05 enero, 2008

Carta Blanca


"Todo regalo debe ser un sacrificio"
de Sacrificio, Andrej Tarkowski.



No estoy muy de acuerdo, creo que algunos de los mejores regalos tienen mucho valor para quien lo recibe y suponen poco esfuerzo para quien los da, sólo el mérito de acertar.

Ya que se han hecho las cartas a los reyes, me sumo. No me caen simpáticos, no por llevar la contraria, ni por republicano, sino porque esa pretensión de ser más auténticos más históricos, calcomanías por encima de una biblia que ha quedado sin leer en ese breve fragmento: "llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?". Del oriente de Judea, imposible que fuera uno negro y los otros dos una especie de popes ortodoxos.

Me gusta más pensar en los sabios, no se sabe cuantos, tal vez cuatro, que fueron siguiendo no tanto la estela del cielo (tampoco se menciona nada de ello) sino la palpitación de la historia, a punto de engendrar el mayor de los vuelcos, una gigantesca revolución humana. Me gusta pensar en ellos como en zahoríes de almas.

¿Y para qué querría nadie Mirra? Mejor adelantarse y pedir algo útil.

Me atrevo a pedir algo, algo sencillo pero que llevo tiempo buscando y no he logrado encontrar.

Es un vídeo.

Queda poco de aquella época dorada de la videocreación, los detestados años 80. Recuerdo que era niño y devoraba vídeos musicales, experimentos visuales, videoinstalaciones, ojos ávidos aquellos. Escapaba a la disciplina de las horas para ver en la televisión (la 2) aquellos programas cargados del más atrevido Avant Garde visual, sonoro, plástico. Aquello lo ví algo más tarde, cuando estaba algo desencantado de la videocreación ligada a la música pop y buscaba cosas más pretenciosas. Y sin embargo fue un video musical el que me devolvió el ansia por mirar de otra forma.




Fue en Metrópolis (todavía existía), en 1993 si no me equivoco. Hacía frío, y la canción era "Look what the cat drug in", de Michael Penn. El vídeo era un increíble trabajo de orfebrería onírica, de mano de los hermanos Quay, fue mi primer contacto con su forma de ver las cosas.

Llevo mucho tiempo buscándolo, si alguien sabe cómo conseguirlo, que me lo haga saber y seré feliz.


Por mi parte, os regalo una entrevista a Julio Cortázar en la que él está extraordinario conforme avanza y se va sintiendo más cómodo. Por vuestra parte, regalaos las dos horas que dura, para disfrutarla y dejaros penetrar por esa voz, esas palabras.

5 comentarios:

rythmduel dijo...

Gracias por compartir esas experiencias. Un abrazo.

area doce dijo...

Gracias por Cortazar, por oficios y transparencias.

marina dijo...

Gracias por el regalo, lo saboreé a un compás agradable y la noción del tiempo se esfumó. Merci.

gorriato dijo...

Yo sí que estoy de acuerdo con la cita de arriba.
Aquel regalo que no precisa de sacrificio de alguna manera, por pequeño que sea, no se llama "regalo". Tiene otro nombre.

Eloisemoi dijo...

interesante...