28 enero, 2008

Meu Tempo é Hoje


Intentaba matar el tiempo con el consabido sistema de entretenimiento digital que tienen todos los vuelos intercontinentales. "Consabido", es curioso, sólo he hecho tres vuelos intercontinentales y ya me resulta consabido, consustancial, natural. Es interesante cómo cristaliza poderosamente cualquier acto de ida y vuelta.

Supongo que los conocéis, una pequeña pantalla táctil individual situada delante de cada asiento. Uno puede escoger cuál de las muchas películas escoger, en qué idioma, subtítulos, música, juegos, documentales... El caso es que el sistema de sonido de varios de los asientos no funcionaba, entre ellos el mío.

Estaban pasando por el canal 11 una película-documental sobre Paulinho da Viola, su sonrisa surcada de arrugas y llena del sol de Río parecía más grande que la pantalla. En esa película, convertida en muda por la técnica, cantaba y tocaba junto a Marina Lima, Zeca Pagodinho, Marisa Monte, ...




Yo los reconocía de las portadas de discos, de los afiches de festivales, pero no podía oírlos. Sabía que me estaba perdiendo esa una preciosa versión del Carinhoso.

Creí al principio que era una gran lástima, que tenía muy mala suerte, sobre todo porque durante mi estancia ultramarina tampoco había podido disfrutar de música que me gustara, y de pronto ese caramelo insípido resultaba especialmente cruel.

Y sin embargo me equivocaba. Continué mirando el documental, a Paulinho moviendo sus manos, a todos los músicos vibrando. Surgieron (sugeridos, evocados o recordados, no lo sé, pero surgieron) los rápidos acordes del cavaquinho fluyendo a través del movimiento rápido de la muñeca derecha. Se engarzaron los ritmos viendo el movimiento de los palos sobre cada tambourinho, cada triángulo y agogó, cada surdo y cada pandeiro. De esas gentes articulando con sus labios ágiles fonemas inequívocamente brasileños, de esas manos sobre la cabeza y las ganas de bailar, o tal vez de mis recuerdos de toda aquella música.

Nació el Samba, y podía oírlo a la perfección con los ojos sobre la minúscula pantalla, igual que puedo leerte en la oscuridad con los dedos. Nació el Samba de la nada, del puro deseo de Samba. Como sucede siempre.


Sucede. Lo recuerdas tan bien que te das cuenta de que Proust estaba equivocado, y que había un camino más corto. Mirad abajo, muchos podríais seguir el Clair de Lune de la Suite Bergamasque (Debussy) sin necesidad de oírlo, pongo el ejemplo por conocido, para compartir la siguiente experiencia: un amigo me dijo que posiblemente la mayor catástrofe que me podría suceder era quedarme sordo, porque la música era tan importante para mí. En ese momento me dí cuenta de que era todo lo contrario, puedo vivir sin escuchar ya nada, porque estoy lleno de música.


6 comentarios:

princesadehojalata dijo...

Es la interpretación más bonita de Claro de luna que he escuchado. Volveré a oirla, esta vez con sonido.
Emocionante.

princesadehojalata dijo...

Tampoco queda mal mezclada con Carinhoso, aunque sea rizar el rizo...

marina dijo...

A veces, la música que escuchamos en silencio dentro de nosotros mismos se deshace al materializarse a "fuera"; como cuando soplamos un papel que ha sido quemado y aun podemos leer encima de la lámina de ceniza algunas palabras.
Este no es el caso... :-) , pero ahora, con Debussy, prefiero abrir los ojos cuando cierro los oídos y viceversa.
Salut!

Eloisemoi dijo...

Me has puesto el corazon GLASSÉ yo he tocado la suite Bergamasque AUN la toco...SUBLIME duele contener musica no es tan bello... no es tan ideal...

pdro dijo...

Cuánta belleza.

areadoce dijo...

terá pasado, ten por-vir, hoxe, o teu tempo, o mellor dos tempos! se o cheas do que che enche...

has a-pre-h-endido lo que llevas dentro, sabes a qué sabe, a qué suena, qué se siente, basta el roce de los dedos, sabes reconocerlo