Plan para un Retrato
Aquella joven, la recuerdas, menuda de cuerpo y de facciones agradables, piel brillante de porcelana salpicada de pecas. Transmite una rara mezcla de tranquilidad y júbilo. Inmediatamente te das cuenta de que debes hacerle un retrato.
Ya sabes cómo funciona esto. Igual que planificas cualquier otro tipo de retrato o fotografía, piensas en la luz, el aire, organizas la paleta, encuadras... sobre todo encuadras. En un retrato es posiblemente más importante el límite que el espacio, pues la persona en realidad no porta ese límite. Debes ser hábil con la ficción que entraña todo retrato.
Porque, por supuesto, se trata de capturar su encanto. Precisamente ese "algo", l'allure. Sabes bien que nada de eso queda en una fotografía, o tan siquiera en un recuerdo. Tiene que ser elaborado finamente con dedos orfebres todo el halo mágico artificial puesto que sobre la fotografía formará un ser híbrido, quimera de fotograma y arquetipo teatral que se acercará mucho a un ser humano. Igual que la mancha de rouge escondiendo los labios hacen más boca a la boca.
Nada de lo que digas de ella es ella, por mucho que te empeñes en describir eso que te fascina: esa forma de sonreír que hace flotar en el aire el brillo nacarado, un anfiteatro de perfectos dientes tras el labio superior, el abrir mucho los ojos y el gesto de asentir.
Hay otros momentos que forman su ser y debe haber algo de todos ellos para hacer su retrato. Su forma de sentir vergüenza (colores en las mejillas como los puntos en la diéresis), de ruborizarse del cuello hasta casi la frente. Su forma de hacer el esfuerzo de recordar algo, casi teatral de tan expresivo. La forma de recibir una broma, de contener un disgusto, de disimular un miedo. En fin, eso que somos.
Pero incluso el retrato cubista debe tener un tema. El tuyo procede del abrir los ojos. Una forma de responder sin palabras, sólo abriendo los ojos más allá de lo que recuerdas. Entonces aparece un fulgor, un brillo que no parece posible en unos ojos reales. El gesto es más impresionante por lo largas y densas de las revoloteantes pestañas que se mueven ligeras varias veces, gesto de colibrí, antes de ese otro gesto de supernova, de un abrirse instantáneo de lirios.
Mima la técnica, los detalles. Encuadra.
Con tus manos abiertas delante de tus ojos cerrados encuadra tu recuerdo.
Ambas manos en un plano paralelo al de proyección, índice derecho apuntando a la izquierda y viceversa. Ambos pulgares en ángulo recto con los índices, el derecho apunta abajo y el izquierdo arriba. Cada pulgar se apoya en la segunda falange del índice de la otra mano, y se forma así un hueco rectangular de proporciones áureas donde cabe tanta fracción de mundo, de historia real o inventada, como puedas pensar de una vez.
Alejas y acercas ese marco, mueves a derecha, a izquierda, atrás en el tiempo... ¿Ahí te gusta? Muy bonito. Adelante.
Con ella dentro de tus ojos, dejas caer tus brazos (el marco se ha quedado dentro de tu memoria ahora, como un fosfeno en la retina) y respiras profunda, conscientemente.
Con cada inspiración dibujas ondas cromáticas, construyes un fondo y algo como el recuerdo de un aroma, un perfume o cualquier memoria inaprensible.
Aparte de las manchas concéntricas de color tenue y humo, queda la penumbra del rostro. Dejas libres los músculos del cuello, y la sangre circula ahora con fluidez, haciendo girar luz y sombra sobre el rostro, dibujando facciones centrífugas, metrología de caricias. Cada vez más capilares, luz cada vez rotando más cerca, cubriendo un mayor ángulo sólido. Se dibujan capas superpuestas de estereoscopías de luz sobre la piel.
Prepara ahora tus pinceles, es el momento. Recuerda el sol de Provenza en los lienzos de van Gogh, el aire frío de Cezanne, la luz de los alpes en el Kirchner más viejo. Haz rotar ahora el lienzo de tu memoria gris, mézclalo todo. Fuerzas radiales dispersan las nieblas y todo es inmediatez.
Arroja sobre el centro el fulgor nacarado de ese sonreir, el centro de la noche tibia que duerme dentro de su boca, la noche tibia que se extiende hacia lo que no ves. Constelación dispersa al principio, paralela, más concreta, sonrisa pura flotante de gato de Alicia. De ahí emana la Explosión.
Un gesto enloquecido de pinceladas largas, brillantes, en amarillos y anaranjados. Aun pintando con todas las formas del siena, tierras y todos los tonos tostados, sobre cada pincelada de sombra hay una de luz, y sobre ésta el pincel blanco que extiende la explosión hacia el exterior, como si el reflejo de su sonrisa se extendiera hasta el extremo del cuadro arrastrando el gesto entero. Y más allá.
Porque el retrato no se detiene en el marco, no se detiene nunca. Irradian pinceladas las pinceladas concéntricas de esa Super-Nova, cubre el universo, o tal vez es el universo el que aparece con ella. Las pinceladas claras superpuestas a las oscuras dejan asomar los puntos y los detalles en medio del furor de creación: cada una de las pecas, los brillos en los ojos, los finos labios, y también el gesto de recordar, los matices de la voz, los deseos inconfesos, los momentos de calma. No es su retrato, es ella.
Tu obra la conocerá mejor de lo que la conoces tú. Después de todo, sólo la has visto una vez.











7 comentarios:
Balcius, qué bien empiezas este 2008. Más que bien, fenomenal. Te recomiendo el blog de amart. Un fuerte abrazo.
Buena reflexión sobre la creación y la libertad del artista (creo). Feliz 2008.
Se puede inspirar tal magia a bocanadas, meditativamente, estudiando la proporción de lo sublime... Bellas palabras para que encima suframos irreversiblemente ese misterio. Gajes del oficio.Te invito a un café y me explicas lo inexplicable, jejeje besos.
Tengo envidia de un cuadro...
Me atrae la idea de capturar, limitar, encuadrar... para luego conseguir precisamente lo contrario, extenderse más allá del cuadro, conseguir la explosión de luz que describes.
Desde luego Balcius no te hacen falta pinceles. Estupendo retrato.
Hola Rythmduel. Muchas gracias, tenía notas para este texto desde hace tiempo, las escribí en un avión. Lejos del suelo ves las cosas distintas.
Muy interesante Recaredo. Me gustaría mucho que desarrollaras esa idea, cómo ves esa relación. Es que en realidad siempre que escribo tengo presente el conflicto del creador. Para mí el arte es un imposible, y sólo puedes llegar a él mediante la finta, el requiebro hábil, la ficción. En cuanto a la libertad artística, es siempre una batalla perdida por liberarse de la propia sustancia que usamos para la creación artística. La literatura intenta superar la limitación de la palabra, el cine la limitación de la luz proyectada, la música la limitación del tiempo y el sonido... (marina, la pintura siempre ha intentado salirse del lienzo) El que sea imposible lo hace más interesante.
Olvido, no es que no necesite pinceles... es que no se me dan muy bien.
PD: nunca digo que no a un café.
Un abrazo a todos.
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