Invocación, evocación
Estoy recordando un cuento que leí hace años.
En él, un hombre se encuentra cuidando de un extraño y enorme pichón de algún pájaro, sin habérselo propuesto. Puede que encontrara el huevo y lo cuidara hasta que eclosionó, no estoy seguro.
Lo que recuerdo es una mutación del sentido del cuento, que acompaña al lector durante la historia, que mete de lleno a quien lo lee en los zapatos del extrañado protagonista. Al principio el pájaro es un ser feo y desgarbado, alejado de todo lo humano y de la vida ordenada del tipo, que supongo con corbata. Es sorprendente en qué pocos párrafos cabe la fuerza de la costumbre, el habituarse a un acto, sea cual sea, y hacerlo parte de tu vida, de tu ser. Es increíble en qué pocos párrafos le cogemos cariño al negro y torpe pájaro.
Al principio el protagonista intenta enseñar al pájaro a volar, porque siente que es su obligación. Nadie lo hará si no lo hace él. Además, así ambos recuperarían cierta normalidad en sus vidas.
Al principio es una mezcla de repulsión y responsabilidad, en un acto útil de disciplina que va dando sus frutos poco a poco.
Pronto es todo lo contrario.
Nos encontramos con la conmovedora escena de un hombre serio subiéndose a una mesa, blandiendo las alas y lanzándose desde allí, seguido por el pájaro ya casi de su mismo tamaño. El pájaro repite sus movimientos, lo acepta como su maestro, su referente, se deja guiar. Sabemos entonces que nunca logrará enseñarle a volar, que es una dedicación maravillosamente absurda, bella por lo inútil, por la nobleza del fracaso anticipado. Conmovedor, como todo aquello tan triste.
El cuento es de Kafka. Sé que no debería tomar tan a la ligera un cuento así, y que debería volver a leerlo antes de reseñarlo. Sé que no debería hablar de él como si Kafka fuera amigo mío y me lo hubiera contado en un café, o como si me lo acabara de inventar. Pero es que es esa clase de cuentos, seguro que los conoces. Me gusta más recordarlo que leerlo. He tardado años en evocarlo y de pronto comprenderlo más allá de sus palabras. Cuando continúe borrándose en la memoria, tanto que quede el sentido y se haya perdido el cuento, entonces volveré a leerlo para seguir recordándolo. Estoy convencido de que entonces me volverá a llevar años encontrarle todo su sentido.
Kafka en Checo significa "grajo".











8 comentarios:
De Kafka! de quién si no? Con 14 años me estrenaba en el círculo de lectores y encargué un libro con unas ilustraciones austeras que prometían porque el dibujo dejaba algo inacabado o por contar. El cuento? la metamorfosis; tan inquietante como sus grabados, la perspectiva a ras de suelo del damero de baldosas y los piés de una familia extrañada ante el bicho raro, lo que más me impresionó de aquellas y aún recuerdo (mira que han pasado años!) es la certeza de que el escarabajo Gregorio, sin saberlo, tenía alas bajo su caparazón.
Hacer algo para poder recordarlo.
A lo mejor el pájaro no quería aprender a volar para no tener que volar. Prefirió el hombre con corbata al recuerdo del hombre con corbata porque no sabía que si volaba tendría las dos cosas.
La metamorfosis es un cuento que necesariamente nos cambia, areadoce. La idea de las alas, las plumas y los pájaros son una constante en Kafka, es posible que su apellido le pesara terriblemente. Al menos eso sugiere su carta al padre.
¿Tú crees, princesa? ¿De veras crees en aquello que dicen?, eso de que para tener algo o alguien lo mejor es dejarlo libre. Eso que dicen de las mariposas y otros insectos con alas. A mí no me cabe ninguna duda, pero admito que cuesta mucho creerlo.
Ya que estamos tan kafkianos, cito aquella idea suya: "la jaula salió a buscar un pájaro".
mmmmmmmmm...si,creo. Pero todo depende del pájaro, no de la voluntad del que le enseña a volar. Cuando el pájaro se dé cuenta de a quién pertenece querrá aprender a volar para poder irse y para poder volver. No es que el hombre tenga que dejarlo libre, es que el pájaro tiene que querer. O algo así.
Pues yo no creo en eso de que hay que dejar marchar para retener...eso sería como dejarlo un poco en manos del destino no? como si pensara: "si está escrito, volverá a mi...."
Yo soy mas de luchar por lo que quiero y no quedarme con la sensación de que podría haber hecho algo más...no se...supongo que son difentes formas de ver la vida...y de vivirla....
Un abrazo
A veces parece que la jaula venga a buscarnos. Es posible que, sin darnos cuenta, estemos tirando de hilos invisibles para acercarnosla. Magia del inconsciente, que se derrumba cuando se es consciente del vuelo, de su posibilidad.
Libertad de escoger, volar. Da miedo. Caída libre.
Hay lecturas que me contagian de un sentimiento realmente palpable, que lo siento. Recuerdo que con La metamorfosis el sentimiento que se me impregnó adentro no fue agradable. Como estar en un precipicio sabiendo que puedo volar y no hacerlo. El obstáculo interno que se pone uno mismo adquiere cuerpo, tanto, que la piel se tensa. Entonces lo que separa lo interno de lo externo acaba siendo una molestia, una jaula, rígida.
(bueno...así fue la lectura...un poco resumido, pero la cosa es que este cuento, no sé si me transformó, pero sí que me impactó)
Lo de dejar libre o no para tener o no... mmm...sólo diria que el verbo tener o los posesivos en referencia a cosas materiales o a personas no me gustan mucho... :-)
saludos...!
Ése es el sentido de los cuentos, el juego arquetípico, tarda en fermentar e incluso en ocasiones nunca eclosiona, pero en cualquier caso "ahí queda eso"
A todos los que me demostráis esa relación con las letras, esa forma de leer que es un dejar crecer algo dentro... esa forma de leer que hará germinar lo que hay dentro, tal vez, de mis textos,
feliz día del libro.
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