28 enero, 2008

Meu Tempo é Hoje


Intentaba matar el tiempo con el consabido sistema de entretenimiento digital que tienen todos los vuelos intercontinentales. "Consabido", es curioso, sólo he hecho tres vuelos intercontinentales y ya me resulta consabido, consustancial, natural. Es interesante cómo cristaliza poderosamente cualquier acto de ida y vuelta.

Supongo que los conocéis, una pequeña pantalla táctil individual situada delante de cada asiento. Uno puede escoger cuál de las muchas películas escoger, en qué idioma, subtítulos, música, juegos, documentales... El caso es que el sistema de sonido de varios de los asientos no funcionaba, entre ellos el mío.

Estaban pasando por el canal 11 una película-documental sobre Paulinho da Viola, su sonrisa surcada de arrugas y llena del sol de Río parecía más grande que la pantalla. En esa película, convertida en muda por la técnica, cantaba y tocaba junto a Marina Lima, Zeca Pagodinho, Marisa Monte, ...




Yo los reconocía de las portadas de discos, de los afiches de festivales, pero no podía oírlos. Sabía que me estaba perdiendo esa una preciosa versión del Carinhoso.

Creí al principio que era una gran lástima, que tenía muy mala suerte, sobre todo porque durante mi estancia ultramarina tampoco había podido disfrutar de música que me gustara, y de pronto ese caramelo insípido resultaba especialmente cruel.

Y sin embargo me equivocaba. Continué mirando el documental, a Paulinho moviendo sus manos, a todos los músicos vibrando. Surgieron (sugeridos, evocados o recordados, no lo sé, pero surgieron) los rápidos acordes del cavaquinho fluyendo a través del movimiento rápido de la muñeca derecha. Se engarzaron los ritmos viendo el movimiento de los palos sobre cada tambourinho, cada triángulo y agogó, cada surdo y cada pandeiro. De esas gentes articulando con sus labios ágiles fonemas inequívocamente brasileños, de esas manos sobre la cabeza y las ganas de bailar, o tal vez de mis recuerdos de toda aquella música.

Nació el Samba, y podía oírlo a la perfección con los ojos sobre la minúscula pantalla, igual que puedo leerte en la oscuridad con los dedos. Nació el Samba de la nada, del puro deseo de Samba. Como sucede siempre.


Sucede. Lo recuerdas tan bien que te das cuenta de que Proust estaba equivocado, y que había un camino más corto. Mirad abajo, muchos podríais seguir el Clair de Lune de la Suite Bergamasque (Debussy) sin necesidad de oírlo, pongo el ejemplo por conocido, para compartir la siguiente experiencia: un amigo me dijo que posiblemente la mayor catástrofe que me podría suceder era quedarme sordo, porque la música era tan importante para mí. En ese momento me dí cuenta de que era todo lo contrario, puedo vivir sin escuchar ya nada, porque estoy lleno de música.


25 enero, 2008

Ratas, lobos y un llavero de plata


Se ha fallado el II Premio de Relato Mínimo DIOMEDEA. Recomiendo a todos mis lectores que se animen a participar en esta iniciativa, las reglas impuestas (escribir un relato de entre 100 y 200 palabras) estimulan extraordinariamente la capacidad creativa. Es una extensión muy difícil, y suelen resultar en relatos muy efectivos, como puede verse en todos los ganadores y mencionados de la primera entrega del Premio.

El autor de este blog ha resultado finalista de la segunda edición, con el relato siguiente:

Finalista del II Premio de Relato mínimo Diomedea

LA LLAVE DE VIDRIO



CADA OBJETO ocupa una de sus ubicaciones posibles. Una regla obvia, pero que una sola excepción transformará en necesaria.
Supongamos a Zbigniew, posible albañil polaco. Es creíble verle cortando una hogaza de pan. Su hijo mayor pone la mesa, su esposa corta verdura para la sopa.
Es justo entonces. El cuchillo tropieza con algo sólido y produce un ruido inesperado, una desagradable resistencia a ser cortado, un escalofrío. Zbigniew escudriña con dos dedos la miga del pan, su hijo se asoma con curiosidad mientras comentan el descubrimiento: un llavero de plata, dos llaves y las iniciales J. N.
«¿Has visto, Magda?» Su mujer no se gira ni responde. Finge interés en sus verduras mientras su hijo aventura hipótesis y él lo mira pensativo.
Veinticuatro horas más tarde se agota el misterio. Zbigniew está tan cansado que ya ni siente tristeza. Un plan previsto, una señal colocada por el panadero. Magda y Janus se fugaron esa misma mañana.
Sin pensar en nada, como un autómata, pela una naranja en espiral. Al separar los gajos, encuentra un anillo de oro.
La llave de vidrio es propiedad de © Pablo M. Romero 2007.




Un finalista más y por supuesto el primer premio completan el fallo:


Finalista del II Premio de Relato mínimo Diomedea:
Título: Lobos
Autor: David González Torres
(Santa Cruz de Tenerife, 1970).

Bitácora: El hueco del viernes


LOBOS



CUANDO MARKUS ME LO CONTÓ, le creí; quizás porque escondía en las bocamangas sus manos velludas, quizás por la tristeza en sus ojos, al tercer vaso de güisqui.
—Fíjese, tanto tiempo solos y, sin más, a ella y a mí —su amado hermano de aullidos—, nos sacaron del bosque.
Le acerqué otro güisqui.
—Recuerdo también una camioneta, mordazas, la ciudad, una habitación. Sí, recibíamos palos o carne caliente; agua o latigazos. Que abrirían nuestras jaulas, dijeron, si no les mordíamos. Ni gruñimos una noche. Cumplieron de madrugada. Nos lavaron, nos vistieron, calzaron y peinaron. Ya nos habían adiestrado para caminar erguidos. Imagine lo demás.
Imaginé, en silencio.
—También nos olvidaron los periódicos. Entonces, nos enseñaron a pronunciar palabras tan estúpidas como techo, sofá, calefacción, vacaciones. «Todo esto es vuestro: disfrutad». Luego, nos abandonaron en aquella casa. Y ocurrió. Supongo que apenas despertábamos olisqueándonos, lamiéndonos las caras por los rincones. Ni siquiera escapábamos por la ventana para aullar a la luna.
Mientras Markus lloraba, dejó de hablar.
—¿Y ella? —pregunté.
Encorvado, arañando con educada melancolía la barra del bar, susurró:
—Mire, sólo espero que, en el bosque, no me añore, como para arrepentirse tanto como yo lo hago, noche a noche.
Lobos es propiedad de © David González Torres 2007.


Ganadora del II Premio de Relato mínimo Diomedea
Ganadora del II Premio de Relato mínimo Diomedea:

Título: Mamá
Autora: Ana Pino
(Madrid, 1988).

Bitácoras: No se pisa la hierba y El cazador de moscas


MAMÁ



—MAMÁ —DIGO.
La he atado a la silla, con los ojos vendados, allí en medio de la habitación de los cachivaches. La vacié antes, sí, la habitación. Sólo dejé en la pared aquellos estúpidos platos de porcelana que mamá compraba rotos en el Rastro y que luego unía con miel caliente.
La he atado a la silla, iba diciendo, y me he traído las ratas. Las tengo en los bolsillos. Siete, siete exactas y bullen.
—Mamá —digo.
Gira la cabeza hacia mi voz. Ahora es cuando podría tratar de decir algo, de convencerme ¿de qué? No sé, sólo de convencerme.
Huele las ratas y se estremece.
—Mamá —digo.
Se estremece.
Bajo una rata al suelo. Dejo que corretee. Las esquinas están vacías y vuelve pronto al centro, a la silla, entre las patas, entre sus pies.
—Mamá —digo—. Mamá.
Mamá es propiedad de © Ana Pino 2007.

23 enero, 2008

Del Juego como una de las Bellas Artes


Habéis hecho observaciones muy interesantes al texto anterior, muy pertinentes. Habéis leído esa palabra, "juego", tan jugosa. Su pronunciación exige el gesto de estallar la sonrisa.
Tanto es jugosa, que parece haberse perdido la segunda palabra: "perdido".

El juego de Cortázar tiene mucha enjundia. No sólo es un desafío a las reglas de la realidad (escribir siempre lo es), sino que es el más serio alegato a la justicia y dignidad de los pueblos disfrazado de cuento truculento que se disfraza de cómic. Y el cómic, claro, no es cosa seria. Es cosa de críos.

Primera definición flexible de juego: cosa de críos.

Segunda definición flexible de juego: disfraz.

Tercera definición flexible de juego: aprendizaje vital.

Cuarta quinta sexta, cada una en su sitio, cada una en su papel.

Puede parecer que no vale la pena jugar cuando uno sabe de antemano que siempre pierde. ¿No vale la pena vivir entonces? Es casi peor convertir el fracaso en una historia épica que en una historieta: se toma le toma a uno en serio, y luego tiene uno todo el derecho de olvidar todo eso.

Jugar en el mundo adulto es otra cosa, siempre. Los desequilibrios proceden de que los niños juegan poco y los adultos mucho: el juego adulto es la ludopatía, la impostura, el disfraz.

Cada una su papel.

Jugar, en muchos idiomas, es lo mismo que representar, actuar. Nada de malo en ello, pero de nuevo la connotación negativa que es la madre del pecado: la representación de un papel como negativo porque se nos supone naturalidad (una pose detestable, eso de la naturalidad fingida). Tan triste como esa vergüenza porque nos pillen jugando o mirando cómics, y que la pasajera rubia piense "tan grandote y todavía con esas cosas".


Se pregunta si es igual jugar que vivir, o si jugamos a vivir lo que nos ha tocado en el reparto de papeles. Pero vivir hacia los demás requiere parte de actuación, de juegos de manos y palabras, de baile de disfraces. No es ninguna casualidad que todos sintamos que los demás están seguros de a dónde van, y nosotros nos veamos perdidos. Es que damos imagen de seguridad hacia el exterior para no ser arrasados, pero el mundo es -queridos, creedme- un lugar en que todos andamos a tientas. Es bueno saberlo y tendernos la mano en la oscuridad.

Me pregunto si de veras no estamos ahora disimulando nuestro desconcierto ante el mundo adulto (los que tenemos menos de sesenta años, quiero decir). De pronto se encienden las luces y estamos en escena, no conocemos el papel pero nos hacemos los adultos, tras la máscara para que no se note que estamos muertos de miedo. De acuerdo, no sé vosotros. Pero yo sí lo estoy. La pregunta es esa, si es distinto el juego de los niños al nuestro, si alguna vez nos sumergimos en la vida viviéndola o siempre estamos en un juego de simulaciones.

Es que además, la palabra tiene connotaciones negativas en el ámbito social adulto. Creo que es un mal síntoma, un desgaste voluntario de la palabra incómoda porque nos desnuda. Ya sabéis, hay frases como estas: "a qué estás jugando", "no juegues con mis sentimientos", "esto no es un juego". Recordad que con la comida no se juega. Recordad la actitud recelosa de los adultos hacia nuestros juegos, puede que tenga que ver con la costumbre de los tahures de hacer siempre trampa.

Si jugar es aprender... ¿qué aprende un niño cuando juega a las tabas? O a policías y ladrones: aprende que los buenos son buenos y cazan a los malos. Pero que si eres malo tienes que escapar, que asumir tu papel y exhibirte después vencido a mayor gloria de tu captor. Qué se aprende con el escondite, o más bien la pregunta sea cómo se soluciona, cómo se borra el tatuaje. Lo han comprobado, mediante robots controlados por redes neuronales y algoritmos genéticos: el juego puede enseñar a comunicarse, la vida enseña a mentir.

No sé cómo se os ocurre preguntarle a Balcius sobre juegos, si él mismo es máscara. Vedle, a lo largo de todo el blog, haciendo de alquimista, invocando poderes inventados y recuerdos de arcilla: jugar a personajes famosos, a las películas, muchos otros juegos. Todo científico, todo mago, es en el fondo un niño o al menos alguien que se ha olvidado de renunciar. Un despistado.

Porque poner final siempre me costó. No sabía nunca cuándo se acababa el juego cuyas reglas siempre inventábamos en el aire, sin precisar nunca nada. Recuerdo ahora con infinita ternura a mis compañeros de juegos intentando imponer sus reglas, tartamudeando y elevando el mentón más y más, ya que no podían elevar más la voz, llegando a inventarse tiempos verbales que significaban poder sobre los hechos pasados.

Y sigo sin saber cómo acabar un juego. La inercia lo arrasa todo. No hay ningún motivo por el que haya mantenido un anonimato simulado, jugando a ir descubriéndome, siempre con trampas.

Siempre se acaban.

10 enero, 2008

Juego perdido


A los que habéis disfrutado de la maravillosa entrevista a Cortázar que os proponía en mi anterior carta blanca, quiero haceros un regalo.

No sé si os lo merecéis, porque aun nadie me ha dicho nada de mi ansiado vídeo, ni si lo reconoce, ni si lo recuerda o sabe dónde lo ha visto, dónde puede encontrarlo. Pero precisamente por eso, os lo regalo. Porque los regalos inmerecidos son los que mejor saben.

Se trata de ese extraño librito del que habla el propio Cortázar durante la entrevista. Él se encontró a sí mismo caricaturizado en un cómic de gran difusión en América Latina, y revirtió la anécdota, retorció la realidad y la ficción de esa forma tan suya, para incorporar ese cómic a su relato, o al revés. No está claro. La cuestión es que en efecto su relato, recogiendo de alguna forma los resultados del proceso del II Tribunal Rusell, se disfrazó de cómic para lograr llegar a mucha gente. Por su presentación poco seria, hoy día es difícil de encontrar, también porque no gusta el Cortázar más político. No es nada fácil encontrar hoy una copia en una biblioteca o en una librería.

Sin embargo es una obra interesante por el triple o cuádruple salto mortal que hace en su forma de batir realidad increíble con ficción plausible. Y porque la fábula que cuenta no tiene una gota de mentira.

El formato del libro lo hace especialmente adecuado para internet, y nunca agradeceré lo suficiente a quienes se han tomado el trabajo de transcribirlo con trucos tipográficos, esquemas y viñetas incluídas.


He aquí el vínculo:
FANTOMAS CONTRA LOS VAMPIROS MULTINACIONALES

También aquí: El tribunal Rusell II



Es sólo un juego. Va muy en serio.

08 enero, 2008

La poca memoria (escrito con la entraña)


No me gustan demasiado estas cosas. De pronto echarse en cara viejos pecados aprovechando que se nos vienen encima las elecciones, es inmoral. Como eso de recordar ahora lo corrupto que es nosequién o lo inepto que es aquel otro; tan sólo hace cómplice a quien lo ha callado durante todo este tiempo, guardándose el tema hasta las elecciones.

Como los que de pronto se acuerdan de Carlos Fabra, que no sé si sigue en activo porque da mala imagen al contrario. Como los que atacan ahora con la horrible, terrible, catastrófica situación económica. Que sí, que las cosas están difíciles, pero llevan así mucho tiempo y nos acordamos de pronto, sacamos de quicio los problemas en vez de intentar resolverlos: Fabra a la carcel y tarifas profesionales para combustibles a cambio de control en los precios del transporte.

Si no me gustan esas formas de remover palabras y hechos antiguos en vísperas, ¿por qué pongo este video a continuación? Porque creo que hace falta.








Además de que está bastante bien hecho, es que hace falta. Lo que se hizo hace cuatro años, y luego se siguió durante tres años y pico más con la misma canción, fue sugerir con la mayor alegría cosas absolutamente infames. Que la policía había ayudado a falsificar pruebas para encubrir a un partido político. Que ese partido político se había servido de un atentado para llegar al poder. Hablamos de doscientos muertos, según estos señores la Moncloa estaría manchada de la sangre de doscientas personas. No los acusan de robar, sino de asesinato múltiple, entiéndanme, entiendan por qué no puedo quedarme como si nada.

Es el comportamiento más miserable y rastrero que puede darse en democracia, y el más peligroso: negarle la legitimidad al gobierno, al proceso electoral, a la decisión de las hurnas, a los jueces, a la acción policial y todos sus responsables, al sistema completo. Y todo de un plumazo y sin despeinarse (Zaplana y Acebes, nunca los ví despeinados).

No entendería que esto quedara impune, ahora que hay una sentencia judicial firme y que la verdad judicial (que en un sistema democrático equivale a decir la verdad) demuestra que, naturalmente, ni la policía ni ningún partido político nacional está implicado en semejante masacre. No entendería que quedaran impunes todos, por más talante o voluntad de olvidar que haya por parte de los ofendidos. Es de justicia que se reconozca, al menos, lo grave que fueron esas acusaciones y se rectifiquen.

Y no es justo que se olviden porque de pronto alguien diga "la leche está cara", el más viejo de los trucos tipo "mira ahí, detrás de tí" para salir corriendo. No puedo creer que caigamos todos tan facilmente. Sólo lo puedo creer porque, la verdad, la leche está carísima. Pero igual, no debemos olvidar que hemos estado oyendo hablar todo este tiempo sólo de estatutos, de ETA, de Navarra, de explosivos plásticos y sus diversos componentes y excipientes, de ácido bórico, ... Dice la oposición que el gobierno ha descuidado la economía, que no se ha acordado de la economía, ¿alguna de sus manifestaciones del sábado por la mañana fueron por algún motivo económico? ¿es que en algún momento se quitaron de la boca a ETA para nombrar al Euro? Culpa de todos,del gobierno blando, de los periodistas y su oportunismo, de una oposición incompetente, ... O tal vez no, tal vez no hayamos podido o querido enterarnos de lo que de verdad ha ido ocurriendo, y nosotros mismos (compradores de periódicos y motores del juego democrático) hemos alimentado este teatro tal y como ha ido desarrollándose.

Sí, creo que el gobierno ha cometido graves errores, y se ha olvidado de lo que de verdad importaba. El programa electoral. Ha hecho concesiones y cedido al chantaje. Al chantaje del PP, al del peor sector del clero, al de la burguesía bienpensante... y además, ha dejado escapar impunes a quienes ha vertido veneno y gangrena contra las más sensibles instituciones del Estado ya de por sí sensible.

Ya que ninguna acción contundente reparará el daño, ya que no va a ser un juez o un decreto el que salve a las instituciones de la estocada mortal, espero que al menos lo haga la mala memoria que han demostrado los españoles. Pronto se olvidará que se han dicho cosas tan graves, y será para bien. Lo malo es que lo que España no guarda en la memoria, lo guarda en la entraña, y tanto la verdad como la mentira se convierten en una forma inextricable de realidad mitológica que ya nunca se podrá extirpar del alma de quien se ha dejado invadir.

No por el bien del PSOE, que por blandos no merecen que se les ayude. No por la condenación del PP, que considero tan sólo una panda de irresponsables que no sabían a qué estaban jugando. Por el bien de todos nosotros. Intentemos este exorcismo por una democracia que nunca, nunca debemos dar por hecha y por segura, que hay que seguir construyendo todos los días.






PD: Como sabéis, hace tiempo que se habla de un posible debate entre los dos principales presidenciables de la nación. La alergia de los unos hacia la televisión pública y el favoritismo de los mismos unos hacia Antena3 sobre otras privadas (sic.) pone en peligro dicho debate, que tal vez no vaya a ser muy divetido -los candidatos no tienen madera de showmen-, pero es muy saludable.
Se ha propuesto como solución imaginativa un debate organizado por los medios digitales, con preguntas propuestas por los internautas. La señal sería cedida a todos los medios que la desearan, en forma de video+audio streaming, con lo que se podría ver directamente en una página de internet o con un reproductor multimedia adecuado. Me gusta mucho la idea, tenemos posibilidades nuevas de un debate más participativo, posibilidades que nos brinda la técnica y que no deberíamos desaprovechar.
Además, ya sabéis que a mí la tele...

Por un debate en internet
PPD: Ya da igual, no hagáis caso.

05 enero, 2008

Carta Blanca


"Todo regalo debe ser un sacrificio"
de Sacrificio, Andrej Tarkowski.



No estoy muy de acuerdo, creo que algunos de los mejores regalos tienen mucho valor para quien lo recibe y suponen poco esfuerzo para quien los da, sólo el mérito de acertar.

Ya que se han hecho las cartas a los reyes, me sumo. No me caen simpáticos, no por llevar la contraria, ni por republicano, sino porque esa pretensión de ser más auténticos más históricos, calcomanías por encima de una biblia que ha quedado sin leer en ese breve fragmento: "llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?". Del oriente de Judea, imposible que fuera uno negro y los otros dos una especie de popes ortodoxos.

Me gusta más pensar en los sabios, no se sabe cuantos, tal vez cuatro, que fueron siguiendo no tanto la estela del cielo (tampoco se menciona nada de ello) sino la palpitación de la historia, a punto de engendrar el mayor de los vuelcos, una gigantesca revolución humana. Me gusta pensar en ellos como en zahoríes de almas.

¿Y para qué querría nadie Mirra? Mejor adelantarse y pedir algo útil.

Me atrevo a pedir algo, algo sencillo pero que llevo tiempo buscando y no he logrado encontrar.

Es un vídeo.

Queda poco de aquella época dorada de la videocreación, los detestados años 80. Recuerdo que era niño y devoraba vídeos musicales, experimentos visuales, videoinstalaciones, ojos ávidos aquellos. Escapaba a la disciplina de las horas para ver en la televisión (la 2) aquellos programas cargados del más atrevido Avant Garde visual, sonoro, plástico. Aquello lo ví algo más tarde, cuando estaba algo desencantado de la videocreación ligada a la música pop y buscaba cosas más pretenciosas. Y sin embargo fue un video musical el que me devolvió el ansia por mirar de otra forma.




Fue en Metrópolis (todavía existía), en 1993 si no me equivoco. Hacía frío, y la canción era "Look what the cat drug in", de Michael Penn. El vídeo era un increíble trabajo de orfebrería onírica, de mano de los hermanos Quay, fue mi primer contacto con su forma de ver las cosas.

Llevo mucho tiempo buscándolo, si alguien sabe cómo conseguirlo, que me lo haga saber y seré feliz.


Por mi parte, os regalo una entrevista a Julio Cortázar en la que él está extraordinario conforme avanza y se va sintiendo más cómodo. Por vuestra parte, regalaos las dos horas que dura, para disfrutarla y dejaros penetrar por esa voz, esas palabras.

03 enero, 2008

Plan para un Retrato


Aquella joven, la recuerdas, menuda de cuerpo y de facciones agradables, piel brillante de porcelana salpicada de pecas. Transmite una rara mezcla de tranquilidad y júbilo. Inmediatamente te das cuenta de que debes hacerle un retrato.

Ya sabes cómo funciona esto. Igual que planificas cualquier otro tipo de retrato o fotografía, piensas en la luz, el aire, organizas la paleta, encuadras... sobre todo encuadras. En un retrato es posiblemente más importante el límite que el espacio, pues la persona en realidad no porta ese límite. Debes ser hábil con la ficción que entraña todo retrato.

Porque, por supuesto, se trata de capturar su encanto. Precisamente ese "algo", l'allure. Sabes bien que nada de eso queda en una fotografía, o tan siquiera en un recuerdo. Tiene que ser elaborado finamente con dedos orfebres todo el halo mágico artificial puesto que sobre la fotografía formará un ser híbrido, quimera de fotograma y arquetipo teatral que se acercará mucho a un ser humano. Igual que la mancha de rouge escondiendo los labios hacen más boca a la boca.


Nada de lo que digas de ella es ella, por mucho que te empeñes en describir eso que te fascina: esa forma de sonreír que hace flotar en el aire el brillo nacarado, un anfiteatro de perfectos dientes tras el labio superior, el abrir mucho los ojos y el gesto de asentir.

Hay otros momentos que forman su ser y debe haber algo de todos ellos para hacer su retrato. Su forma de sentir vergüenza (colores en las mejillas como los puntos en la diéresis), de ruborizarse del cuello hasta casi la frente. Su forma de hacer el esfuerzo de recordar algo, casi teatral de tan expresivo. La forma de recibir una broma, de contener un disgusto, de disimular un miedo. En fin, eso que somos.

Pero incluso el retrato cubista debe tener un tema. El tuyo procede del abrir los ojos. Una forma de responder sin palabras, sólo abriendo los ojos más allá de lo que recuerdas. Entonces aparece un fulgor, un brillo que no parece posible en unos ojos reales. El gesto es más impresionante por lo largas y densas de las revoloteantes pestañas que se mueven ligeras varias veces, gesto de colibrí, antes de ese otro gesto de supernova, de un abrirse instantáneo de lirios.

Mima la técnica, los detalles. Encuadra.

Con tus manos abiertas delante de tus ojos cerrados encuadra tu recuerdo.

Ambas manos en un plano paralelo al de proyección, índice derecho apuntando a la izquierda y viceversa. Ambos pulgares en ángulo recto con los índices, el derecho apunta abajo y el izquierdo arriba. Cada pulgar se apoya en la segunda falange del índice de la otra mano, y se forma así un hueco rectangular de proporciones áureas donde cabe tanta fracción de mundo, de historia real o inventada, como puedas pensar de una vez.

Alejas y acercas ese marco, mueves a derecha, a izquierda, atrás en el tiempo... ¿Ahí te gusta? Muy bonito. Adelante.

Con ella dentro de tus ojos, dejas caer tus brazos (el marco se ha quedado dentro de tu memoria ahora, como un fosfeno en la retina) y respiras profunda, conscientemente.

Con cada inspiración dibujas ondas cromáticas, construyes un fondo y algo como el recuerdo de un aroma, un perfume o cualquier memoria inaprensible.

Aparte de las manchas concéntricas de color tenue y humo, queda la penumbra del rostro. Dejas libres los músculos del cuello, y la sangre circula ahora con fluidez, haciendo girar luz y sombra sobre el rostro, dibujando facciones centrífugas, metrología de caricias. Cada vez más capilares, luz cada vez rotando más cerca, cubriendo un mayor ángulo sólido. Se dibujan capas superpuestas de estereoscopías de luz sobre la piel.

Prepara ahora tus pinceles, es el momento. Recuerda el sol de Provenza en los lienzos de van Gogh, el aire frío de Cezanne, la luz de los alpes en el Kirchner más viejo. Haz rotar ahora el lienzo de tu memoria gris, mézclalo todo. Fuerzas radiales dispersan las nieblas y todo es inmediatez.

Arroja sobre el centro el fulgor nacarado de ese sonreir, el centro de la noche tibia que duerme dentro de su boca, la noche tibia que se extiende hacia lo que no ves. Constelación dispersa al principio, paralela, más concreta, sonrisa pura flotante de gato de Alicia. De ahí emana la Explosión.

Un gesto enloquecido de pinceladas largas, brillantes, en amarillos y anaranjados. Aun pintando con todas las formas del siena, tierras y todos los tonos tostados, sobre cada pincelada de sombra hay una de luz, y sobre ésta el pincel blanco que extiende la explosión hacia el exterior, como si el reflejo de su sonrisa se extendiera hasta el extremo del cuadro arrastrando el gesto entero. Y más allá.

Porque el retrato no se detiene en el marco, no se detiene nunca. Irradian pinceladas las pinceladas concéntricas de esa Super-Nova, cubre el universo, o tal vez es el universo el que aparece con ella. Las pinceladas claras superpuestas a las oscuras dejan asomar los puntos y los detalles en medio del furor de creación: cada una de las pecas, los brillos en los ojos, los finos labios, y también el gesto de recordar, los matices de la voz, los deseos inconfesos, los momentos de calma. No es su retrato, es ella.

Tu obra la conocerá mejor de lo que la conoces tú. Después de todo, sólo la has visto una vez.


02 enero, 2008

Curso elemental de política, historia, pedagogía y ética


Lo importante es el Hombre.