Tango
Los europeos nunca entenderemos del todo el tango, se nos escapa lo malevo y confundimos a menudo el duelo de puñales con la seducción o la dominación. A veces incluso creemos que es un baile. Tampoco entendemos del todo bien el acento, ese peso de la música semejante a una gran masa de agua que arrastra su inercia, te hace pisar como si el suelo apareciera sólo bajo tu pié, como si el paso fuera el centro de la creación y el tiempo corriera sólo al arrastrar los piés. El acento, mucho más que el ritmo, no entendemos, y decimos Chán-Chán... limitando todo a un simple son. Pero es una fuerza sobrehumana con la que el bandoneonista vence la capacidad de entrada de aire de fuelles y lengüetas, y todo el espíritu del mundo de día y de noche entra al bandoneón en ese preciso instante, y es intercambiado por una potencia instantánea, que no dura tiempo, sino alas de plomo o perlas de sudor.
Los apasionados del tango no entienden el tango, la fascinación por su iconografía impide ver la sublime bajeza. La fascinación por el sombrero, el ala del sombrero, la sombra del ala del sombrero, y qué hay del brillo de los ojos, dentro de los ojos, más allá de la pupila dentro del ojo bajo la sombra del ala del sombrero... No es sensualidad, no es sexo, no es seducción. Es tango.
Los jóvenes porteños no entienden muy bien el tango, igual que muchos jóvenes andaluces daban la espalda al flamenco, y ahora lo aprecian de lejos, como si fuera de otro, como si no fuera de ellos. Muchos han renunciado a la tanguez.
No entenderemos el tango escuchando Gotan Project, aunque contenga todo ese montón de fotos de zapatos de tacón y medias de rejilla contra el pantalón de lino a rallas y los masculinos zapatos de piel lustrosos, el sombrero se adivina desde los pies, y el collar y el peinado de ella, tan sugerente es el sonido de lo que suena, entre sintetizadores y loops. Extraordinarios músicos, recrean una metáfora hipertanguista llena de soledades y ecos, no podemos seguirles, no parece haber destino prefijado. Sólo sonido. Fabuloso sonido, las más de las veces, en especial en sus directos, que empiezan con la frialdad calculada y fascinante de Kraftwerk y acaban con la deliciosa calidez de Néstor Marconi y su Tradicional, llena de mate y tortas fritas y vieja pasáme la yerba, un último beso como de propina, p'al estribo.
Piazzola no abarcaba el tango, al principio incluso intentó renegar de él. Componía música de cámara contemporánea al estilo Bartôk mientras aprendía composición, cuando Nadia Boulanger le dijo "lo que debe usted hacer es dedicarse al tango". Lo tomó como una gran ofensa, como si le hubieran dicho a un pintor que se dedicara a las paredes, porque no sabía hasta qué punto el tango era toda la música, más que eso, todo el teatro dentro de la música, todo el espacio del sonido imbuído de tenso resplandor y cálida tensión, cuán anhelantes podían ser las palabras sin necesidad de decirlas, cuántos desiertos caben en una lágrima que cae en el preciso instante. (..tres, cuatro). Gracias, Astor, por tanta música.
Guidon Kremer no entendía la totalidad del tango cuando hizo su disco homenaje, ni tantos otros músicos de jazz, músicos cubanos y noruegos, incluso músicos argentinos y uruguayos se atreven con el tango. Hizo un grandioso disco, Kremer está fantástico, igual que Glorvigen, Sakharov y Posh, formando un pequeño Cuarteto Tradicional con nombres tan extraños, tan lejanos, como una foto con mucho grano, una película subtitulada, seis fotogramas de los bailarines repetidos muy lentamente. Varias lentejuelas han caído al suelo, junto con el desánimo.
Creo que llegué a entenderlo, un momento de iluminación, de abrirse, ser música, desaparecer y entender, dentro del llanto brutalmente emocionado de aquel bandoneón estirado hasta llenar toda la sala de conciertos, como un dragón de papel que pudiera llevarnos a un mundo más triste y más bello de lo que seas capaz de llorar, ese momento en que arrancaba el sonido hacia adentro, muy suave, muy suave, antes de un golpe y una escala ascendente por la columna vertebral del recuerdo de todos los besos nunca dados, vértebra a vértebra, cromáticamente, in crescendo mientras atravesaba sin tocarlos los acordes de Adiós Nonino, pasaba a través de la música soñando un despecho, evocando un cariño tierno de viejo enamorado, absorbía cuanto brillo pudiera proceder de la redondez de la pantorrilla de la más rubia pasajera del metro de París, en ese preciso instante, como una pipa que llueve, como un carro de aire cargado de vértigos ligeros como agujas de querer. Y ese acorde, ese acorde que Mainetti (en impecable traje blanco y negro) hacía crecer entre sus dedos, como un animal de nieve, acorde de once notas que resumía sus infinitos poemas de infinitas hormigas en el sólo anterior, que invitaba a Horacio Fumero a arrancar las dulces palabras que sólo el contrabajo sabe decir.
Llegué a entender el tango en ese momento. Todo el concierto valió la pena por ese momento, por ese fragmento de Adiós Nonino en que apareció el tango y desaparecimos todos. Salir del concierto, comentar lo bueno que sí y que bueno, tal vez esto no tanto, que si la sección de metales, ya, qué se le va a hacer. Ir perdiendo, palabra a palabra, pobreza del Proust que ni sabe escribirlo, eso que tuve, eso que pude hacer con mis pulmones sintiendo en el diafragma ese instante dulce que era tango, tango mismo, acento e icono y puñales y malevo y rejilla y matey una lágrima que cae en el preciso instante. Perderlo durante la cena, durante los días siguientes. Rebuscar. Rebuscar en los discos de Roberto Goyeneche, sé que está ahí, lo he sentido una vez.
Los apasionados del tango no entienden el tango, la fascinación por su iconografía impide ver la sublime bajeza. La fascinación por el sombrero, el ala del sombrero, la sombra del ala del sombrero, y qué hay del brillo de los ojos, dentro de los ojos, más allá de la pupila dentro del ojo bajo la sombra del ala del sombrero... No es sensualidad, no es sexo, no es seducción. Es tango.
Los jóvenes porteños no entienden muy bien el tango, igual que muchos jóvenes andaluces daban la espalda al flamenco, y ahora lo aprecian de lejos, como si fuera de otro, como si no fuera de ellos. Muchos han renunciado a la tanguez.
No entenderemos el tango escuchando Gotan Project, aunque contenga todo ese montón de fotos de zapatos de tacón y medias de rejilla contra el pantalón de lino a rallas y los masculinos zapatos de piel lustrosos, el sombrero se adivina desde los pies, y el collar y el peinado de ella, tan sugerente es el sonido de lo que suena, entre sintetizadores y loops. Extraordinarios músicos, recrean una metáfora hipertanguista llena de soledades y ecos, no podemos seguirles, no parece haber destino prefijado. Sólo sonido. Fabuloso sonido, las más de las veces, en especial en sus directos, que empiezan con la frialdad calculada y fascinante de Kraftwerk y acaban con la deliciosa calidez de Néstor Marconi y su Tradicional, llena de mate y tortas fritas y vieja pasáme la yerba, un último beso como de propina, p'al estribo.
Piazzola no abarcaba el tango, al principio incluso intentó renegar de él. Componía música de cámara contemporánea al estilo Bartôk mientras aprendía composición, cuando Nadia Boulanger le dijo "lo que debe usted hacer es dedicarse al tango". Lo tomó como una gran ofensa, como si le hubieran dicho a un pintor que se dedicara a las paredes, porque no sabía hasta qué punto el tango era toda la música, más que eso, todo el teatro dentro de la música, todo el espacio del sonido imbuído de tenso resplandor y cálida tensión, cuán anhelantes podían ser las palabras sin necesidad de decirlas, cuántos desiertos caben en una lágrima que cae en el preciso instante. (..tres, cuatro). Gracias, Astor, por tanta música.
Guidon Kremer no entendía la totalidad del tango cuando hizo su disco homenaje, ni tantos otros músicos de jazz, músicos cubanos y noruegos, incluso músicos argentinos y uruguayos se atreven con el tango. Hizo un grandioso disco, Kremer está fantástico, igual que Glorvigen, Sakharov y Posh, formando un pequeño Cuarteto Tradicional con nombres tan extraños, tan lejanos, como una foto con mucho grano, una película subtitulada, seis fotogramas de los bailarines repetidos muy lentamente. Varias lentejuelas han caído al suelo, junto con el desánimo.
Creo que llegué a entenderlo, un momento de iluminación, de abrirse, ser música, desaparecer y entender, dentro del llanto brutalmente emocionado de aquel bandoneón estirado hasta llenar toda la sala de conciertos, como un dragón de papel que pudiera llevarnos a un mundo más triste y más bello de lo que seas capaz de llorar, ese momento en que arrancaba el sonido hacia adentro, muy suave, muy suave, antes de un golpe y una escala ascendente por la columna vertebral del recuerdo de todos los besos nunca dados, vértebra a vértebra, cromáticamente, in crescendo mientras atravesaba sin tocarlos los acordes de Adiós Nonino, pasaba a través de la música soñando un despecho, evocando un cariño tierno de viejo enamorado, absorbía cuanto brillo pudiera proceder de la redondez de la pantorrilla de la más rubia pasajera del metro de París, en ese preciso instante, como una pipa que llueve, como un carro de aire cargado de vértigos ligeros como agujas de querer. Y ese acorde, ese acorde que Mainetti (en impecable traje blanco y negro) hacía crecer entre sus dedos, como un animal de nieve, acorde de once notas que resumía sus infinitos poemas de infinitas hormigas en el sólo anterior, que invitaba a Horacio Fumero a arrancar las dulces palabras que sólo el contrabajo sabe decir.
Llegué a entender el tango en ese momento. Todo el concierto valió la pena por ese momento, por ese fragmento de Adiós Nonino en que apareció el tango y desaparecimos todos. Salir del concierto, comentar lo bueno que sí y que bueno, tal vez esto no tanto, que si la sección de metales, ya, qué se le va a hacer. Ir perdiendo, palabra a palabra, pobreza del Proust que ni sabe escribirlo, eso que tuve, eso que pude hacer con mis pulmones sintiendo en el diafragma ese instante dulce que era tango, tango mismo, acento e icono y puñales y malevo y rejilla y matey una lágrima que cae en el preciso instante. Perderlo durante la cena, durante los días siguientes. Rebuscar. Rebuscar en los discos de Roberto Goyeneche, sé que está ahí, lo he sentido una vez.










145 comentarios:
Magnífico final. Escalofrío.
Sólo un escalofrío es capaz de calcular las dimensiones de ciertas cosas. El tango es una de ellas.
A mí me gusta tanto, que tolero hasta Malevaje.
No fue Tango, no fue música... Todo se convirtió en vibración, en temblor líquido. Como la vibración de una lágrima al recorrer la mejilla, como la agitación de un lago con una suave brisa. Horripilación líquida bajo la piel. No fue Tango, fue encuentro sin espacio ni tiempo.
No lo perdiste, cuando vuelvas a ese lugar fuera de todos los sentidos y en su centro mismo... entonces lo encontrarás de nuevo.
¡¡Vaya, innes, lo tuyo es tolerancia de verdad!! Malevaje son entrañables, como los teleñecos, malitos los pobres, pero cuánto lo intentan. Me recuerda a una frase de Krahe: "Bressens no tiene mérito ninguno, él sabe cantar, pero yo..."
Somos todos distintos en casi todo, creemos referirnos a las mismas cosas con la misma palabra y se pierden en aguas turbias de significados confusos... ¿será el escalofrío, el temblor, el punto donde todos coincidimos? Puedo sentir que os referís exactamente a lo mismo que yo. Pocas veces se puede decir.
Sí, ya sé, ya sé...
Pero ya lo advertí. ¿Lo ves? Para que me acusen luego de intolerante, a mí.
Muy bueno lo de Krahe. Muy bueno por muy cierto.
Yo creo que sí, que es en el temblor donde todos coincidimos.
Yo hay cosas que no alcanzo a entender.
Aquello de "los jóvenes porteños" (si hay pocas puestas en escena como una esquina en Buenos Aires y dos chicos (varones) bailando, como antes, un tango escrito en el '23, cogidos por la cintura, arrogantes de masculinos, ebrios de "tanguez".
Ese pensamiento triste que se baila, ese no ves que vengo de un país que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol, bandoneado.
No. No entiendo.
Es un hecho, querido desconocido (o tal vez desconocida, puede que conocida)... eso es cada vez más difícil de ver, aun en los barrios más malevos.
Y claro, en París no es lo mismo.
No, no lo es. Desconocida, ah.
Y no es tan difícil.
¿No es tan difícil? Vaya, ilústrame. ¿Estás cerca o en Buenos Aires? ¿Se siguen viendo parejas de varones bailando como entonces, como siempre? ¿No son ciertas las crónicas sociales sobre el desprecio al sentido profundo del tango por parte de la mayor parte de la juventud (16 a 25, se entiende) bonaerense?
Mis disculpas por mi inmensa presuntuosidad, al escribir sobre un tema que desconozco hasta tal punto, pero lo estaba usando sólo como alegoría. Si digo "tango", por supuesto, no hablo de Tango.
Ni como alegoría, creo. Anyway, sí, claro que se ven. Cuando estoy ahí al menos.
Pues da saludos, cuando estés ahí. Debo muchos, ahí al menos.
Dónde los dejo?
Al lado del revólver. Tú ya sabes.
Y dejamos desnuda la navaja?
Siempre.
Me hipnotiza el brillo de su hoja, ya no puedo guardarla.
Recuerdo a Felisberto Hernández: "yo seré un puñal español". Ser puñal, hendir la navaja.
No recuerdas a felisberto Hernández, si no recordarías el balcón que se suicida.
La mayúscula, ya sabemos.
He leído "el balcón", pero no encuentro la relación. Esto se empieza a parecer más a "la piedra filosofal", pero nadie enciende las luces.
Me sorprende usted. Muy agradablemente.
Qué pena esas luces, ¿cierto?
Ah y, claro, antes lo olvidé. Un saludo al polaco Goyeneche. Y a la gran combinación con Troilo, el gordo de siempre. Sí, tanto romanticismo dónde nos va a llevar. ¿Otra cosa para una esquina eternamente porteña?
Ah, Troilo, grande el Hanibal, el gordo sí sabía hacer cantar al fuelle, y llorar-
Te voy a confesar una cosa, que yo, por apurar me quedé completamente uruguayo. Qué se le va a hacer, era el más joven del mundo.
Pues si te quedaste con la amabilidad urguaya, con los tambores, Torres García, por ejemplo y Agustini; bendito uruguayo. Para enamorarse.
Ni más ni menos. Los tambores..
"Queridísimo Uruguay, te tengo que confesar que hay veces que no te escribo porque no me contestás. Cuidáme bien mi tambor, a mi novia y a mamá.." (por ese orden) Como todos, vengo de tres razas muy tristes, y llevo en el corazón el universalismo y los ojos de Torres García. Su visión de todo un mundo más pequeñito de lo que nos acostumbramos a pensar.
Y Agustini, y Quiroga a quien leí de niño, y Rodó y Benedetti... incluso Borges, que confesó querer haber nacido en Montevideo.
Hasta hace poco creí que no quedaba nada en mí de todo aquello, gracias por hacerlo aflorar.
Un país con tantas y tan buenas poetisas, sólo puede ser un país sano, ¿verdad? Siento habérmelo perdido.
Es que Quiroga me da miedo. Pero Rodó, claro. Y tanto Montevideo. Qué ganas.
No sé si sano, pero con venas.
No te lo pierdas.
Es que dicen que ese país ya no existe, que entre militares y miserias acabaron con él, y ahora hay otro que ocupa su mismo chatito lugar, con las mismas ciudades, pero menos amable y más duro y áspero y gris.
Dicen que ya me lo he perdido, que curiosamente atesoro en mí un Montevideo brillante que no conocí, y que ahora intentan recuperar y cuesta un mundo sacarlo del lodazal de olvidos y de años.
Pero, caballero, esas son puras mentiras. Créame.
Y sí, esas nostalgias de lo que no fue son de las más persistentes. Y sí, milicos hijos de puta. Y sí, los lodazales. Pero ahí, chiquito y como casi tras la puerta, sigue ahí. De verdad.
Deme usted buenas noticias, se lo ruego. Es verdad que llevamos toda la vida oyendo al Yupanqui diciendo que las vaquitas son ajenas y al Viglietti esdrujuleando venenos, pero hoy parecía más cierta que nunca la queja, y más inútil. Espero que tengas razón.
"Región de manos sucias de pinceles sin pelo
de niños boca abajo de cepillos de dientes
Zona donde la rata se ennoblece
y hay banderas innúmeras y cantan himnos
y alguien te prende, hijo de puta,
una medalla sobre el pecho
Y te pudres lo mismo"
(Julio Cortázar)
Cuánto poder, el de los saprófitos.
Primero déjame despertar
Es que yo no sé esta noche, porque estoy cansada de tanto despertar, insomne. Pero si nos quedamos con el río marrón y el mapa invertido (ya sé, es que me encanta Torres García, ¿y sabes lo que hacen becando europeos?) y esas aceras y la matera y nos vamos todos a nacer en la orilla.
Arrabalera, claro.
Vámonos entonces a nacer a la orilla del mar de plata. Yo tengo mucho adelantado.
Cebá un mate para mí.
¿Y si te ensucias, te asustas?
¿Si me ensucio? ¿Por el río, o por el mate?
Ya no me quiero limpio, ya no me importa. Intento recordar las veces que he sido feliz, miro entonces mis manos y las encuentro sucias... de una cosa o de otra, pero la pulcritud y la felicidad pueden llegar a ser contrarias.
Había pensando en lo marrón del río. En el mate amargo. Había pensado tanto en el sur y la humedad que te pone pegajoso. No había pensado en la posible felicidad. También quería preguntare por si acaso Peri Rossi o no y si acaso los turrones o no y si acaso sabes nadar.
Nunca olvides la posible felicidad.
Sé nadar, no hay problema. Me encanta el mate amargo. Quiero ser pegajoso, y soy del sur.
Ahora te toca.
¿Entonces si había estado tanto pensando en el sur, había estado pensando en ti?
Nado mejor que tú. Tengo las manos frías siempre. A veces dejo de hablar, pero nunca demasiado lejos.
Tu turno.
¿Nadas mejor que yo?
Necesito una confirmación para eso. Tras tantos perfumes me plantas algo sólido, que no sirve sin un suelo donde se apoye.
Lo de "a veces dejo de hablar" me ha parecido estremecedor, casi tanto como el tacto helado.
Bueno, tienes razón. Una precisión: nado mejor que tú en agua fría. Y en mar abierto. ¿Eso es un suelo donde apoyarse?
Dame sal y llámame como quieras.
Sigue siendo tu turno.
"y llámame como quieras"
Como literatura está bien, pero preferiría que dejaras de llamarte "anonymous" y te pusieras un nombre. Estaría más tranquilo.
Le tengo más miedo al anonimato que al río. Y eso que el río es traicionero, con sus remolinos.
"Balcius" no es un nombre. Es más otra forma de anonimato que no alcanza siquiera a eufemismo.
Pero entiendo lo del miedo.
No había pensado en un nombre.
¿Se te ocurre alguno?
Me enternece verte aquí poniéndome tareas. Eres extraordinariamente interesante, ¿cómo conoces tanta literatura uruguaya?
Te propongo un trato: si tú dices mi verdadero nombre, yo diré el tuyo. Si el que dices es falso, yo haré lo propio. Lo único que quedará innombrado es el eje del balancín, que parece darnos la vez. Bonito juego alternante, bomba cósmica.
¿Viene ese mate?
Hay muchas posibilidades...
pero se me ha ocurrido "María Xipaguazin", llevada a Europa a la fuerza.
Ni un padre como Moctezuma y más plebeya que legendaria. Ningún peso en oro sobre mí.
Sí, es enternecedor, pero no extraordinario. Créeme cuando digo que no es ningún mérito lo de la literatura uruguaya.
Me marea un poco el balancín, pero casi siempre me bajo a tiempo.
Se me ocurre Oliverio. Por ambos.
Va ese mate.
No es ningún mérito mío, quise decir.
Te entendí perfectamente, lo de que no es mérito me da muchísima información.
Hablaba de tí, no mentes al padre. Tampoco hablaba del oro ni de la sangre noble. Hay una extraña leyenda, dice que la Xipaguazin fué la verdadera autora del tratado atribuído de siempre a Fray Bartolomé de las Casas, su nobleza no era sólo de sangre, su arma la palabra.
Es mitológico, por supuesto.
Oliveria, ¿cansada muy cansada? ¿De qué?
No. Era Oliverio por ambos: uno, Girondo, claro.
No sé responder la pregunta del cansancio sin usar una frase hecha. Un cliché. E intento huir de ellos como del demonio. Aunque ese sea otro cliché.
Pero yo no quiero que la palabra, la mía al menos, sea un arma. Porque entonces, ¿hay una contienda?
¿Cuántas preguntas puedo hacer?
Las que quieras. El problema es mío, porque... ¿a cuántas podré contestar?
Puedes inventar las respuestas. Probablemente no me dé cuenta.
No sé mentir. Sí lo notarías (aunque no tiene mérito).
¿Si llevara un vestido con los hombros descubiertos, me verías?
¿Dónde me quedó hoy una cicatriz?
¿Cómo se abre esta puerta?
1. Depende de cuanta gente hubiera cerca.
2. Se tarda en cicatrizar. Mientras tanto se llama herida. En tiempos geológicos no existe "hoy".
3. Cuando estás dentro, la puerta se abre hacia tí. Cuando estás fuera, hacia el otro.
¿Entonces mejor me desnudo?
¿Nos metemos al agua?
¿Y las persistencias de las clausuras, qué hacemos con ellas?
Gana la banca.
Y sí, se tarda. Pero a veces se sabe, como hoy, que va a quedar una cicatriz después. Entonces te haces una cicatriz.
Perezoso. ¿Te dejo dormir?
Sabes que quedará una cicatriz. Entonces tienes tú la respuesta y juegas haciendo trampa. Y me haces esas preguntas sabiendo que no sé mentir. Eres cruel.
Recuerdo pintarnos cicatrices de mentira, cuando éramos pequeños.
"Me gustan los juegos donde todos/son arrogantes y malignos".
Pero no, es un juego apenas.
Mapas enteros nos pintábamos.
¿Mapas del revés?
Ser un mapa mundi y ponerse bocaabajo.
Voy a meterme a la cama. No niego ni escondo mi condición de insomne. Pero sigo intentando dormir. Este viaje desde los jóvenes porteños, por Goyeneche, por el sur, por cicatrices, para terminar el día convertida en mapa, me ha gustado mucho.
Sabes jugar a la rayuela, por lo visto.
Me gusta.
Lástima que no existas.
"...lástima que no existas", dijo tras un silencio que duró lo que la caída de una copa al suelo. Su cabeza cae a un lado, de su mano se resbala el frasquito de absenta, las balas huecas, dos gardenias, una canción desesperada, un hilo de luz y algunos recuerdos.
Cae el telón.
¿Alguna señal de ruta?
Ah, ahora comprendo...
Eso mismo dije yo, Gabriela.
Eso dije yo cuando me tocó decirlo.
Yo, en cambio, aun en la ruta, no he tenido el privilegio.
Balcius, son poco más de las cinco de la tarde y supongo que son también tus cinco de la tarde. Y supongo que vivimos destierros diferentes, pero sí es meridional, aunque ahora coincidan esas cinco de la tarde. O por eso coinciden.
¿Qué más?
El pelo largo, las muñecas escandalosamente delgadas, siempre.
Y que tengo un tango preferido. Lo sé silbar (porque silbo muy bien) y cantar.
¿Ese mapa en el que me convertí guarda la geografía que perdí?
Quise decir: "sí, el mío es meridional".
Pero no me hagas caso: me acaban de decir "no me gustan tus canciones, no tienen nada que ver conmigo".
Bueno, tampoco es que me estés haciendo mucho caso.
Te ruego disculpes el silencio. Si miras el historial de entradas y últimos comentarios, verás que mi actividad se ha suspendido el día 6, pues posteriormente no he contado con el imprescindible acceso digital que nos tiene en tensa comunicación, en la cuerda floja, y en definitiva, en vilo.
Por cierto... supongo que supongo que sí. Que cantas bien, que tus cinco de la tarde también lo son mías, que un mapa del mundo siempre contiene los sitios que llevamos dentro, y otros que desconocemos, que la hora del té y pelo largo y muñecas delgadas, delicioso resumen de una persona.
"Tus canciones", leve escalofrío ante la revelación.. ¿te dedicas a la música?
En 3 horas y media suena la alarma de mi despertador. Y no es nada de musical.
Nadie te extrañó.
No hay de qué explicarse.
Entiendo. Tu respuesta es algo amarga. Tal vez sea yo que me he acostumbrado a notar más el amargor de las respuestas.
No sos voy, soy yo (como si esa disilución sujeto-ojeto)fuera posible.
La amarga casies la sintaxis.
Y de eso sí eres culpable,
Fe de erratas: donde dice "La amarga casies la sintaxis", debería decir algo que ya no recuerdo.
Necesito recuperar algo tuyo, que no sé si tuve alguna vez... "no sos vos soy yo", eso no me sirve, se cae a trozos y no sonríe.
"Nadie te extrañó". No me duele que no me extrañes, mi ego hace tiempo que se escurrió por el agujero que tengo en el zapato. Pero sí la amarga sintaxis de la que hablas. Algo parecido a unas ganas de que duela. Siento que sea así, y no entiendo que sea así. Quisiera entender, u olvidar. Ambas cosas se excluyen.
No, no hay nada que recuperar.
Y no hay nada que entender.
Y, por tanto, nada que olvidar.
Tal vez sí algo que excluir.
Si nos quedamos con un jardín.
¿Publiqué una réplica que eliminaste o lo hice mal?
No he eliminado nada... no sé a qué te refieres.
Me voy a arriesgar, voy a aceptar el jardín, de hecho, siempre lo he deseado. Dime pues, qué debemos excluir, pues es una palabra muy grande que exige un sacrificio.
Lo haré, pues todo regalo debe suponer un sacrificio.
Excluir el argumento.
¿Argumento?
Sí.
Bien, de acuerdo, seamos personajes flotantes si lo prefieres, o apenas personas.
¿Cómo sé que silbas muy bien? Tengo que fiarme de tí. Entonces me fiaré de tí del todo, ya sin argumento.
Admite que nos jugamos mucho.
Si quieres confirmar que silbo bien, fácil: óyeme. Y ante eso no hay argumento posible; no necesitas fiarte.
¿Qué significa "mucho"?
Mucho significa tan "mucho" como argumento es un "argumento", igual que puedes entender tanto como yo puedo oirte. Sacarle las comillas a las palabras es una tarea de cirujano, exige delicadeza, pero no puedes cerrar los ojos mientras lo haces.
Una pena.
No.
Entonces llámame.
hola!! Me encantó lo ke escribiste respecto al Tango; yo creo ke es algo inexplicable solo se puede sentir... Debo agradecer a mis padres el haberme inculcado el escuchar tango, ahora lo puedo sentir!!
Si tenés ganas un día de estos pasate por mi Spaces : http://unluogoinlamiavita.spaces.msn.com/ tal vez te guste algo de lo ke hay! Un Saludo de una porteña de sangre y corazón!!
Daiana
Me halaga el comentario, especialmente procediendo de Argentina. En parte te podría decir que no estaba hablando de tango exactamente, pues no domino el tema, pero la anecdota del concierto y el Adios Nonino es cierta. Disparó algo, que tiene que ver con extrañas conexiones que no se producen en el cerebro, ni siquiera en el alma. El tango es una de las (pocas) cosas que tienen ese poder a veces.
¿La pena era no poder cerrar los ojos?
Me siento en inferioridad de condiciones... ¿cuántos usuarios anónimos hay? ¿Quién es cada quién?
La pena era no poder hacer algo con los ojos cerrados. O no poder llamarte o no sabér en qué momento una herramienta se tuerce de trallectoria y acaba exactamente en el centro de tu mano y uno no ha podido reducir lo más mínimo la velocidad del impacto, y aun no sabe qué ha ido mal.
Pero el corte ha sido limpio. Muy limpio.
Qué entretenido!. ¿Qué opinais del refrán "Quien la sigue la consigue"?. Éso dicen los viejos. Y la edad es un grado, dicen...
Ah.
Creí que era fácil.
La otra chica firma "Daiana".
Nunca me ha gustado jugar con ventaja.
Sí, tal vez debería comenzar a firmar.
No sé.
Tal vez.
Muy interesante tu comentario, gorriato... ¿de qué hablas? Si te digo la verdad, si alguien está siguiendo algo aquí, aun no me he enterado bien de qué.
Yo no entro en el juego. No me gustan. Siempre sales mal parado. Sólo doy una opinión como espectador. Ten cuidado, éso sí. Y perdona mi intromisión.
Bueno, es que realmente no hay ni ha habido nada que seguir. Y, por tanto, gorriato, nada que perdonar.
Apenas ha sido el tango una excusa para un intercambio. Una siempre asombrosa excusa.
Eso.
Ah. Yo tampoco.
Esto es un juego con fuego, me parece.
Tienes mucha curiosidad.
Hay igualdad de condiciones, creo.
Discrepo.
Aunque yo lo veo desde fuera, noto cierta tensión.
Éso no es malo. Sólo digo que es peligroso. Pero vuelvo a insistir en que existe. No sé cómo lo verían otros. Quizá soy demasiado susceptible, como me parece que algunos más.
Yo aquí invito a todo el mundo a jugar. Juegos no-competitivos, sólo divertimentos, cosas que me gusta ver crecer con la participación de la gente, juegos con las palabras o con la misma boca. Te has pasado ya por mis "juegos de las películas"? Esa es la idea.
No me gustaría tomar este diálogo con mi desconocida interlocutora como un juego. Creo que en sí mismo es un baile sobre una gran pastilla de jabón, con pasos inofensivamente afilados, agresivos y brutales, con delicados rugidos de consideración, refinamiento de la finta y el estoque, del envite y reto. En definitiva, es un tango, por eso lo sigo.
La tensión es imprescindible en el desarrollo de cualquier música. Si no, tienes algo plano, carente de interés.
Me gustaría ver la opinión de la según dices " desconocida interlocutora " sobre lo que acabas de decir, estimado Balcius.
¿ Podría ser ?
La música es una cosa. Y cualquier arte es diferente a las palabras, cuando no forman parte de un cuento o de cualquier relato. Las palabras pueden hacer mucho daño, no las considero elementos para el juego.
Y no sabes cuánto lo siento.
Prefiero truco y retruco, Balcius
Recuérdame que no saque el Scrabble, puede haber heridos, entonces.
Mi labor humanitaria ha caído en saco roto ( o simplemente ha habido una equivocación ).
Antes de hacer más el ridículo, desaparezco sigilosamente, lo más dignamente que pueda y os dejo solos.
Abrazos ( o algo así ).
De todos modos, lo de la tensión necesaria me dejó pensando.
¿Cómo se alimenta la tensión o se introduce o siquiera nace en medio de este tipo de luminosidad?
La de la pantalla, digo.
gorriato, no has hecho ningún ridículo, pero ninguno.
Tan sólo pretendía demostrar que sí se puede jugar con palabras y que pueden ser inofensivas.
No te vayas, gorriato, probablemente tengas razón y esto sea más saludable contigo de por medio.
A la anónima: primero, has sido interpelada por el caballero aquí presente para dar tu opinión. Segundo... que es eso del retruco? dios mío, creo que no he tenido infancia.
(La palabra dios ha sido escrita con minúsculas intencionadamente, gracias por su colaboración)
Pero me he confundido mucho.
¿Me retiro?
No lo sé... yo no echo a nadie, me encanta leeros... de pronto os sentís expelidos o echados o sabe dios qué... yo os pediría que no os retiraseis, pero vosotros conoceréis vuestras razones.
Gorriato, sigues ahí?
Vaya, Balcius, en cualquier caso, no creí estar atentando contra tu salud.
No tiene que ver la infancia. El truco es el juego gaucho por excelencia: el arte de mentir.
Me suena. Algo que oía en casa hace tiempo.
La pallada, el truco, la taba. Tan sólo eso... me suena.
Sospecho que poseo esas palabras, aunque nunca las he usado.
Ser del sur, ya sabes, cielo del revés.
Bueno....vale... Ya
Otra vez estoy aquí, sólo que un poco confundido. Me da la impresión que hay dos anónimos. Por qué no os poneis anónimo 1 y 2? No me aclaro.
No creo que sean dos anónimos, gorriato, se llama trastorno bipolar.
E insisto en que no tengo infancia, precisamente si el juego es gaucho. ;) Es un referente perdido, algo de la inexistente infancia, en el caos de cajas de cartón.
Balcius, te has pasado un poco. No crees?.
Parezco Teresa de Calcuta, pero lo que has dicho es un pelín fuerte, no?.
La rabia es muy mala.
Y os lo digo a los dos.
Coño ( perdón ), parezco vuestra conciencia!!!.
No uso de eso, gracias.
Si cuando he dicho que eres un hombre bueno me he quedado corto. Eres sorprendente.
Se agradecen las buenas intenciones, por supuesto.
Me borro, caballeros.
Un brillante desarrollo, un final decepcionante. Como algunas películas coreanas.
Vaya.
Qué decepción.
Si es lo que yo digo. Las intenciones que valen son las que están en el subtexto.
subtexto?
En las que no se leen
PD: Además mentías. Diciendo que no sabía nada de tango.
sabías, quise decir.
Fair play, amiga...
- "además". ¿Además de qué? ¿qué otro crimen he cometido?
- "mentías". Acusación muy dura. Fruto de una vehemencia cuyo origen no entiendo bien. Se puede decir de otra forma.
- La verdad, sé mucho menos de lo que quisiera. Lo bailo mal, no sé silbar bien como tú, Gardel me resulta lejano, aprecio el dulce de leche, pero no lo considero mi lengua materna. Es así, soy un desarraigado y si me dices "truco y retruco" me quedo un rato pensando.
Sin acritud
No hay acritud ni vehemencia, Duchamp.
Esa insistencia en entender te perderá.
¿No debíamos perder cualquier lengua materna?
Y nadie ha dicho Gardel.
Y cómo es eso que dijo Drexler (aunque no sea santo de mi devoción): que en tren estropeado se va más lento que a pie; algo así.
Tienes razón. Deberíamos perder todas las lenguas para llegar a hablar limpio.
Me consideraba más intuitivo, evidentemente soy más racional de lo que creía.
No entiendo la alusión a Drexler (venga a echar carbón a la locomotora), y me gusta como músico de estudio, pero efectivamente, no es lo máximo ni mucho menos.
Duchamp Balcius. Me gusta.
Hola, hola, hola.
He descubierto una cosa!!!. Y hablo de mí.
Ayer estaba de enfado con todo el mundo.
Hoy, después de jugar un rato, todo el mundo me cae bien.
No entiendo de tangos. Aunque me gusta escucharlos, nunca he comprado un disco de tangos.
Ya me vale con mi pena para encima regocijarme.
Es substexto o subtexto?. No me acuerdo.
Lo ves... el juego nos salva.
Y en cuanto al tango... llega con escucharlo.
Creo que la expresión adecuada es intertexto. Intertextualidad. Aquí hay mucho de eso. ;)
Lo he consultado.
La palabra que yo quería utilizar para mostrar la idea que yo quería mostrar es subtexto.
Me sonaba de cuando estudié interpretación.
¿Interpretación de qué?
De teatro.
Y sin darme cuenta, le he dado una pista a alguien.
Vaya, creo que ahora sí que me tengo que retirar.
Un placer, usuario anónimo.
Teatro, interpretación de los sueños.
No veo a qué retirarse, está todo bien. Continúe usted su tarea humanitaria, probablemente sea bueno para todos.
"...cuando no tengas ni fe ni yerba de ayer secándose al sol"
¿Esperaré de tí la desesperanza y el descreimiento del Gran Discépolo?
juer, que me perdí del tango? Me temo que algo grande.
Adelante xy51, siempre hay una función empezando, nadie se pierde nada.
ya, ya, pero de que espectáculo hablan? Me temo del tango que si te abre las entrañas oirlo, bailarlo debe ser la quintaesencia. Pero, que escucharron, digan.
Esto, amigo mío, es como los chistes, si se explican mucho pierden la gracia, si se explicitan y descuartizan.
Si preguntas por el McMuffin, por el pretexto del texto, te diré que fue Santiago de Compostela, Auditorio, Pablo Mainetti al bandoneon, Lluís Vidal (un grande del jazz iure catalán, con permiso de San Teté Montoliú) al piano y Horacio Fumero, el gran, elegante, inmenso, sensible Horacio Fumero al contrabajo. Fondo de orquesta filharmónica y dirección de Manuel Valdivieso. Un buen concierto, sobre todo algunos momentos brillantes, pero no muy bailable.
Si preguntas por el tango en sí, el TANGO, vaya... eso ya es otra cosa.
Este comentario sólo para romper el círculo. Muera la complacencia.
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