Lo único que nos queda
Siempre queda la duda.
Tal vez durante el breve momento en que el pensamiento se distrae, mientras dejas que la línea de la carretera guíe el movimiento del coche y ni piensas en el camino, tal vez entonces ya te hayas pasado la salida. Pasas el resto del camino preocupado, con la sensación de que todo podría ir mal y de que toda la normalidad y calma esconde una gran mentira.
Es sólo un ejemplo.
Al entrar en un avión, el personal de tierra comprueba el billete, lo pasa por un lector magnético y lo valida. La pantalla dice claramente el destino, pero por si acaso, la azafata no te deja pasar hasta comprobar que tu billete corresponde al avión. Y sin embargo, sucede. Ves a la tripulación de cabina como loca contando tres o cuatro veces los ocupantes, sobra uno, preguntan, buscan... y al fin encuentran al viajero que iba en realidad a Praga y no a Viena.
No podría suceder sino por una inverosímil combinación de casualidades, que incluyan que alguien se confunda de avión, que justo su billete no sea controlado como debe, y que el asiento que tiene asignado resulte estar libre en el otro avión. Y sin embargo, sucede.
Tan sólo hay que añadirle una casualidad más.
Imaginemos que nada llama la atención de la tripulación, que hay un número idéntico de personas del vuelo A en el avión B que del B en el A, todas despistadas, todas con suerte en el cruce de asientos. Las cuentas salen, los errores compensados son otra forma de equilibrio.
Entonces tendremos a parejas de personas con destinos cruzados. Tipo "extraños en un tren" pero involuntarios. Imagina la situación: una señora va a Praga y entra en un avión a Bucarest, amparada por la coincidencia que mencionamos antes. No habla ni checo ni húngaro, posiblemente los dos le suenan igual, así que, ¿cuánto tiempo tardará en darse cuenta de su error? Puede coger un taxi y decir "Sheraton Hotel", algo así, y la llevarán al Sheraton. Pueden pasar horas, o incluso un día entero sin que se de cuenta.
Una vez me sucedió. Esperábamos en el aeropuerto a que un coche de la compañía nos fuera a recoger. Era nuestro primer viaje de trabajo a Inglaterra, lo cual podría servir de disculpa.
No, no puede, la historia es demasiado absurda.
Estábamos indignados porque llevábamos esperando más de una hora y no había coche. Una hora más tarde decidimos coger un taxi y exigir que se nos abonara el importe. El conductor del coche de la compañía fue acusado de no acudir o de estar borracho. Él insistía en que estuvo esperando, tardamos días en comprender algo muy sencillo: nos esperó en Heathrow, nosotros llegamos a Garthwick. Nos engañó la cómodidad de una idea sencilla, "aeropuerto". O la palabra misma. Como nos suelen engañar las palabras más próximas, "casa", "hombre", o alguna aun más peligrosa, como "amigo".
Siempre queda la duda. A veces me despierto sobresaltado de esa tranquilidad cotidiana que decimos "normal" (otra palabra taicionera), pensando que pronto descubriré un nuevo error, un gran fallo que ha sido enmascarado por la homogeneidad de las ciudades extrañas, las gentes extrañas, sus motivaciones y sus movimientos tan ajenos.
Un día cualquiera. Viajo a algún lugar en el que no he estado antes. Sin tiempo para turismo, apenas pasar tres días en un congreso, soltar la charla pertinente, volverme. Preocupación, maletas, taxi, aeropuerto, facturación, tarjeta de embarque, controles, cinturón y reloj porfavor, pasaporte, embarquen urgentemente por puerta B39, no olviden sus efectos personales...
Muchas veces, durante el vuelo me da la impresión de que no he mirado con suficiente cuidado la puerta de embarque, o que me he dejado llevar por la marea humana preocupado más del peso de mi equipaje que de mi destino. Tal vez la rutina me pueda. Y dejo que la línea de la carretera guíe la conducción, despistado de nuevo.
Pero es peor cuando no me doy cuenta, no compruebo el nombre del aeropuerto al llegar, me alojo en el hotel y hasta me quejo si no estoy registrado al llegar, digo que la agencia se encargará de todo y el recepcionista me deja subir pidiéndome disculpas. Soporto el congreso sobre un tema que entiendo sólo a medias, en el que gente de todos lados se esfuerzan en hablar un inglés incomprensible. Intercambio tarjetas con gente que las perderá incluso antes que yo las suyas. Lanzo mis veinticinco minutos de gráficos y tecnicismos a un grupo de gente a la que le importa poco lo que digo, ...
... y sólo entonces, durante el viaje de regreso, me pregunto si no habrá sido todo un gran error. Una inmensa concatenación de casualidades que no sé exactamente en qué momento empezó. Una duda fría y pastosa como lodo. Si no habré estado en un lugar que no era, hablando a quien no debía oír. Si no me habré dejado en el hotel un año entero de instituto, o el recuerdo de un concierto en el parque. Si mientras tanto alguien habrá ocupado mi lugar mi espacio mi vida mi cuerpo. Me miro las manos, sigo preguntándome. Cómo me llamo realmente, ¿me equivoqué de ropa y ella me llevó a donde estoy? Repaso años de mi vida preguntándome en qué momento me pasé la salida.
Al llegar a casa te encuentro, me abrazas, te miro...
... y siempre me queda la duda.











13 comentarios:
Me quedan algunas dudas... pero por lo demas, genial como siempre.
¿Quién escribe la norma sobre el papel de la supuesta tranquilidad? ¿Hasta qué punto un error es un acierto y viceversa?
Pero la duda, curiosamente, esta sensación que tan bien describes, Balcius, creo que es una de las más seguras, o fiel, de todas.
Podría decir que la duda siempre está ahí, como la sombra. Ponerle nombre, palabras, ir más allá de “duda”, eso es ponerse cara a cara con ella, y aquí sí que hay que ser valiente, no con la duda en sí (lo que representa), sinó valiente con uno mismo.
...
Hay, en una paleta, de momento (puedes añadir más si quieres) tres colores: la conciencia, la inconsciencia y la rutina. La última no dudo en dejarla aparte, pero las otras...caray... ahí me pillaste... :-) ¿qué tal un collage bicolor?
saludines de domingo
con sonrisa de luna.
Siempre queda la duda, pero antes que ésta está el momento, te puedes reinventar ante la duda ¿no?
Me quedo con esta frasecita que encierra tanta verdad "los errores compensados son otra forma de equilibrio"
Muy buena tu disgresión sobre la duda eterna de quienes somos y hacia donde vamos.
Besos
¿Y si pasar esa salida "correcta", si perder ese avión o llegar a un destino inesperado por "error" nos trae algo inimaginable y maravilloso que vivir? ¿Y si el "amigo" o lo "normal" deja de serlo permitiendo el paso a nuevas transparencias? ¿Y si equivocarse no es otra cosa que un pasito más en el camino y es lo mejor que se podía-sabía hacer en cada momento? ¿Y si alguien ocupa nuestras vidas, nos ocupa y nos empuja a reencontrarnos? Um... Disculpa que te traslade todas esas preguntas que despertaron a borbotones con tu texto (jeje... me guardo algunas!!)
Un abrazo y ¡GRACIAS! :-) De veras...
Todo es muy relativo.... lo que parece una decisión probablemente es un error y viceversa. Divertido, no?
profundo...
me gustó el blog.
Salu2
Cuando llegáramos a casa, deberíamos estar desnudos. Que para éso es nuestra casa. Entonces los abrazos, muchos, de ojos, no nos traerían dudas. Las letras de arriba serían sólo letras.
NOICANEILA
Buenas, sigo por aquí pero me han cambiado el ordenador en el trabajo y ahora tengo más restringido internet y no me deja postear. Me ha gustado mucho esta entrada, como siempre por la capacidad de expresión y por el contenido claro está. Me gusta también ese periodo en el que conformo mi opinión, aunque a veces la fermentación de las ideas se haga un poco larga. Ese vértigo lo describiría con una palabra: alienación. Fruto del capitalismo que nos rodea. Una nota: suele pasar que cuando no te das cuenta de la salida es porque algo te atrajo o distrajo tu atención.
Un Saludo RS.
P.D. No te preocupes, hay salidas que no merecen la pena ni acordarse de que te las pasaste.
Firmado RS.
Quiero decir otra cosa también. Tu eres de las personas que estan luchando para que la cultura no se erosione, para romper la monotonía y el conformismo. Quien más sufre la alienación y quién más la combate. Eso en estos tiempos es muy valioso, no me cansaré de darte las gracias a ti y a mucha gente que está contigo, aunque no este a tu lado. Fuiste un oasis en el desierto, que más tarde resultó no ser un espejismo. Ánimo y no te rindas en tus propositos Balcius.
Un saludo, RS
P.D. Cuéntaselo a aquel del que vas de la mano
actualiza!
Lo mismo digo, ¿te pasa algo? claro que si te pasa no vas a contestar...
leo
Publicar un comentario en la entrada