Plan para una novela
Era bastante joven, lo cual me permitió caer en el error de creer en la originalidad. Supongo que tendría unos quince años, cuando planteé la idea de esa novela. Comienza como una novela normal, narrador neutro en tercera persona, dibujando algo de los personajes, de su vida monótona, que por supuesto el lector espera ver fracturada por algún acontecimiento mágico, trágico, extraño o al menos hilarante. Pero tras algunas páginas nada pasa, salvo un progresivo cambio en el estilo narrativo, cada vez más exasperado, creciente en tensión (me inspiraría en el estilo de Poe, a quien había descubierto un par de años antes). El propio autor está nervioso porque no ocurre nada. No es que no se le ocurra nada, es que ese personaje (el padre de familia convencional) no es capaz de llevarlo a cabo. Es un escritor pretencioso y su personaje se le resiste. Todo ello no verbalizado, pero evidente a partir de la tensión narrativa.Al final del segundo capítulo, cuando el duelo secreto se hace insoportable, el autor toma una determinación inaudita: destruir a su personaje, no a él en sí mismo, sino a su alma. Los personajes de las novelas de Flaubert tienen alma, no hay duda, no se si la tendrán los personajes de las malas novelas, lo siento por ellos. Si este autor decide hacerlo es porque tiene un plan especialmente rebuscado: suplantar al protagonista, y desde ahí escribir el resto de la novela, en forma de diario. El narrador habla de cómo hace reventar el alma del personaje entre sus dedos con un "regocijante click".
En principio parecería un truco burdo del autor para cambiar a un estilo narrativo en que se siente más cómodo, pero siempre queda la duda. De hecho, el diario revela un cambio terrible en ese personaje, que se crece cada vez más, provocando un revuelo a su alrededor.
Escribí incluso las primeras páginas de esa novela, o un borrador al menos, y un puñado de ideas para continuarla. Hay varias situaciones graciosas, como la que sucede en la parroquia donde el personaje es catequista, y por lo visto el autor es más bien agnóstico, y el desmenuzamiento que hace del "padre nuestro". Digno de ver.
Su -intento de- vida sexual es un marasmo, pero lo que más se altera es su vida laboral, su relación con los compañeros, su ansia de poder, sus manejos políticos en el ámbito sindical, el tipo de lío en el que se mete ese individuo que no pertenece a ese mundo, y que además se cree invulnerable. Así que tenemos una intriga que, si está bien narrada, puede enganchar al lector y hacerle avanzar hacia el final inevitablemente violento del personaje, pero al autor le aterra esa idea, que ha descubierto demasiado tarde. En algún momento, no se sabe exactamente dónde, el relato ha dejado de ser un diario para pasar a tiempo real en primera persona, y nos vemos (todos, lector, autor, narrador, personaje, acaso la misma persona los cuatro) metidos en una intriga de la que no podemos escapar, de la que sabemos que sólo obtendremos lo que hemos demostrado merecer: odio, venganza, casi con seguridad la muerte. Hacia el final el narrador-personaje empieza a alzar las súplicas, puede ver el final de las páginas escritas, y ruega que no se siga leyendo, pero la historia avanza, el autor mismo está atrapado dentro y morirá. El lector, cuando llega al final del libro, resulta ser cómplice de asesinato.
Siempre lo es, por supuesto, pero esta vez quizás tenga un atisbo de remordimiento.
No me atreví a llevar a cabo esta obra, pues sabía que si se escribía mal sería la mayor basura jamás producida por la mano de hombre. Además, ya había descubierto a Cortázar y sus juegos de Dobles, y empezó a parecerme menos original. Poco después llegué a Pirandello, me fascinó al principio, aunque se queda muy atrás de otros autores posteriores. Jean Genet y "Las Criadas" me mostraron un juego más sutil de personajes-personajes, haciendo unos de los otros, en una realidad resbaladiza que prefigura el crimen. No me sorprendió ver a un genio ascendiendo mucho más arriba (o más abajo) de lo que yo había imaginado.
Me sorprendió más Mulholland Drive, su arena movediza de personajes y tramas ya resueltas antes de comenzar, su exploración de la propia historia pasada de personajes que, ajenos a la paradoja, no debieran estar allí. Era mi idea, agrandada, multiplicada, embellecida, maravillosamente ejecutada. Algunos no la entendieron, una amiga me pidió que se la intentara explicar. Aunque es bastante fácil, no lo hice, pues me di cuenta de que no debía.
Como no era capaz de escribir esa novela, me propuse hacer como si la hubiera leído y escribir una crítica ficticia, lo cual me pareció una gran idea. De nuevo, mi ingenuidad y mi ignorancia habían insuflado un entusiasmo que la Literatura se encargaba de hacer explotar: poco después descubrí "Ficciones" de Borges, y las Crónicas de Bustos Domeq. En Ficciones, el Borges más lúcido y genial que había descubierto hasta entonces habla de libros que no existen, que no pueden existir, que jamás habrá alguien capaz de escribirlos. Es algo increíble, algunos de los libros son necesariamente gigantescos, el "libro de arena" (otra colección de cuentos cortos) incluso es infinito. En ese volumen tan pequeño caben las mayores maravillas y las más terribles maldiciones que puedan salir de las hojas de papel. Y qué decir de las Crónicas, de a ratos desternillante, de a ratos desorientador conjunto de ejercicios de crítica artística ficticia, a novelas, a arquitectos, al arte culinario, a la propia crítica...
Cómo competir con todo aquello. Se me vino el mundo encima y decidí cortarme las manos (metafóricamente) en lo que a literatura se refiere. Hace poco ejecuté la metáfora, y en lugar de la mano que sostiene la estilográfica, creé a Balcius y lo puse a escribir. El resultado me sorprende a veces, otras veces me da pena, pero he decidido darle rienda suelta incluso le he regalado mi plan para una novela, para que la presente como quiera. Espero que él tenga más suerte.
Si alguien sabe escribir, que se anime a realizar este plan,... creo que no es peligroso, es sólo literatura.
Litografía, 28 x 34 cm.










7 comentarios:
Bueno, puedes estar orgulloso, porque me has dejado sin palabras..., no he podido dejar de leer, ávida, hambrienta, hasta el punto final. "Balcius" dices ... ¿no?
Interesante descubrir la cantidad de posibilidades que muestras al comenzar a escribir esa novela. Mientras, seguimos a Balcius.
Besos
Me has sorprendido tú, sin duda será un placer seguir descubriéndote a través de Balcius, ¿quien será quien al final?
Un beso grande
Gracias, Esther, pasa y ponte cómoda. Bienvenida. Mira por ahí a ver si hay algunas otras letras que te gusten.
Hola reflejos. Es difícil caminar sobre la nieve y no ensuciarla. Nos gusta avanzar hacia el centro del paisaje y mirar alrededor y verlo vírgen, pero siempre vemos nuestras propias huellas. A veces podemos habitar en las posibilidades, que quedan siempre vírgenes porque aun no existen. La novela sugerida, de aromas más que de palabras, mundo de posibilidades.. me permite tener esa sensación. Me alegra compartirla contigo.
Hacía mucho que no te veía por aquí, brisa, una sorpresa agradable. Creo que estamos creando una intrigante paradoja aquí... ¿quién soy yo, si el que escribe es balcius?, ¿no es acaso siempre el que escribe una creación? ¿Es posible saltarse las propias reglas de la palabra? Creo que sí, que todo es posible, que no hay barrera que no se pueda cruzar, simplemente olvidando que existe.
Buenas:
La idea para la novela me parece buena, aunque no sé si el principio se sostendría (por aquello de que dicen que tienes que empezar enganchando al lector). De todas formas, es difícil juzgar una obra por el esbozo de un plan... creo que sólo se puede saber si una novela es buena leyéndola, como todo.
Si crees que aún no ha llegado el momento, no la escribas, porque a lo mejor tiene que madurar más en tu mente o tienes que crecer tú como escritor. Pero no le tengas miedo. No puede uno tener miedo de su propia idea, de su criatura. A lo mejor la escribes y acaba siendo una basura, pero siempre puedes romperla y volverla a hacer, y en el proceso habrás aprendido muchísimo.
Ánimo, y entretanto practica con Balcius, que no lo hace nada mál :)
Un abrazo.
Y si es un plan que funciona sólo como plan? Y si no se deja escribir?
O bien... si es una maldición, y el escritor que la lleva a cabo de veras se queda atrapado en la trama? Y al llegar a la última página, muere, una y otra vez, tantas como lectores lean el libro. Aunque no tendría muchos lectores porque no podría hacer promoción en el mundo real, que ahora ya se sabe cómo va el mundo editorial.
Hay un ensayo de Unamuno sobre "cómo se escribe una novela" que plantea la historia de un libro del que se dice que, al llegar a cierta página, el lector muere. Lo que se dice es que se puede crear una historia entorno a ese libro, pero no se debe escribir.
No pretendo escribir novelas, está mucho más allá de mis posibilidades, por eso le regalo la idea a quien se atreva a jugar con las leyes de la palabra escrita. ¡Tú sí que escribes bien, joven!, al menos los cuentos; ¿has probado con la novela alguna vez?
Un abrazo, Marina. ¡¡Y gracias!!
Pues sí que cambia el concepto Balcius...Gracias por compartirme ésta extraña coincidencia.
Me encanta tu plan, yo nunca he intentado escribir en serio, me ha sido una herramienta más para intentar pintar lo que realmente veo en mi cabeza....
Casi nunca lo consigo, aunque sigo intentándolo, claro.
He tirado la toalla alguna vez, otras veces paso por largos periodos de incapacidad expresiva.....pero siempre regreso, a volverlo a intentar, como una piel nueva....
Y sí, también me ha pasado ver cuadros que me gustaría haber pintado yo, por lo mucho que se acercaban a lo que yo pretendía, pero lo tomo como un reto y busco una nueva veta que no había visto hasta entonces.
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