Cenizas
Sangraba el cielo.
No puedo decirlo de otra manera, crucé todo aquello bajo un cielo sangrante. Quisiera escribirlo como lo haría Balcius, hablar de la dispersión de longitudes de onda en función del tamaño de partículas del humo, pero desde el coche sólo veía aquel infierno elevarse en lo que de lejos era una columna de humo, y desde dentro eran las vísceras de la bestia ardiendo.
El sol era pequeño, lejos, muy lejos, como si mirase sin alcanzar desde más allá del humo. Al mismo tiempo era más redondo que nunca, perfectamente definido, como recortado minuciosamente por encima de la niebla oscura. El agua de la ría lo reflejaba multiplicando el rojo intenso, el rojo oscuro, brillante. Era tan brutal que ni siquiera me dí cuenta de que era bello.
Recuerdas esa escena de Apocalipse Now, ¿verdad? Hidroaviones y no helicópteros, en este caso, pero el mismo rojo, el mismo cielo sangrante, derramando una columna de brillo rojo sobre la ría de Vigo, me deslumbró en su melancólica violencia todo ese espejo transformando el brillo del pequeño redondo lejano sol en una gran columna destintándose en el agua. Me recordó a las columnas de luz de luna de los cuadros de Munch.
Empezaba a sentir no sólo el olor a quemado (ese lo sentí desde la noche antes, en que las sirenas llamaban a desalojar el pueblo de al lado), sino también el sabor, la sequedad en los ojos, el vacío en las manos. Pasé al lado del frente, amplísimo, del incencio ya medio sofocado. La tierra ardía.
Igual que he dicho "sangraba el cielo" y no quiero que quede en una mera frase, quiero que entendáis hasta qué punto la tierra ardía. No ardían los árboles, no quedaba nada en ellos que quemar, la desolación era completa y apenas quedaban troncos de una negrura pavorosa, y lo que humeaba era el suelo, filtraba un humo blanco y denso desde dentro, probablemente guardando cientos de grados, millones de calorías, dentro, bajo tierra, imposibles ya de sacar de allí con agua, con agua teñida de sangre de un río que, como una señal, se llama Verdugo. Ahora hay que dejar que se queme la tierra, no hay otra.
Cruzar tierra vacía, o llena de un fue-verde, que es lo peor, sentir la falta en los ojos, falta del cielo, falta del aire y de la linea que separa el asfalto del resto, pues ahora todo es negro.
El fuego, donde todavía estaba, era extraordinariamente oscuro, brasa y maldad. Nunca pienso en términos de maldad, pero qué puedo pensar ahora que los frentes estaban prendidos perpendicularmente a las vías principales de la provincia, cerca de poblaciones muy habitadas.. Muy calculadas para sembrar el caos y lograr la absoulta inoperatividad de los medios de control, que centrados en salvar los pueblos, las carreteras y la seguridad de la gente, no podían sino dar por perdidas hectáreas y hectáreas de monte.
Estoy hablando de la tercera parte del monte de la provincia de Pontevedra perdido, y más de la cuarta parte de la provincia de Coruña. Hablo de más de cien focos aún activos, setenta y dos horas después, hablo de un cálculo minucioso y un daño masivo, hablo de una acción digna de la anarquía suprema, que hasta cierto punto siempre me ha fascinado, y hoy sin embargo no entiendo, no alcanzo a entender. ¿Contra qué? ¿Contra quién? No acuso a nadie, no desautorizo a nadie, el caos tiene un motivo a veces, sólo quiero entender, porque mis ojos se secan de no ver motivos. Y tengo sed por este aire sin causa.
Recordar media hora antes las nubes mezcla de violeta, blanco, rosado, gris, deshilachadas sobre el pálido azulado del cielo a las ocho de la tarde de agosto, sin darme cuenta de que eran señales de lo que venía. Ahora reaparecer al día tras cruzar esa densa humareda, de cielo sangrante y tierra ardiente y ojos de no saber, y descubrir que el cielo sigue brillando pálido, y herirme la mirada tanta claridad que no sospechaba aun en el cielo, tanto verde que aun se veía en monte por ahora sin quemar, respirar... sólo para ver que la paz es el espacio de tiempo entre dos guerras.
Se hizo de noche de pronto. Os juro que se hizo de noche de pronto, y fue peor que el cielo sangrante o la tierra ardiendo, otra frase fácil de decir pero con un sentido que me pesaba en las piernas y en los brazos como todo un pasado de siglos de fuego. No sé cómo se hizo de noche y de invierno y de tristeza y mi boca ya quedó abierta sin más, mirando arriba buscando un sol aunque fuera pequeño. No había más que sombras, una niebla que no estaba hecha de agua, pues se notaba la absoluta sequedad del aire, el suelo, de uno mismo.
Es que en Pontevedra la humareda era espantosamente densa y negra, me recordaba a las noches de lluvia de mi infancia, pero con un calor antinatural. Dos policías, muy cerca de las llamas, se empeñaban en que los vehículos se alejaran de aquellas lenguas que lamían el asfalto, formando remolinos ardientes. Teníamos que pasar con orden, pero con velocidad, pues el aire estaba intolerablemente caliente y estábamos todos sentados sobre potenciales bolas de fuego: tanques de combustible avanzando junto a las llamas sobre ruedas de caucho, una invitación al desastre.
No sé qué decir, nos sacudimos las ropas con naturalidad al entrar en casa, las ropas y el cansancio, ambos cubiertos de hollín, nadie dice gran cosa, la lengua pastosa de tanto silencio y tanta ceniza.
No puedo decirlo de otra manera, crucé todo aquello bajo un cielo sangrante. Quisiera escribirlo como lo haría Balcius, hablar de la dispersión de longitudes de onda en función del tamaño de partículas del humo, pero desde el coche sólo veía aquel infierno elevarse en lo que de lejos era una columna de humo, y desde dentro eran las vísceras de la bestia ardiendo.
El sol era pequeño, lejos, muy lejos, como si mirase sin alcanzar desde más allá del humo. Al mismo tiempo era más redondo que nunca, perfectamente definido, como recortado minuciosamente por encima de la niebla oscura. El agua de la ría lo reflejaba multiplicando el rojo intenso, el rojo oscuro, brillante. Era tan brutal que ni siquiera me dí cuenta de que era bello.Recuerdas esa escena de Apocalipse Now, ¿verdad? Hidroaviones y no helicópteros, en este caso, pero el mismo rojo, el mismo cielo sangrante, derramando una columna de brillo rojo sobre la ría de Vigo, me deslumbró en su melancólica violencia todo ese espejo transformando el brillo del pequeño redondo lejano sol en una gran columna destintándose en el agua. Me recordó a las columnas de luz de luna de los cuadros de Munch.
Empezaba a sentir no sólo el olor a quemado (ese lo sentí desde la noche antes, en que las sirenas llamaban a desalojar el pueblo de al lado), sino también el sabor, la sequedad en los ojos, el vacío en las manos. Pasé al lado del frente, amplísimo, del incencio ya medio sofocado. La tierra ardía.
Igual que he dicho "sangraba el cielo" y no quiero que quede en una mera frase, quiero que entendáis hasta qué punto la tierra ardía. No ardían los árboles, no quedaba nada en ellos que quemar, la desolación era completa y apenas quedaban troncos de una negrura pavorosa, y lo que humeaba era el suelo, filtraba un humo blanco y denso desde dentro, probablemente guardando cientos de grados, millones de calorías, dentro, bajo tierra, imposibles ya de sacar de allí con agua, con agua teñida de sangre de un río que, como una señal, se llama Verdugo. Ahora hay que dejar que se queme la tierra, no hay otra.
Cruzar tierra vacía, o llena de un fue-verde, que es lo peor, sentir la falta en los ojos, falta del cielo, falta del aire y de la linea que separa el asfalto del resto, pues ahora todo es negro.
El fuego, donde todavía estaba, era extraordinariamente oscuro, brasa y maldad. Nunca pienso en términos de maldad, pero qué puedo pensar ahora que los frentes estaban prendidos perpendicularmente a las vías principales de la provincia, cerca de poblaciones muy habitadas.. Muy calculadas para sembrar el caos y lograr la absoulta inoperatividad de los medios de control, que centrados en salvar los pueblos, las carreteras y la seguridad de la gente, no podían sino dar por perdidas hectáreas y hectáreas de monte.
Estoy hablando de la tercera parte del monte de la provincia de Pontevedra perdido, y más de la cuarta parte de la provincia de Coruña. Hablo de más de cien focos aún activos, setenta y dos horas después, hablo de un cálculo minucioso y un daño masivo, hablo de una acción digna de la anarquía suprema, que hasta cierto punto siempre me ha fascinado, y hoy sin embargo no entiendo, no alcanzo a entender. ¿Contra qué? ¿Contra quién? No acuso a nadie, no desautorizo a nadie, el caos tiene un motivo a veces, sólo quiero entender, porque mis ojos se secan de no ver motivos. Y tengo sed por este aire sin causa.
Recordar media hora antes las nubes mezcla de violeta, blanco, rosado, gris, deshilachadas sobre el pálido azulado del cielo a las ocho de la tarde de agosto, sin darme cuenta de que eran señales de lo que venía. Ahora reaparecer al día tras cruzar esa densa humareda, de cielo sangrante y tierra ardiente y ojos de no saber, y descubrir que el cielo sigue brillando pálido, y herirme la mirada tanta claridad que no sospechaba aun en el cielo, tanto verde que aun se veía en monte por ahora sin quemar, respirar... sólo para ver que la paz es el espacio de tiempo entre dos guerras.
Se hizo de noche de pronto. Os juro que se hizo de noche de pronto, y fue peor que el cielo sangrante o la tierra ardiendo, otra frase fácil de decir pero con un sentido que me pesaba en las piernas y en los brazos como todo un pasado de siglos de fuego. No sé cómo se hizo de noche y de invierno y de tristeza y mi boca ya quedó abierta sin más, mirando arriba buscando un sol aunque fuera pequeño. No había más que sombras, una niebla que no estaba hecha de agua, pues se notaba la absoluta sequedad del aire, el suelo, de uno mismo.
Es que en Pontevedra la humareda era espantosamente densa y negra, me recordaba a las noches de lluvia de mi infancia, pero con un calor antinatural. Dos policías, muy cerca de las llamas, se empeñaban en que los vehículos se alejaran de aquellas lenguas que lamían el asfalto, formando remolinos ardientes. Teníamos que pasar con orden, pero con velocidad, pues el aire estaba intolerablemente caliente y estábamos todos sentados sobre potenciales bolas de fuego: tanques de combustible avanzando junto a las llamas sobre ruedas de caucho, una invitación al desastre.
No sé qué decir, nos sacudimos las ropas con naturalidad al entrar en casa, las ropas y el cansancio, ambos cubiertos de hollín, nadie dice gran cosa, la lengua pastosa de tanto silencio y tanta ceniza.










20 comentarios:
Este texto quema.
En los años ochenta los incendios asolaban Galicia, pero era otra cosa. Era la incompetencia de poderes públicos y el absoluto descuido de los paisanos.
Os Resentidos (pura movida galega), Antón Reixa a la cabeza, cantaban "Galicia arde pero no quema".
Hoy día es distinto. En efecto, también quema.
Lamento de veras que haya algun especimen semi-racional que por cuatro duros mal pagaos se vaya al monte con una lata de gasolina por un quítame allá ese terrenillo.
Es una auténtica pena porque es de las partes de España que más me gustan, de hecho el día 22 me iré para pontevedra (mi mujer tiene familia en Tuy) para estar allí una semanita con ellos.
Lo siento de veras porque hasta dentro de al menos 10 años eso no volverá a ser igual.
Un saludo
Por dinero, Balcius, ya lo sabes. Por dinero siempre, salvo algún pirómano de verdad excepcional (pero ésos los debería haber en la misma proporción en todos sitios, y no).
¡Malditos ignorantes peseteros! Y cuántos hay, en esta tierra mía...
Gracias jatqulz, porque no eres de aquí y se nota un cariño sincero a esta tierra, que siempre parece gustar más a los de fuera. (Tuy, ¿en serio?)
En diez años... mucho antes de eso. Dentro de muy poco, todo será como antes. Como cuando tenía diez o doce años, cuando subía al monte y todo estaba pelado, absolutamente pelado, ni un árbol. O algunos años más adelante, cuando sólo había eucaliptos, porque crecen rápido, y asfixian todo lo que haya alrededor.
Así que Tuy, qué casualidad.
De nuevo por aquí, Portorosa, me honras. Pero también me sorprendes, porque estás aquí mismo, al lado, en Galicia... y sostienes lo que dicen todos los de fuera, que es dinero y nada más.
Por cuatro duros mal pagados nadie se enfrenta a una pena de sabotaje o a que le apliquen la antiterrorista, aquí hay más. La AP-9 ha sido cerrada ya en varias ocasiones, caos circulatorio, fuego llegando directamente a las cabinas de peaje y borrado totalmente los carteles y señales de algunos tramos de autopista que fueron devorados literalmente por llamas de sus buenos tres metros. También el aeropuerto de Santiago fue objetivo clarísimo, la ciudad de Santiago estaba sitiada a través de unas líneas calculadas, casi militares, y los focos siguen el camino de las arterias de comunicación de la zona más poblada de Galicia. Yo no me creo que simples peseteros ignorantes hayan hecho esto, la autopista no la van a recalificar, y casi todos los fuegos amenazaban alguna población importante.
Redondela está sitiada por cuatro frentes amplios, todos cortando vías de comunicación, el morrazo ha ardido entero cubriendo Vigo de una nube, y Vigo mismo está amenazado desde un par de sitios, en Pontevedra es de noche a las siete u ocho de la tarde, el resto del día es peor que con la celulosa: irrespirable. Tantos incendios entorno a la ciudad.
Santiago parece que estuviera bajo un sitio constante, algunos fuegos rebrotan (me han informado) todos los días a mediodía con una abrumadora precisión, re-encendidos una y otra vez, haciendo desalentadora la titánica tarea de apagarlos, una y otra vez.
A ver, intentemos hacer un ejercicio de imaginación entre todos, necesitamos de ideas frescas que caigan como la lluvia, la lluvia por favor.
Díganme motivos que puedan inducir a esta barbaridad, por ejemplo, los brigadas de bomberos despechados, un dos tres respondaotravez.
Curiosamente, lo de los aspirantes a bomberos rechazados no me chirría tanto, extrañamente,... me gusta como hipótesis. Saben hacer daño, han lanzado un mensaje y no necesitan reivindicar lo hecho, el mensaje ha llegado alto y claro a quien tenía que llegar, de la forma más brutal.
No está mal, esta ministra tiene que escribir algún guión de cine. Tiene talento.
Mmm me he metido en varios blogs de gente de tu tierra, y algunos insinúan -no se si con paranoia- que son atentados terroristas...
Sinceramente, habiendo casi 200 fuegos en un espacio tan relativamente pequeño, es fácil caer en la paranoia. Lo de los aspirantes despechados cuadra más pero hay que ser muy hp (muchos muy hijosdp) para montar tanto pollo a la vez. Creo que es posible una combinación de factores... de todas formas hace unos años a un familiar de mi mujer le quemaron el pinar de atrás de su terruño, para poder comprarle 20m2 de terrenito y plantar 4 tomates más así que me espero cualquier cosa...
Es solo por dinero o es por ganas de quitarle a galicia lo mejor que tiene.... "lo verde".
Balcius, hola de nuevo.
Bueno, ya me has leído, así que sabes qué pienso. En mi pretencioso ejercicio antropológico digo lo que para mí está en el fondo de esto. Pero es, además de pretencioso, un poco demasiado teórico.
¿Razones concrettas? Pues, en el fondo de la superficie para mí está, casi siempre, el dinero; siempre lo ha estado, desde que arden los montes.
Ahora bien, empiezo a creerme que el aumento espectacular de estos dos años (el aumento) pueda obedecer a otras razones. Tú, que eres de aquí, sabrás atar cabos:
Cuadrillas de vigilancia, puestos a dedo, militantes partido, cobros por intervención, posible fin chollo...
Aunque cada uno lo cuenta como le conviene. Hoy he oído que es que están cabreados porque los echaron por no saber gallego...
Sí parece evidente que quien está incendiando sabe del tema, y que son muchos.
Un abrazo, y ánimo.
P.S.: Esto es como diez "Prestige".
Se van cansando las ganas de respuesta, empieza a dar igual, sigue igual.
Tienes razón jatqlz, que siempre ha habido incendios por terruños, o por joder, que pasa mucho no se vayan a creer..
Es una de las principales fuerzas conductoras de toda acción del gallego, joder al vecino. Es un ejercicio complicado e interesante (no diría que pretencioso, Portorosa, te sigue mucha gente y transmites lo que quieres transmitir) cómo funciona la gente de aquí a la hora de escoger entre el beneficio propio o el daño ajeno. Difícil explicar por qué siempre escogen quedarse sin un ojo, siempre que el vecino se quede sin los dos.
Debe ser la humedad, esta tierra produce reuma moral. A este ritmo también la humedad se acabará, lo que ha ardido no es sólo el arbolado, hasta la tierra misma se ha quemado.
Razones para la paranoia, dices.. la paranoia. No es eso, es sólo la sospecha de algo distinto, porque veinte años viendo arder los montes, año tras año, y de pronto asistimos a un infierno que nunca habíamos visto, es distinto esta vez. Probablemente, como en aquel caso del extrangulador de Boston, muchos que tenían pensado hacer su propia fogata en el monte que les molesta o les interesa, han aprovechado el revuelo, pero es sólo una contribución incremental, el eje de esto está organizado y orquestado como nunca lo había estado. No hablo de terrorismo, hablo de crímen organizado, porque no es un mero delito ecológico, por cosas así muere gente, y porque la organización es más que evidente.
Y también la policía habla de crímen organizado. Creo que han encontrado algo y andan tras la pista. Algún día lo sabremos. Sabremos todo, cuando ya no importe.
Vuelvo a leer tu post de hoy, en la tranquilidad de la ultima hora del dia. Desde Madrid donde estoy en este momento solo nos llegan los "parches" que en televisión ponen, plagados de las mentiras de unos y de las medias palabras de otros, de los empujones para salir en la foto de nuevo, a algunos debería caerseles la cara de verguenza por querer estar siempre en esas fotos, como carroñeros.
He hablado con mi mujer que está en una aldea próxima a Villagarcía y le he contado lo de la imagen tan expresiva que acompaña tu post. APOCALIPSIS. Y ha sido cuando ella me ha dicho de lo certero de la imagen, cuando he caido en lo que estais viviendo. La gente temerosa y los "turistas" que abandonan. Las dificultades para respirar y de nuevo el llanto por la calle, en las caras atemorizadas de la gente de la aldea, de nuevo el miedo y es que el miedo es una poderosa herramienta de sometimiento, el miedo acompañando a la pérdida irreparable de lo luchado.
A horas vista resulta patético el "todo está controlado" con el que Touriño intentaba ayer tranquilizar, tremendo que en doce horas se vueva a pasar de 65 fuegos incontrolados, mas los cuarenta semi apagados a de nuevo los ciento y tantos, que daban en el telediario de la noche. La imagen de satélite era pavorosa, comprobar que la mancha blanquecina sobre el noroeste de España esta vez no eran nubes, sino el rastro de la humareda.
La falta de información, el lanzar acusaciones a medias, el desconsuelo que se adivina en las caras, de nuevo el nunca mais pero con estribillo diferente, me traen a la mente una de las imágenes que más me impresionó en medio del desastre del Prestige, la de aquella paisana de Laxe o Camelle que mirando al mar con los ojos inundados de lágrimas decia; "E aoura a quen deitamos a culpa". Lloré entonces e intento no llorar ahora.
En fin desde esta impotencia enjaulada en Madrid solo una apreciación, sepamos o no sepamos, siempre importa. La voracidad, espanta y sobrecoge el alma.
No necesito añadir nada. Has sido muy preciso, XY51, y agradezco que alguien en Madrid vaya más allá del telediario.
Villagarcía, muchos años allí me hacen tener cierto cariño por la zona. Lo están pasando muy mal, también, este fin de semana estuve allí.
Portorosa lo ha dicho muy bien, aplicable en todos los sentidos: esto es como diez Prestige.
Gracias, pero es que después de 35 años de dejarme caer por ahí, lo único que va quedando de Madrid es la partida de bautismo.
35 años, caray, más que yo...
Una curiosidad... ¿quién es el que dice "aoura"? suena como un sortilegio o una palabra con significado oculto. Suena bonito, mejor incluso que agora que me recuerda a Miranda la Agorera, destinada a que nadie la creyera que viene el lobo que viene el lobo.
Aoura es casi un anagrama de aurora y recuerda a Arousa, que con cierto arrobo (arousal en inglés), me hace reconocer que los diptongos me excitan.
jajaja, bueno exactamente 35 y los que anduve a gatas, por que cuando descubrí el noroeste ya llevaba bastante por el mundo. Acabas de descubrir un abismo generacional, jejeje.
Lo de "aoura" no lo se, aún los 35 años de casi adopción por convencimiento y arousal hacia esos paisajes y paisanajes, mi galego sigue siendo vergonzoso, eso si el caldo lo bordo, aunque dada la cantidad de modismos locales te diria que en la aldea (Cornazo, Vilagarcia) es lo que se utiliza habitualmente. Desde luego te diria que agora non, por que agora me suena un poco a galego repipi de telediario. Y fíjate que casi lo escribo con h no medio. Pero nada me alegro del arousal. Es que los diptongos..... en este caso triptongo.... son a leite. Lo del arousal, arrobo, o abandono de lo subjetivo puede dar tambien para mucho.
jajaja, pues nada a la vuelta, te comento, que el ordenata lo abandono, es básico para las vacaciones, me informaré sobre triptongos.
Como propuesta y dada tu facilidad te propongo un ejercicio de diptongos balcianos.
Lo tendré en cuenta, muy halagado. Tenga usted unas buenas vacaciones, caballero (espero que todo haya pasado cuando andes por aquí, por tu bien y por el nuestro).
Gracias, así lo haré, de todas maneras las verdaderas vacaciones son en Noviembre que me suelo ir unos dias solo a disfrutar de la humedad de aquello.
Las noticias que me han llegado hoy es que la situación a mejorado, ?, creo que una mala apreciación, por que no acabo de entender como puede mejorar lo quemado. Eso si habrá menos focos a lo mejor.
Habrán pasado las llamas, pero no las huellas. En cualquier caso mi bien y el vuestro no creo que difieran.
Por cierto las otras dos peliculas se me resisten, jajaja.
Ah, las otras dos películas, ... una es para cinéfilos de esos de cineclub, y la otra para frikis, nostálgicos y demás fauna. Vinilo y poliéster, caballero, vinilo y poliéster.
Pues este es el cuento de nunca acabar, la situación mejora en las proximidades de Pontevedra, porque tal y como dijo George W. Bush, cuando arda todo el monte el peligro de incendio remitirá (santo varón).
El problema es que el número de focos no desciende lo que debiera. Ahora actuan algo más al sur, Goián, hacia el Rosal, etc... Pueden ser los mismos (los de los paracaídas) extendiendo su radio de acción, pueden ser copycats, aprovechados.., quién sabe. Pero da la impresión de que esto no se acaba nunca.
Ánimo, nos decimos. Y pensamos, con bastante horror por otra parte.. ya queda poco.
Gracias por tu visita, lo mio está todavia sin ordenar.
Se que el post no es de auxilio, queria dejar algo dicho pero en el tuyo está todo contado.
Quema tambien la impotencia, de esa manera se arde por fuera y por dentro.
Lloré cuando ví la imágen de Baiona rodeada de humo.......desgraciadamente no faltan nunca idiotas que les dé por quemar, pero seguro que son los primeros en quejarse del cambio climático.
Por otro lado, no deja de ser menos cierto que la naturaleza tiene una capacidad de renovación increíble (lo supe cuando talaron el bosque de castaños que tengo enfrente y que hoy afortunadamente está casi recuperado del todo)....
qué pena que no haya nadie que les tale o les queme a ellos alguna cosa no?
Un abrazo a toda Galicia
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