Hoy
Hoy el cielo se ha llenado de nubes. Por primera vez desde hace tiempo, coincidimos aquí las nubes y yo. Habían estado de visita cuando yo me iba, y al revés.
Delante del sol se mueven tres capas de nubes deshilachadas, a distintas alturas en el cielo. Entre sus huecos se enhebran hilos de luz (á la il Veronesse), que se mueven, aparecen y desaparecen por culpa del deslizamiento desincronizado de las nubes.
Los sonidos de la tarde son tan mortecinos como sus colores. Posiblemente me lleguen teñidos ya. Monótono, musical, rítmico, el canto de un grillo inaugura y acompaña la noche de Agosto. Obsesiva y maniática secuencia de cinco ladridos, un silencio, cinco ladridos... bastante lejos. Un pájaro alterna un patrón de negra, dos corcheas y silencio de negra, con otro más gracil con mordente en la primera nota, siempre con un afinado arpegio mayor. Los ritmos de los tres animales, sencillos en sí, pueden oirse combinados en complejos esquemas polirrítmicos. Se funden, se separan, y hasta su eco parece jugar con el tiempo.
El otro sonido no se funde con los animales, aunque también procede de un animal. Es como si se hubiera escrito en otro idioma. Son los cascos de un caballo, al trote. Es un sonido visual, uno puede imaginarse los saltos y el pequeño tiempo de suspensión de los caballos en el aire, y su caer cargado de cascabeles. Los cascabeles no llegan nunca a alcanzar el ritmo del caballo, por culpa de la inercia. Se quedan en su propia capa transparente de sonido superpuesto. Por la inercia.
Tardo en preguntarme el por qué de un caballo con cascabeles, posiblemente por culpa de la inercia. Al principio lo asumimos todo como natural.
Son las fiestas del pueblo. He ahí el por qué. Lo que pasa es que no sé de qué pueblo. Deduzco que son fiestas porque se logra distinguir una misa al aire libre. El viento trae ráfagas de sonido, el cura da la misa con una cadencia musicada, y la frecuencia de las ráfagas no coincide con la de sus altibajos vocales. El resultado es confuso y complejo: a veces sus impulsos (espíritu) vocales llegan amortiguados, mientras algunos susurros llegan nítidos y potentes. Es difícil seguirle, pero el sermón parece versar sobre las relaciones de pareja entre jóvenes. Dice cosas que no encajan, posiblemente también es causa de la inercia, y del cambio de ritmo.
Con un sencillo movimiento del interruptor adecuado, proyecto todo al plano, y en la tarde tranquila y calma se aplastan más de media docena de polirritmias discordes, nada encaja, nada es sincrónico. Todos los patrones parecen falsos.
Camino absorto hacia un Renault Clio gris perla, matrícula 3688-BCC, o cualquier otra. Observo que el coche salta, tiembla, vibra solo un poco. Al ritmo de mis pasos. Que el suelo lo hace, que los postes de la luz y los muros de piedra vienen hacia mí al ritmo de mis pasos. Que hay un ritmo ahora que lo junta todo, que todo cuanto veo, todo cuanto cabe en mis ojos, camina a mi ritmo. Mis ojos lo salvan del desconcierto.
Por dentro, estoy bailando.










5 comentarios:
Y tu corazón tan rojo, que actúa de metrónomo en este baile tan bonito que has escrito y que yo, ahora, también estoy bailando.
Hermoso, proclamo.
Me encantan textos como éste. Me dicen tantan cosas...Gracias, balcius.
Cuídese esos ojos, que miran tan bien.
en un pueblo, en el campo, en cualquier parte del mundo nos acechan polirítmias esperando su momento para asaltarnos deliciosamente.
qué bueno este contagio...! gracias... (a veces va bien sorber un poco los ritmos sencillos, cercanos, en medio de las selváticas improvisaciones de algunos pájaros... :-)
hasta la vista, balcius!
un beso,
marina
Hermoso, no se qué podría decir, mañana volveré a leerlo a ver si puedo decir algo que merezca este bello fragmento
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