ruido, desajuste sutil de la afinación entre los dos osciladores, juego con el portamento, bajar la frecuencia de corte al mismo tiempo que subes el nivel de ruido blanco, como quien silba un poco demasiado fuerte), todo bien mezclado con una grabación de ruido de fondo de la calle, y los pasos, tus propios pasos, con el punto justo de reverberación.
Tienes que dejar de tocar el teclado del sintetizador, porque se te secan los labios.
Y si me besas, porque paseas a mi lado a lo largo de kilómetro y medio de escenografía perfectamente simulada (todos los objetos son planos y tienen las sombras propias y ajenas dibujadas sobre ellos mismos), entonces reconstruir el sabor del beso como quien cocina, con los ojos cerrados mezclar una cantidad exacta de canela, de eneldo, de cúrcuma y esa flor de sal que sabe un poco a lágrimas. Probar un poco, añadir unas gotas de leche de coco, y verter la mezcla sobre algo de pulpa de tamarindo, exactamente esa carnosidad, ese tacto.
Y seguir paseando con la repetición mecánica de todas las acciones, sonidos, paisajes, la conversación predecible hablada con texto predictivo, copypaste, ensamblada con palabras como si fuera dicha de verdad.
Volver a casa y escribirlo en tu blog, como si hubiera sido cierto, como si lo hubieras imaginado.
LA LETRA DE LA LEY
¿Para qué esa tarima, esa distancia? ¿Qué se quiere demostrar?
Lo tengo que leer dos veces para creerlo, porque tal y como lo escucho en las noticias parece que es un ejercicio de ficción, una Guerra de los Mundos radiada por Orson Welles.
Pero es cierto lo que se lee, lo que se escucha, lo que en cada pantalla intenta ser realidad al reconstruir ondas electromagnéticas sometidas a una primorosa postproducción. En un mundo que se parece mucho al nuestro, los niños y jóvenes han sido sustituidos por seres monstruosos. Un mundo distópico que hace pensar en El juego de los Niños (Juan José Plans), o en The Midwich Cuckoos de John Wyndham, ya metidos en ciencia ficción.
Todo es ciencia ficción en el mundo hipertecnificado de las noticias.
Los responsables de raptar a los infantes de la civilización entera y sustituirlos por estos monstruos no son alienígenas ávidos de cerebros, sino periodistas ávidos de extremos.
Y como barrera de contención para que tales criaturas no devoren a su devota docente, se pone una tarima. La tarima es también puente de mando, el recurso del foco y de esa lente anamórfica que se usa con el héroe protagonista que lucha contra las feroces hormigas gigantes. Sólo verla ahí, en la altura, con la bandera ondeando al fondo y su silueta recortada contra la pizarra llena de tiempos verbales y ríos de Europa.
Y si fuera una ridícula película en que las barras y estrellas vencen a pequeños monstruos cabezones, trasuntos de soviéticos alienantes, uno apaga la fuente de ruido y el problema deja de existir. Pero existe un tipo de ficción que sí puede mantenerse ahí y hace el mismo daño. Hay una ficción perversa que cambia la realidad como un sortilegio. Y está en los telediarios.
Y en cada tertulia de café, mediática o no. Y en cada conversación impostada o no, todos parecen obligados moralmente a reconstruir esa ficción. La de que los jóvenes en las escuelas maltratan, humillan y vejan a sus docentes porque su mente ha sido barrida de todo condicionamiento social y, mediante un extraño rayo cósmico llamado ESO. En consecuencia, esa frase que nos asqueaba escuchar a nuestros mayores cuando éramos niños ("los jóvenes de ahora no tienen respeto a nada"), hoy lo repiten más que nunca los que más juraron no decirlo. Eso sí, con variantes sumamente sofisticadas que incluyen palabras indiscutibles (las hay, no se crea), como autoridad, esfuerzo, valores.
La ESO (¿a falta de mejor nombre?) es, en efecto, una poderosa fuerza destructora diseñada por enemigos de la decencia para crear una horda de jóvenes, ignorantes de los Reyes Godos y de dedos hiperactivos, que a base de PlayStation y SMSs destruirán todos los valores sobre los que se asienta la sociedad cristiana. Esos y una bocanada de inmigrantes, integrados y otros. Sobre todo Otros, los hijos de los demás.
Es verdad, lo admito. El trabajo de un maestro es difícil. No lo niego ni lo negaré nunca, siempre he dicho que no solamente es difícil, sino que además es muy importante. Es verdad que mi sarcasmo no ayuda, no cambia nada, sólo exhibe, sólo expone. Es un sarcasmo exhibicionista, como lo es todo escrito periodístico (quiero ser un quintacolumnista). Es verdad que hay chicos muy difíciles hoy día. Los ha habido siempre, o más bien, siempre ha existido el conflicto entre la personalidad del púber y el rol en el que se le quiere hacer encajar, y ese golpe de martillo, esa forja al rojo vivo, es la educación. No sólo admito que es difícil, también declaro que es una de las actividades que supone mayor responsabilidad de cuantas pueden ser realizadas por una persona en esta sociedad. Y el problema que entraña el conflicto antes mencionado puede minimizarse de dos formas: acercándose al joven y entendiéndolo, adaptando el proceso de aprendizaje a la persona (haciendo cada uno su trabajo), o bien imponiendo. El resto de mi digresión a continuación es una consecuencia lógica de lo anterior, así que no la voy a escribir. Cada uno debe hacerla aparecer en el interior de sí mismo, ni una palabra más por mi parte, y sólo un hueco abierto para otra forma de ficción que de cambie la realidad, esta vez en forma de utopía.
Por eso repito, y al repetirlo necesariamente adquirirá otro significado, otra multiplicidad de significados: "¿Para qué esa tarima, esa distancia?".
EL CUERPO DE LA LEY
Qué extraña manía de intentar distinguirnos del flujo de la historia. Qué eterna fuente de frustración, la de creernos distintos porque distinto es nuestro tiempo.
Por poner un ejemplo estúpido, el empeño en hablar de ciertas modificaciones de la imagen fotográfica, a través de medios digitales, como si de verdad importara ese medio digital.
Y sobre todo, la manía de hacer publicidad gratuita de una marca comercial por encima de las demás. Como podría ser Corel Draw, Aperture, Photo Finish, Corel Photo Paint, Lightroom, Silkypix, Lightzone o incluso las gratuitas: GIMP, Krita, Aviary Phoenix, Pixelmator... Sin necesidad de decir, como si se tratase de una tecnología en sí, "El Fotochóps".
Y no me molesta tanto que se haga publicidad gratuita a una marca comercial determinada (hay que admitir que es un buen programa y posiblemente Adobe se lo merece), eso no me importa. Es el aura de tecno-misticismo que se le atribuye. Parece que el hecho de utilizar retoque fotográfico fuera nuevo, un signo de nuestro tiempo del que escandalizarse a medias, ese escándalo que oculta un profundo y legítimo orgullo, como quien coquetea. Similar al orgullo contradictorio de vivir en un edificio enfermo, tener un virus informático, o ser víctima de la crisis.
No sólo no hay nada nuevo en el retoque fotográfico, ni es éste el que produce trastornos alimentarios. La imagen de una modelo en una revista puede disparar una obsesión en una joven, pero la necesidad de esta joven por autolacerarse, por buscar una autojustificación hacia esa violencia física hacia sí misma, procede de más adentro. No voy a hacer de psicólogo, pero tampoco voy a admitir las más simples de las explicaciones, sólo por mantenerme fiel a mis tiempos.
Y si después de todo es escándalo legítimo el del retoque de las antropometrías, no sé si será porque las propias antropometrías lo son, si el entallado de una blusa (su sugerencia de cuerpo y forma) lo es también, si orientar los focos en forma favorable (pintando con luz la belleza sobre la realidad) no será una trampa igualmente, si la mera idea de fotografiar no es un deseo de olvidar la realidad y sustituirla por su sombra, si no estamos mirando el mundo a través de una pantalla porque deseamos volver a ser arrojados a La Caverna, si el mero mirar no nos distancia para siempre de lo mirado.
Si no hemos puesto desde el principio nombres equivocados a las partes de nuestro cuerpo, a las formas de nuestra persona, a todos los objetos y los actos, para alejarlos, para taparlos. Si no habría que rechazar el retoque verbográfico y nombrar las cosas al menos una vez, nombrarlas una a una.
PERIODO DE ALEGACIONES
1. Hay quien dice, con altivo respeto, que la fotografía no es un arte, que no tiene el mérito del pintor. Entiéndase, mérito es trabajo, lo dicen en los colegios de monjas (y el arte religioso no se lleva bien con el celuloide). Hay que darles la razón, no se puede evitar. Hay que decirles que darle al botón no tiene mérito. El arte es mirar.
1.5. A aquellos mismos hay que someterlos al test del objeto invisible. A la manera de Morandi, a la manera de Giacometti, el test sería un inverso del Traje del Rey. El arte es mirar.
2. Decía Wilde que el rechazo del arte decimonónico por el realismo es la rabia de Calibán al ver su imagen en el espejo, y el rechazo del arte decimonónico por el romanticismo es la rabia de Calibán al NO ver su imagen en el espejo. Hoy día a Calibán le llegaría con tener página en Facebook.
3. Viendo la cantidad de basura en forma impresa que se acumula en cualquier quiosco, uno está por darle la razón a Cortázar y su cuento "el fin del mundo del fin", pensar que se seguirá imprimiendo basura en una forma indiscriminada, sin ton ni son, hasta colapsar lo legible sin que nadie lo lea. La diferencia con el cuento es que, quién lo iba a decir, entre medias de todo lo escrito que quedará sin leer, no navegaremos con barcos inmóviles. Navegaremos por internet, buceando medio ahogados entre tantas palabras inútiles que quedarán sin imprimir.
4. En Política todo deseo es lícito mientras no se logre. En el Arte, todo logro es lícito mientras no se desee. En leyes, ¿todo arte es político?
5. Con una rabia terrible levanté el puño, abrí la boca para expresar mi queja hacia todo lo que tenía a mi alrededor. Olvidé mi queja, estas cosas que le pasan a uno a veces, un despiste. Aprovechando que tenía el puño levantado, comencé una violenta revolución. Algún día recordaré por qué, creo que por ahora no hace falta.
6. Sueño con fuego, con fuegos. Sueño que todo arde. Es el momento de mayor paz.
EL ESPÍRITU DE LA LEY
Porque las reglas están para romperse, todos lo saben. Si hay una puerta, es para contener, para cerrar; pero debe ser abierta, franqueada. Es inevitable que toda verja sea trepada, toda . Aquello que se cierra para protegernos, también se abre para dejar pasar aire fresco. Y las leyes, todas las leyes, son infringidas por un bien mayor al menos una vez.
Quien hace la ley lo sabe de antemano, debe saberlo. Es posible que se introduzcan elementos arbitrarios e injustos en las leyes para obtener un beneficio equilibrado en su inevitable. Por eso entiendo los huecos de alegalidad en la justicia humana, esa mezcla de ruleta rusa y logia masónica que es la justicia humana, siempre con huecos deliberados para saciar la necesidad de imperfección.
Pero la ley divina, esa no es admisible. Sus estamentos cerrados, sus absolutos y sus normas alimentarias, convertidas en absurdo por la biotecnología. Sus redes sin huecos, diseñadas directamente por algún Dios, por Dios en persona (a imagen y semejanza nuestra), ¿para qué?
Como todas, para ser rota.
La base misma de la mayor parte de religiones es perversa, y el cristianismo más que ninguna, por cómo funciona la justicia divina. Las tablas de la ley son una reafirmación de la intención perversa y rebuscada de un Dios que plantó, en mitad del Paraíso, un árbol del que no se podía comer. En un entorno idílico con una vida unidimensional no se necesita más para trazar la red.
Pero una vez arrojado el hombre al mundo, una vez sometido a las caprichosas leyes físicas, a las arbitrarias leyes humanas, a la ineludible ley del deseo, qué necesidad había de un nuevo árbol del Saber. Ninguna, además no serviría. Al gritar de nuevo las tablas de la Ley, se le vió el plumero. Un corpus legal construido sobre una palabra: NO. Sobre los actos ya hechos, letras escritas sobre las líneas de la mano. Contradiciendo lo que cada uno hará, al menos una vez en la vida, toda metáfora misma del vivir, se escribe una ley de diez contundentes puntos que cubren los huecos, que taponan las salidas de todas las demás, y reclama para sí la ejecución de la primera maldición, del pecado original (la semilla ha de germinar).
Y Dios lo hizo a propósito. El pobre no tiene más remedio que hacer las cosas a propósito, no puede disfrutar de una historia sin conocer el final o paladear el goce de ir tanteando en la oscuridad, él que lo ve todo. Viviendo como vive fuera del tiempo, todas las historias se aparecen enteras delante de él, principio y final simultáneamente.
Así que esa terrible y tortuosa historia de una humanidad sometida a su propia maldición fue a propósito. Para superar sus limitaciones, para pasar unas vacaciones fuera de su eternidad, encarnarse en un hombre y salvar a los hombres. Pero como los hombres no tienen remedio pobrecillos, queda la puerta abierta a una segunda parte, como en las novelas escritas a propósito.
Y no le culpo. Cada uno hace lo mismo cuando urde el plan para una novela y la perpetra. Uno sabe de antemano que se cometerá un crimen y que el personaje no tiene escapatoria, pero le deja que intente escapar página tras página. Uno es demiurgo de su novela y desenrolla el tiempo de la trama, primero generando una historia simultánea y autocontenida, accediendo a la intemporalidad por la vía de la ficción literaria. Uno escribe para generar la eternidad dentro del tiempo, y forzar la paradoja para que el tiempo cristalice en un sempiterno crimen. Dentro de cada tiempo cristalizado viven Dioses que crean su mundo usando un pecado para que fluya el tiempo. En un juego de muñecas rusas, ficciones dentro de ficciones dentro de historias, y cada Big Bang es un chasquear de la lengua.
Después de todo, al principio era La Palabra.
HECHA LA LEY...
Ha molestado el calendario que para 2010 ha preparado el ayuntamiento de Vigo. Se dice que de entre las 140.000 fotos del archivo municipal ha escogido las doce más siniestras y oscuras. Una docena de fotos terribles, para la docena de terribles meses que se quieren ilustrar. En vez de ser gatitos en cestas o bebés regordetes disfrazados de flores, son fusilamientos, palizas, brutalidad policial, miedo en las caras de los hombres, llanto en los huérfanos. En vez de bouquets de crisantemos de varios colores son fotos grises de grises sobre la sombra negra de hombres negros de tanta hambre.
Pero la verdad es que se han limitado a cumplir la ley. La Ley de Memoria Histórica. Son fotos de la represión franquista durante los años 40 y 50 en Vigo. Lo que molesta a los vigueses es que en lugar de mostrar vistas de la ciudad, los muestra a ellos, de uno u otro lado, en estampas que quieren olvidar, que se han empeñado en tapar con hormigón, asfalto y buganvillas. Son cosas que hay que decir para poder olvidarlas con sentido, que hay que sacar de abajo de la alfombra para poder enterrarla en el sitio adecuado. Independientemente de eso, simplemente se está cumpliendo la ley.
Y hecha una ley, hay que cumplirla.
Hecha la ley...
... HECHA LA TRAMPA
He de confesar algo; sí he vuelto.