1 - ReQUEST
¿Qué hacéis todavía aquí?
No es un reproche. Al contrario, guarda una expresión de sorpresa y de agradecimiento. Pero sobre todo es exactamente lo que parece ser; nada más que eso: una pregunta.
Se traduciría como "¿qué esperáis leer aquí?". Lo escribiré. Lo que queráis leer yo lo escribiré. Creo que os merecéis que se cumplan vuestros deseos, y en mi papel de ausencia silenciosa que hace pasar los días, asumiré las funciones del Destino para cumplir caprichosamente vuestros deseos.
La espera es un acto, y con verdadero poder transformador sobre la realidad. El más poderoso sortilegio es callar. Acompañar al tiempo en su paso, a las cosas en su mutación. Modular con el propio deseo el devenir de lo mutable, la forma de los cambiantes.
Quiero dejarme transformar (como Balcius, hecho de la SUSTANCIA más MUTABLE que existe: el sueño hecho palabra). Dejarme transformar por vuestra espera.
2- ReSTARt
Llueve una lluvia luminosa, hace calor y llueve. El aire es fino, limpio, golpea la luz de la tarde con sus anaranjados, alargando sombras, proyectando con vocación de cinematógrafo un arcoiris duro, casi opaco. Los pájaros continúan cantando, pero dentro del armazón de hormigón de las casas a medio hacer, más que nunca unas ruinas tempranas.
Es un buen momento para volver a escribir.
Al entrar en casa deja de llover, y la tarde adelgaza a toda velocidad. Entiendo la urgencia de atraparla con mi bicicleta, por lo que corrijo mentalmente la frase:
Era un buen momento para haber vuelto a escribir.
Atrapo el instante sin palabras en una hoja de mi libreta, para que me acompañe ahora, en mi primer texto tras tanto tiempo. Si el tiempo literario es una pura invención sumisa, el tiempo real es aun más elástico.
3- ReSTRAIN
Existe un teléfono al que puedes llamar, para escuchar únicamente un silencio habitado. Hay que tener mucha paciencia, pueden pasar horas sin que notes nada más que silencio vacío, un rumor de lluvia muy lejana. Si logras llenarte de lluvia, notarás el silencio habitado, una tensión de escucha, respiración acallada y el crujido de un vestido de lino (para entonces tendrás el oído extraordinariamente afinado).
"Moshi-moshi..."
Al fin, se escucha un sollozo, muy reprimido. Infinitamente triste.
Esa tristeza incolora que se nos arrebató y que sólo es posible la primera vez. Las primeras veces son tan pocas... Esa soledad que ya no sabes sufrir.
Todos cuelgan entonces.
Yo no.
No quiero perderme el resto del silencio.
4.- ReVIEW
He estado mirando algunos textos antiguos de este mismo blog. Los hago míos, por primera vez.
Sé que suena rara esa frase. "Los hago míos, por primera vez". No es tan fácil apropiarse de las palabras que uno dice. Normalmente uno abre la boca como un muñeco de ventrílocuo, y habla la tradición, el sentido común, la civilización o la oportunidad.
No es el caso en los textos de Caída Libre. Lo sabéis bien. Pero tampoco son míos. Se los he regalado a Balcius desde el principio, y después a todos vosotros. Hoy hago míos todos (no, mejor sólo algunos, los que me pertenecen) los textos, palabra por palabra. No podéis decir que no he escrito nada: he vuelto a escribir Caída Libre entero.
Gracias a nuevos ojos, todo ha adquirido un sentido nuevo, gracias a todo lo que he vivido estos dos años y medio (y estos treintaytres míos, recién estrenados), cada palabra quiere decir cosas nuevas, que antes nunca hubiera imaginado.
No he cambiado ni una coma. Por eso me ha llevado tanto tiempo.
5.- ReBORN
Es extraño el acto de leer, la paradoja del tiempo. Está claro el engaño del tiempo literario. Tú lees esto hoy, que no es mi hoy, cuando hablo de ayer como si hiciera un año. Y no tiene nada de magia el ensamblaje, es pura sintaxis.
Puede resultar curioso a alguien el hecho de leer el Quijote. Curioso que nos llegue la palabra de un hombre muerto hace siglos, que se ponga a andar la historia escrita hace siglos y que "hoy" siga significando hoy.
Pero el que Cervantes esté muerto hoy no es más que una paradoja pobre. Estaba vivo en el momento en que lo escribió, y dejó pegado al libro el instante de escribirlo, su tiempo adherido.
Tal vez sea más extraño el caso de Alonso Quijano, pues si su tiempo está, más que adherido, intruído en el papel, ha de admitirse que Alonso Quijano murió hace mucho. Mucho antes que Cervantes. Él lo mató.
Él y cada uno de los lectores que obligan al personaje a sufrir la misma humillación, enfermedad y muerte, y lo peor de todo, la misma lucidez. Cada vez, siempre igual, una condena prefigurada desde el principio, y está claro (como en cualquier personaje atrapado en el material fílmico, que morirá irremediablemente al final de la película, por muchas veces que la veamos, aunque esta vez le gritemos con más fuerza que no coja aquel tren) que Alonso Quijano ya estaba muerto antes de que empezáramos a leer.
Ni siquiera ese es el verdadero milagro.
Me llama la atención el caso de Sancho.
Él no muere.
Cada vez que comenzamos el libro, le tenemos a él, inmortal, y a Quijote, reencarnado, ambos ecos del tiempo de un muerto. La novela siempre me pareció una fantasmagoría, por el problema que plantea a nivel de tiempo. Pero la pareja Quijote-Sancho adelanta en muchos siglos la paradoja de los gemelos. Quijote sigue teniendo una edad humana, mientras Sancho tiene cientos de años, como si Sancho estuviera en realidad viajando a la velocidad de la luz, a través de un tiempo distinto, y aun así manteniéndose a la par de su señor en su rocín hiposónico.
He pensado mucho si decir "he vuelto, cuánto tiempo sin leernos" no sería en realidad la más rebuscada e inútil de las ficciones literarias.
6.- ReLEASE
Tengo una inquietud. Es sólida, pesada, pastosa. El desasosiego proviene de que no es la inquietud que quisiera tener. Viene del color que tiene, y del color que no tiene.
Es como querer decir un nombre que no es, como ansiar el sabor equivocado. Uno se dice: "me liberaré de la inquietud cuando la haya nombrado", esa magia siempre funciona, escribir para deshacerse de lo nunca nombrado, pero esta inquietud es insatisfactoria (es sólida, pesada, pastosa), y cualquier cosa que escribiera también lo sería. Creo que hasta Pessoa lo tenía más fácil.
Para lograr que sea satisfactoria, la confesión deberá ser falsa.
7. - ReBOUND
Te resulta incómodo ver tus propios límites en las cosas que te rodean. Fíjate, una boca extraña con tu mismo tartamudeo, alguien mucho más pelirrojo, pero igual incapaz de reconciliación. Hasta los árboles, hasta el camino desdibujado entre las matas de arándanos. Todo lleva grabado el signo de tus propios límites, de tus propios defectos.
Date cuenta, no están ahí. Es sólo que los llevas grabados en los ojos.
8.- ReWIND
Estamos hechos de una sustancia emocional ajena. Para mí él es el hombre de los ojos indolentes, y tal vez él sólo se reconozca por la huella de las manos, o no se de cuenta de que suelen mirarle las manchas de grasa de la cadena de la bicicleta, en los bajos de los pantalones. En todo caso, hay una base de datos relacional, una imparable máquina mental de etiquetar gente, que mete en una bolsita como la de los policías a un conjunto: "él", "nombre", "chiste malo que contó aquella vez", "manchas de grasa", "tartamudea". Más bonito: "una niña", "nariz manchada de helado de chocolate", "me recuerda una ilustración antigua, no recuerdo dónde la ví", "imaginé que la hija que no tuve se le parecería". Eso piensa una hipotética Marta de una Inesita que sí existe.
La cuestión es que todo se produce sin que uno lo controle. Se abre la bolsa de plástico y cae dentro: "ella", "un rostro sereno, una sonrisa dulce", "una frase de las mil y una noches: era bella como una luna", "chaqueta de lana muy calada, parece un abrazo"... La bolsita se cierra con su sistema zipper, se le pone la etiqueta "INGRID" y un par de banderas y otros distintivos, y la persona pasa a ser instantáneamente ese personaje, a ser disparado por los resortes del árbol probacional. A ti te pasa exactamente lo mismo. A mí. Todos somos el único ser humano de una historia inventada, donde los demás son collages de un olor, un corte de pelo y una voz chillona, o de una mancha de grasa y un discurso aburrido. Cosas que no los definen, que no forman parte de ellos, cosas que ellos han descartado de sus "seres humanos" cuando decidieron contar su propia historia.
Y sin embargo, hay un cuerpo místico del yo.
Una sustancia emocional ajena, como decía. Si a Ingrid la asocio con una chaqueta de lana muy calada que es como un abrazo, si Marta asocia a Inesita con una hija no nacida, si tú me ves dentro de un reloj... eso es importante. Finalmente sí participamos en las historias de los demás en forma de esos seres mitológicos, de esos híbridos de objeto y tiempo, de impresión y juicio. Finalmente sí somos lo que los demás sienten de nosotros, habitamos sus recuerdos y su universo afectivo, incluso a veces lo invadimos sin más, crecemos a costa del corazón ajeno. Y todo ello somos nosotros, cambiando de participar en un relato a protagonizar otro, o de pronto a fundirse en una masa o a adentrarse en el idilio. Somos cambiantes y no podríamos soportar ser de otra forma, y la red de objetos emocionales que dibujan el armazón del yo es más grande que nuestra propia intuición emocional. Por eso a veces nos sorprendemos siendo tan fuertes, tan audaces, tan capaces de amar: alguien, en algún momento, nos ha imaginado así, y ha metido en la bolsa un anillo de ónice, una pintura de Morandi, el cuerno de un unicornio.
Poco importa si son personas o ejemplos, si son nombres inventados o escritura automática. Tampoco yo me llamo Balcius.
9.- ReLOAD
Vosotros ya sabéis que hay muchos trucos de magia que son más interesantes cuando se explican. Cuando se ve el truco, y se disfruta de su sofisticado mecanismo, cuando somos engañados con gusto, y disfrutamos de la habilidad de quien lo usa.
Tal vez sea el caso del Recuerdo Sintético. He descubierto a Balcius usarlo en algunas ocasiones. Es modular una ficción empleando material emotivo real, de forma que pueda llegar a crearse una nostalgia auténtica de un hecho ficticio. Viéndolo así, volver a leer sus textos como si los hubiera escrito yo se me hace raro, y más raro se me hace leerlos como si los hubiera escrito él.
Me intriga algo: si es un personaje de ficción que he creado para que escriba... ¿qué son para él sus recuerdos ficticios? ¿Es capaz un personaje de modelar su propio pasado, aprovechando que su tiempo es hoy?
Si es así, es un afortunado. Al mismo tiempo, si es así... entonces nuestro pasado está en manos de quienes nos piensan, nos imaginan haciendo cosas, cuchichean a nuestras espaldas. Son ellos quienes generan recuerdos sintéticos que luego emponzoñan el ser convergente que somos.
Dicen: "piensa mal y acertarás". Pero es que están haciendo trampa.
10.- Quod Erat DemostrandumSin duda recuerdas su pelo mojado, cayendo en una hélice no del todo rubia, sobre su hombro redondeado. Como una manzana brillante su hombro, como azahares sus pequeños dientes pequeños, tan blancos, en una boca siempre distante. Sin duda la recuerdas hermosa.
Era tan hija que se negó a ser madre. No podía abandonar la culpa tan pronto.
La estás recordando con la piel al borde del frío, perlada de agua de mar y con el traje de baño aquel oscuro. El sol a su espalda. Imaginas su espalda caliente.
Y las manos frías, sus manos siempre frías entre las tuyas. Y su cuerpo ardiendo entre tus manos. Y tus ojos helados sobre su cuerpo. Y su dientes fijos en tus ojos. Y todo perdido.
Recuerdas muy especialmente el efecto de la luz sobre sus ojos de un color incierto, grises y verdes, miel, castaño, media docena de colores distintos según cómo entrara la luz del sol y girara caprichosa en su interior.
Tenía aquella forma de sorber el té, como si fuera Penélope deshaciendo y haciendo el telar de su propia existencia a cada sorbo, como si fuera la tarea más importante del universo, pero sólo suya.
Sabes bien que no es un recuerdo. Que es una foto de un catálogo. Sabes bien que no la has conocido nunca. Sabes perfectamente que no tiene la menor importancia. Así que quieres nombrarla y sonreirle, decirle que aun la recuerdas.
Y te has olvidado de su nombre. Recuerdas todo de ella, de esa invención que has encajado en tu vida porque te da la gana, porque puedes, pero aun no le has inventado un nombre. Y torpemente dices su nombre real. Y claro, todo se rompe, todo es insoportablemente cierto. No debiste siquiera intentarlo. Por eso ahora debes llorar, todo lo amargamente que puede llorar un ser de papel.
Te recomiendo, Balcius, que vuelvas a jugar con películas y con palabras, y no vuelvas a jugar a tener una vida real. Duele mucho más de lo que puedas imaginar.