Del Juego como una de las Bellas Artes
Habéis hecho observaciones muy interesantes al texto anterior, muy pertinentes. Habéis leído esa palabra, "juego", tan jugosa. Su pronunciación exige el gesto de estallar la sonrisa.
Tanto es jugosa, que parece haberse perdido la segunda palabra: "perdido".
El juego de Cortázar tiene mucha enjundia. No sólo es un desafío a las reglas de la realidad (escribir siempre lo es), sino que es el más serio alegato a la justicia y dignidad de los pueblos disfrazado de cuento truculento que se disfraza de cómic. Y el cómic, claro, no es cosa seria. Es cosa de críos.
Primera definición flexible de juego: cosa de críos.
Segunda definición flexible de juego: disfraz.
Tercera definición flexible de juego: aprendizaje vital.
Cuarta quinta sexta, cada una en su sitio, cada una en su papel.
Puede parecer que no vale la pena jugar cuando uno sabe de antemano que siempre pierde. ¿No vale la pena vivir entonces? Es casi peor convertir el fracaso en una historia épica que en una historieta: se toma le toma a uno en serio, y luego tiene uno todo el derecho de olvidar todo eso.
Jugar en el mundo adulto es otra cosa, siempre. Los desequilibrios proceden de que los niños juegan poco y los adultos mucho: el juego adulto es la ludopatía, la impostura, el disfraz.
Cada una su papel.
Jugar, en muchos idiomas, es lo mismo que representar, actuar. Nada de malo en ello, pero de nuevo la connotación negativa que es la madre del pecado: la representación de un papel como negativo porque se nos supone naturalidad (una pose detestable, eso de la naturalidad fingida). Tan triste como esa vergüenza porque nos pillen jugando o mirando cómics, y que la pasajera rubia piense "tan grandote y todavía con esas cosas".
Se pregunta si es igual jugar que vivir, o si jugamos a vivir lo que nos ha tocado en el reparto de papeles. Pero vivir hacia los demás requiere parte de actuación, de juegos de manos y palabras, de baile de disfraces. No es ninguna casualidad que todos sintamos que los demás están seguros de a dónde van, y nosotros nos veamos perdidos. Es que damos imagen de seguridad hacia el exterior para no ser arrasados, pero el mundo es -queridos, creedme- un lugar en que todos andamos a tientas. Es bueno saberlo y tendernos la mano en la oscuridad.
Me pregunto si de veras no estamos ahora disimulando nuestro desconcierto ante el mundo adulto (los que tenemos menos de sesenta años, quiero decir). De pronto se encienden las luces y estamos en escena, no conocemos el papel pero nos hacemos los adultos, tras la máscara para que no se note que estamos muertos de miedo. De acuerdo, no sé vosotros. Pero yo sí lo estoy. La pregunta es esa, si es distinto el juego de los niños al nuestro, si alguna vez nos sumergimos en la vida viviéndola o siempre estamos en un juego de simulaciones.
Es que además, la palabra tiene connotaciones negativas en el ámbito social adulto. Creo que es un mal síntoma, un desgaste voluntario de la palabra incómoda porque nos desnuda. Ya sabéis, hay frases como estas: "a qué estás jugando", "no juegues con mis sentimientos", "esto no es un juego". Recordad que con la comida no se juega. Recordad la actitud recelosa de los adultos hacia nuestros juegos, puede que tenga que ver con la costumbre de los tahures de hacer siempre trampa.
Si jugar es aprender... ¿qué aprende un niño cuando juega a las tabas? O a policías y ladrones: aprende que los buenos son buenos y cazan a los malos. Pero que si eres malo tienes que escapar, que asumir tu papel y exhibirte después vencido a mayor gloria de tu captor. Qué se aprende con el escondite, o más bien la pregunta sea cómo se soluciona, cómo se borra el tatuaje. Lo han comprobado, mediante robots controlados por redes neuronales y algoritmos genéticos: el juego puede enseñar a comunicarse, la vida enseña a mentir.
No sé cómo se os ocurre preguntarle a Balcius sobre juegos, si él mismo es máscara. Vedle, a lo largo de todo el blog, haciendo de alquimista, invocando poderes inventados y recuerdos de arcilla: jugar a personajes famosos, a las películas, muchos otros juegos. Todo científico, todo mago, es en el fondo un niño o al menos alguien que se ha olvidado de renunciar. Un despistado.
Porque poner final siempre me costó. No sabía nunca cuándo se acababa el juego cuyas reglas siempre inventábamos en el aire, sin precisar nunca nada. Recuerdo ahora con infinita ternura a mis compañeros de juegos intentando imponer sus reglas, tartamudeando y elevando el mentón más y más, ya que no podían elevar más la voz, llegando a inventarse tiempos verbales que significaban poder sobre los hechos pasados.
Y sigo sin saber cómo acabar un juego. La inercia lo arrasa todo. No hay ningún motivo por el que haya mantenido un anonimato simulado, jugando a ir descubriéndome, siempre con trampas.
Siempre se acaban.











11 comentarios:
Tu juego es un juego sin trampas, en el que invitas a participar, su única regla es estar atento siempre a las excepciones
juegos....que fantastica palabra...me siento casi infantil cuando la pronuncio...
Balcius, teneis abandonado el juego de las peliculas...me gustaba, la verdad...no he llegado a participar activamente en ninguno, pero los seguia muy de cerca...
Yo mismo caí, creía poner una trampa en cada juego y no, era todo cierto. Las excepciones. Es eso.
Habrá más juegos de las películas, tengo un par preparados. También más planes (mis preferidos), y recuerdo a todos que están casi todos los juegos abiertos cuando quieran, y si a alguien se le ocurren juegos de películas o cualquier otra cosa que mande y harán crecer esta caja=de=escalera.
Así que leías los juegos de las películas... pero nunca habías comentado como nunu, ¿verdad?
Tengo que confesar que te llevo siguiendo bastante tiempo. "Caí" por casualidad en este blog y si bien al principio no me llamó la atención, tengo por costumbre darme dos vueltas por la zona antes de desechar el sitio. Mi enhorabuena, Balcius, no he dejado de visitaros (permiteme que incluya a todos los que contribuyen con sus ideas) ni un solo dia. Y efectivamente nunca había comentado como nunu, de hecho, nunca había comentado...
Me quedo con el título, Balcius.
Pienso que sin el Juego las Artes no serían Artes, en fin, no serían. Jugar a soñar despierto, a crear otros mundos sonoros, plásticos... Vamos, que para mí la cosa va por " juego, luego existo". Así que, ya he hecho una ojeada a los juegos del pasado y estoy dispuesta a tocar lo que sea...:-)
...y felicidades por La llave de vidrio...!
Pues mi bienvenida, nunu. Y te agradezco que incluyas en la bienvenida a todos los que han leído activamente, siempre me ha parecido que esto era una obra colectiva.
Y no es fácil ser muchos.
Hola marina,... con tu comentario respecto a juegos pasados me has recordado otra acepción de jugar: recrear. En el sentido en que recreas las obras musicales (de nuevo, play): en ese sentido, "toca" palabras pasadas.
- Antes de empezar, haremos un juego. ¡Jugaremos a los Reyes del silencio!
- …
- Bien. Buenas tardes a todos.
- ¡Señora! ¡¡Ha perdido!!
Cierto. He perdido.
Dame un silencio que recubra todos mis silencios, para que no se mueran de frío.
He perdido…
diluyéndome en ese silencio « en que todos los silencios enmudecen ». Viendo crecer, en tantas pantallas, en tantos corazones, el negro, tibio, y bien administrado, grito.
Y regálale tu eterno odio. ¿Cuál será la tonalidad del texto? Será irónico, ¡claro!
Como tú bien dijiste, la excepción confirma la regla.
Muy inteligente, Anónimo. Y muy bellamente escrito.
Siento mucho decir esto, pero soy incapaz de odio (o cualquier otra intensidad). Pídeme a cambio otra prenda.
hoy graniza, se hielan los silencios, pero estos no se derriten al calor de odio, palabra congelada
Caray!.
"...soy incapaz de odio ( o cualquier otra intensidad )."
Leches Balcius, menos mal que todo ésto es ficción...!!!
Porque a la persona que pulsa las teclas le da un repelús esas palabras que pa qué.
Post Silencio: Y se acaban para todos. Diego est décédé.
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