30 marzo, 2010

Textos legales


ALEGATO


Esto no es un texto.


Pronto volveré a escribir, pronto volverán las esculturas de sombra y ciertas vibraciones. El vértigo de la caída, viejas sorpresas en nuevos recuerdos. Pronto florecerán de nuevo los peces en el aire tan sólido de lo nunca dicho. Pero debe hacerse poco a poco, y por eso, esto aún no es un texto.


Podéis alegar que todo lo escrito es literatura, y que un buen actor puede hacernos llorar leyendo los ingredientes de unas galletas con chocolate. Que la emoción no está en lo escrito sino en la palabra, que la palabra es ubicua y hasta al silencio se le nombra.


No me sirve. Existe la palabra que escapa al texto, como un personaje perdido del Coro griego. Existe y no sé cuál es, pero en el transcurso de este proceso voy a demostrarlo ante este Jurado, igual que encontré en su día el texto sin autor, que se escribe a sí mismo, o el mismísimo Nombre de Dios... son sólo palabras, no es tan difícil.


Nadie es capaz de una desafección tal que no deje trozos de piel en todo lo dicho. Nadie puede usar las palabras del diccionario, pues la piedra se rompe al intentar doblarla. Nadie puede escapar al tejido de íntimas relaciones del cosmos, que a todos nos ata en una cosquilla de vértigo y un vacío de muerte. Nadie puede escribir y no entregarse en lo escrito, irremediablemente vulnerable, para siempre vencido. No se puede escribir algo que no sea un texto... y sin embargo esto no es un texto.


Y si fuera un relámpago, si se hiciera todo luces contra el NO, si arrancara chispas de silencio a cualquier negro vacío, si inundara la memoria y los libros, incluso así no serviría. Es solo una renuncia.



DEFENSA


Desde luego no es fácil justificar mi actitud. Escribir una loa al suicidio y acto seguido desaparecer, no es lo que se dice considerado hacia el lector.


Sin embargo, las respuestas generales han sido de muy buen sentido del humor y una apertura de miras encantadora. Quiero comentar alguno de los apuntes que me habéis ido dejando en los últimos meses, en defensa de mi postura inicial, que sin duda se verá desbordada por lo original de vuestras interpretaciones. Sobre todo la pregunta, no sé si a cuento, ¿por qué un pez?


Hermosa la idea de novengoenningunlibro, creo que es un buen motivo para que un pez luchador aparezca en este texto, el pez que agrede a su propia imagen, como el suicida que quiere acabar con aquello que reconoce al verse. Una forma de proteger a los suicidas es separarlos de su imagen. En todo caso, por qué proteger a los suicidas. Por lo mismo que protegemos a los peces luchadores, resulta que son bellos.


Marina habla de la imagen: "acariciar dentro del mar un cabello largo y suelto, como las algas, como el tacto de este otro jardín". Lo dice así, con letras pequeñas y redondas. Yo, que soy amante de cristales y agujas minerales, devuelvo la imagen a la palabra afilada, y añado una referencia a la bibliografía: "El río" de Julio Cortázar: "parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena". Las aletas del pez, como cabellos enredados entre algas, flotando los móviles cabellos de una mujer ahogada en un río. Afilada, pero hermosa imagen, como lo son los rituales del suicidio que Bendicó, asistiéndolos casi monacalmente, transforma en liturgia propiciatoria.


Y está areadoce, con un relato que tiene el poder de las palabras pensadas, más que el de las palabras escritas. Es más que un comentario, transforma mi texto y da verdadero sentido a la imagen del pez. Tu historia del pez suicida conserva el inmenso misterio que representó una vez para alguien tan pequeño, e inyecta su misterio en un universo que hemos olvidado sentir ajeno, extraño, hostil, como peces fuera del agua, y nos acerca una posibilidad de escape, una esperanza. Una salvación, una mano, otro suicida. Para salvar a los suicidas, todos tenemos que aceptar nuestro impulso de saltar de la pecera, una proyección astral, otra forma de salir de aquí.


Después, al fondo, muy al fondo, un despertar.

Y están también todas las protestas, algunas de ellas automáticas. Tal vez todas.



LEY DE VIDA


La acera mojada, como un río rizado de cemento reflejando el color del cielo. Una paloma muerta, pura blandura vencida, yace al borde de un minúsculo precipicio dibujado entre el quicio de una puerta y la más gris de las aceras. Su pico conserva algo de la fuerza de un tópico pacifista, un poco estatua camino de convertirse en escultura surrealista a fuerza de hormigas.


La gente pasaba a su lado esforzándose por ignorarla, por asco al asco, las metáforas muertas son las más difíciles de pronunciar. Su indiferencia fingida los hacía incoherentes con la escena. La gente así, pasando sin inmutarse al lado de una paloma muerta un día gris, da a la escena un aire de cuadro de Magritte.


A un metro de distancia, un hombre con gabardina cerraba su paraguas, como quien enfunda un arma.




DENUNCIA


Llevo unos años pensando en escribir sobre algunas de las cosas que el bipartito gallego había logrado hacer en su última etapa, cuando de pronto, è partito.


Y no queda nada. Iba a hablar de pequeños, a veces inútiles, esfuerzos por cambiar la cara de algunos aspectos tan pegados a la piel de Galicia que parecían Galicia misma. Y no, eran una tierra mitológica, un poco al modo de Torrente Ballester, tal vez un mapa de aquellas tierras tan parecido a la ficción que podía ser habitado. Y llegan las Galiescolas, nuevas leyes de costas, las ganas de hacer las cosas y la muerte del dragón.


El dragón es ese monstruo que sustituye a los miedos originales, a los miedos que cayeron del cielo en beneficio de los señores, de los dueños de los castillos. A las guerras, a las hambres, a los bárbaros de los pueblos próximos. Es interesante que cuando los miedos pasan y los señores podrían ser derrocados, los propios villanos (humillándose a sí mismos en su villandad) ayudan a crear nuevas justificaciones que cubran su vergüenza servil. El mecanismo (espíritu de la colmena) del consciente colectivo crea el dragón, y los señores mantienen un siglo más de supremacía en la búsqueda de un improbable San Jorge. En Galicia, desde los años 80, el dragón se llama Bloque Nacionalista Galego.


Era un partido que todos admitían necesario y meritorio (y AP -luego PP- se alimentaba de él de manera dialéctica), pero que muchos, muchísimos, lo temían como a un demonio, considerándolo incompatible con la tarea de gobierno. Pues bien, apareció el BNG en bipartito, en el Gobierno de Galicia, se portaron bien, no tenía dientes ni cuernos... y por desgracia el dragón es de por sí un animal tímido que vive en guaridas y evita las multitudes. El BNG de la misma forma resultó un partido muy comedido. El bipartito lo era, evitando en todo momento caer en los actos a los que el mito les había predestinado. Los actos por los que, por otra parte, habían sido votados: matar al señor, desmontar la podrida jaula barrote por barrote, hacerlo arder todo para construir sobre las cenizas.


No ha pasado nada. Han vuelto a perder, ha venido Otro (Feijóo es un "no soy Fraga, soy Otro"), y no pasa nada. Es así como funciona, la democracia garantiza un mandatario tan malo como se merezca el pueblo que lo vota. Pero debo denunciar.


Denuncio en primer lugar la política de asfixia del actual gobierno de la Xunta. Asfixia al sistema educativo, a la actividad de I+D, a la salud pública. Denuncio (por haberlo experimentado) la presión política sobre la actividad de los médicos del SERGAS, forzándolos a liberar camas de hospital antes de lo habitual para contener gastos, derivando en riesgos y molestias a los pacientes que son enviados a sus casas. Denuncio también que la maza que sus antagonistas no se atrevieron a blandir, los nuevos ocupantes de la Xunta la están utilizando contra todo lo que se había comenzado anteriormente, denuncio el odio y el mal ganar.


Denuncio aquí también el desánimo, el desaliento, las pocas ganas de soñar. La actitud de todos los que antes los echábamos de menos y luego los echábamos de más. Las excesivas expectativas que pusimos en el cambio, que viéndose cubiertas sólo a medias y con tibieza, nos hicieron sentir traicionados o vendidos. Denuncio que algunos creímos (me incluyo por puro amor a la derrota) que era mejor un mal contundente que un bien insuficiente. Denuncio que cedimos a la tentación que el ansia de castigar lo mediocre optando por la cucharada más grande de la medicina más amarga. Que dejamos de desear y nos abandonamos al mal sueño, a la larga noche de piedra.


Denuncio por último mi propia cobardía, al escribir esta denuncia como un texto de ficción, un cuento de dragones, y traspapelarla entre los párrafos de un larguísimo texto firmado por alguien que no existe.




PROPIEDAD INTELECTUAL Y PLAGIARISMO


Caminar con un automatismo que imita el movimiento humano, iluminando con los ojos-faros un paisaje idéntico al de tu pueblo, proyectando sobre él los colores de la tarde.


De esta misma tarde. Has analizado los colores del cielo y su rápido cambio del gris-añil a un naranja apagado, pasando por la fascinación de un morado con algo de granuloso, un efecto de la sensibilidad de la película a ciertas longitudes de onda. Añadir un poco más de ocre a la mezcla cuando la proyectas sobre las curvas lunas de los coches, para obtener el efecto exacto del reflejo del cielo.


En efecto, mira el cielo, esas nubes. Mirarlas como si estuvieran pintadas. En su mayoría han sido difuminadas con el dorso de la mano en rápidos movimientos expansivos, desde un punto de fuga que coincide con la puesta de sol, hacia los bordes de la imagen en sentido contrario. Una disposición tópica, un tanto gastada, pero bonita. Sobre ellas, demasiado evidente la técnica, algunas están pintadas con un algodón empapado en gouache. En una capa al fondo de la transparencia hay líneas tenues de pastel. Si las miras como si las hubieras pintado tú, dan ganas de quitar algunas.


Escuchar tu propio silbido mientras paseas, como si fuera un silbido sintético. No es difícil hacer un sonido así, una onda en dientes de sierra y algunos armónicos (tienes un silbido algo estridente), y las envolventes que imitan el ligero vibratto, y un toque de ruido blanco. Tocas el teclado y manejas al mismo tiempo los potenciómetros y los controles, divirtiéndote con media docena de rebuscados artificios para hacer sonar el silbido más “natural” (un poco más de ruido, desajuste sutil de la afinación entre los dos osciladores, juego con el portamento, bajar la frecuencia de corte al mismo tiempo que subes el nivel de ruido blanco, como quien silba un poco demasiado fuerte), todo bien mezclado con una grabación de ruido de fondo de la calle, y los pasos, tus propios pasos, con el punto justo de reverberación.


Tienes que dejar de tocar el teclado del sintetizador, porque se te secan los labios.


Y si me besas, porque paseas a mi lado a lo largo de kilómetro y medio de escenografía perfectamente simulada (todos los objetos son planos y tienen las sombras propias y ajenas dibujadas sobre ellos mismos), entonces reconstruir el sabor del beso como quien cocina, con los ojos cerrados mezclar una cantidad exacta de canela, de eneldo, de cúrcuma y esa flor de sal que sabe un poco a lágrimas. Probar un poco, añadir unas gotas de leche de coco, y verter la mezcla sobre algo de pulpa de tamarindo, exactamente esa carnosidad, ese tacto.


Y seguir paseando con la repetición mecánica de todas las acciones, sonidos, paisajes, la conversación predecible hablada con texto predictivo, copypaste, ensamblada con palabras como si fuera dicha de verdad.


Volver a casa y escribirlo en tu blog, como si hubiera sido cierto, como si lo hubieras imaginado.



LA LETRA DE LA LEY


¿Para qué esa tarima, esa distancia? ¿Qué se quiere demostrar?

Lo tengo que leer dos veces para creerlo, porque tal y como lo escucho en las noticias parece que es un ejercicio de ficción, una Guerra de los Mundos radiada por Orson Welles.


Pero es cierto lo que se lee, lo que se escucha, lo que en cada pantalla intenta ser realidad al reconstruir ondas electromagnéticas sometidas a una primorosa postproducción. En un mundo que se parece mucho al nuestro, los niños y jóvenes han sido sustituidos por seres monstruosos. Un mundo distópico que hace pensar en El juego de los Niños (Juan José Plans), o en The Midwich Cuckoos de John Wyndham, ya metidos en ciencia ficción.

Todo es ciencia ficción en el mundo hipertecnificado de las noticias.

Los responsables de raptar a los infantes de la civilización entera y sustituirlos por estos monstruos no son alienígenas ávidos de cerebros, sino periodistas ávidos de extremos.


Y como barrera de contención para que tales criaturas no devoren a su devota docente, se pone una tarima. La tarima es también puente de mando, el recurso del foco y de esa lente anamórfica que se usa con el héroe protagonista que lucha contra las feroces hormigas gigantes. Sólo verla ahí, en la altura, con la bandera ondeando al fondo y su silueta recortada contra la pizarra llena de tiempos verbales y ríos de Europa.


Y si fuera una ridícula película en que las barras y estrellas vencen a pequeños monstruos cabezones, trasuntos de soviéticos alienantes, uno apaga la fuente de ruido y el problema deja de existir. Pero existe un tipo de ficción que sí puede mantenerse ahí y hace el mismo daño. Hay una ficción perversa que cambia la realidad como un sortilegio. Y está en los telediarios.


Y en cada tertulia de café, mediática o no. Y en cada conversación impostada o no, todos parecen obligados moralmente a reconstruir esa ficción. La de que los jóvenes en las escuelas maltratan, humillan y vejan a sus docentes porque su mente ha sido barrida de todo condicionamiento social y, mediante un extraño rayo cósmico llamado ESO. En consecuencia, esa frase que nos asqueaba escuchar a nuestros mayores cuando éramos niños ("los jóvenes de ahora no tienen respeto a nada"), hoy lo repiten más que nunca los que más juraron no decirlo. Eso sí, con variantes sumamente sofisticadas que incluyen palabras indiscutibles (las hay, no se crea), como autoridad, esfuerzo, valores.


La ESO (¿a falta de mejor nombre?) es, en efecto, una poderosa fuerza destructora diseñada por enemigos de la decencia para crear una horda de jóvenes, ignorantes de los Reyes Godos y de dedos hiperactivos, que a base de PlayStation y SMSs destruirán todos los valores sobre los que se asienta la sociedad cristiana. Esos y una bocanada de inmigrantes, integrados y otros. Sobre todo Otros, los hijos de los demás.


Es verdad, lo admito. El trabajo de un maestro es difícil. No lo niego ni lo negaré nunca, siempre he dicho que no solamente es difícil, sino que además es muy importante. Es verdad que mi sarcasmo no ayuda, no cambia nada, sólo exhibe, sólo expone. Es un sarcasmo exhibicionista, como lo es todo escrito periodístico (quiero ser un quintacolumnista). Es verdad que hay chicos muy difíciles hoy día. Los ha habido siempre, o más bien, siempre ha existido el conflicto entre la personalidad del púber y el rol en el que se le quiere hacer encajar, y ese golpe de martillo, esa forja al rojo vivo, es la educación. No sólo admito que es difícil, también declaro que es una de las actividades que supone mayor responsabilidad de cuantas pueden ser realizadas por una persona en esta sociedad. Y el problema que entraña el conflicto antes mencionado puede minimizarse de dos formas: acercándose al joven y entendiéndolo, adaptando el proceso de aprendizaje a la persona (haciendo cada uno su trabajo), o bien imponiendo. El resto de mi digresión a continuación es una consecuencia lógica de lo anterior, así que no la voy a escribir. Cada uno debe hacerla aparecer en el interior de sí mismo, ni una palabra más por mi parte, y sólo un hueco abierto para otra forma de ficción que de cambie la realidad, esta vez en forma de utopía.


Por eso repito, y al repetirlo necesariamente adquirirá otro significado, otra multiplicidad de significados: "¿Para qué esa tarima, esa distancia?".



EL CUERPO DE LA LEY


Qué extraña manía de intentar distinguirnos del flujo de la historia. Qué eterna fuente de frustración, la de creernos distintos porque distinto es nuestro tiempo.


Por poner un ejemplo estúpido, el empeño en hablar de ciertas modificaciones de la imagen fotográfica, a través de medios digitales, como si de verdad importara ese medio digital.


Y sobre todo, la manía de hacer publicidad gratuita de una marca comercial por encima de las demás. Como podría ser Corel Draw, Aperture, Photo Finish, Corel Photo Paint, Lightroom, Silkypix, Lightzone o incluso las gratuitas: GIMP, Krita, Aviary Phoenix, Pixelmator... Sin necesidad de decir, como si se tratase de una tecnología en sí, "El Fotochóps".


Y no me molesta tanto que se haga publicidad gratuita a una marca comercial determinada (hay que admitir que es un buen programa y posiblemente Adobe se lo merece), eso no me importa. Es el aura de tecno-misticismo que se le atribuye. Parece que el hecho de utilizar retoque fotográfico fuera nuevo, un signo de nuestro tiempo del que escandalizarse a medias, ese escándalo que oculta un profundo y legítimo orgullo, como quien coquetea. Similar al orgullo contradictorio de vivir en un edificio enfermo, tener un virus informático, o ser víctima de la crisis.


No sólo no hay nada nuevo en el retoque fotográfico, ni es éste el que produce trastornos alimentarios. La imagen de una modelo en una revista puede disparar una obsesión en una joven, pero la necesidad de esta joven por autolacerarse, por buscar una autojustificación hacia esa violencia física hacia sí misma, procede de más adentro. No voy a hacer de psicólogo, pero tampoco voy a admitir las más simples de las explicaciones, sólo por mantenerme fiel a mis tiempos.


Y si después de todo es escándalo legítimo el del retoque de las antropometrías, no sé si será porque las propias antropometrías lo son, si el entallado de una blusa (su sugerencia de cuerpo y forma) lo es también, si orientar los focos en forma favorable (pintando con luz la belleza sobre la realidad) no será una trampa igualmente, si la mera idea de fotografiar no es un deseo de olvidar la realidad y sustituirla por su sombra, si no estamos mirando el mundo a través de una pantalla porque deseamos volver a ser arrojados a La Caverna, si el mero mirar no nos distancia para siempre de lo mirado.


Si no hemos puesto desde el principio nombres equivocados a las partes de nuestro cuerpo, a las formas de nuestra persona, a todos los objetos y los actos, para alejarlos, para taparlos. Si no habría que rechazar el retoque verbográfico y nombrar las cosas al menos una vez, nombrarlas una a una.



PERIODO DE ALEGACIONES


1. Hay quien dice, con altivo respeto, que la fotografía no es un arte, que no tiene el mérito del pintor. Entiéndase, mérito es trabajo, lo dicen en los colegios de monjas (y el arte religioso no se lleva bien con el celuloide). Hay que darles la razón, no se puede evitar. Hay que decirles que darle al botón no tiene mérito. El arte es mirar.


1.5. A aquellos mismos hay que someterlos al test del objeto invisible. A la manera de Morandi, a la manera de Giacometti, el test sería un inverso del Traje del Rey. El arte es mirar.


2. Decía Wilde que el rechazo del arte decimonónico por el realismo es la rabia de Calibán al ver su imagen en el espejo, y el rechazo del arte decimonónico por el romanticismo es la rabia de Calibán al NO ver su imagen en el espejo. Hoy día a Calibán le llegaría con tener página en Facebook.


3. Viendo la cantidad de basura en forma impresa que se acumula en cualquier quiosco, uno está por darle la razón a Cortázar y su cuento "el fin del mundo del fin", pensar que se seguirá imprimiendo basura en una forma indiscriminada, sin ton ni son, hasta colapsar lo legible sin que nadie lo lea. La diferencia con el cuento es que, quién lo iba a decir, entre medias de todo lo escrito que quedará sin leer, no navegaremos con barcos inmóviles. Navegaremos por internet, buceando medio ahogados entre tantas palabras inútiles que quedarán sin imprimir.


4. En Política todo deseo es lícito mientras no se logre. En el Arte, todo logro es lícito mientras no se desee. En leyes, ¿todo arte es político?


5. Con una rabia terrible levanté el puño, abrí la boca para expresar mi queja hacia todo lo que tenía a mi alrededor. Olvidé mi queja, estas cosas que le pasan a uno a veces, un despiste. Aprovechando que tenía el puño levantado, comencé una violenta revolución. Algún día recordaré por qué, creo que por ahora no hace falta.


6. Sueño con fuego, con fuegos. Sueño que todo arde. Es el momento de mayor paz.




EL ESPÍRITU DE LA LEY


Porque las reglas están para romperse, todos lo saben. Si hay una puerta, es para contener, para cerrar; pero debe ser abierta, franqueada. Es inevitable que toda verja sea trepada, toda . Aquello que se cierra para protegernos, también se abre para dejar pasar aire fresco. Y las leyes, todas las leyes, son infringidas por un bien mayor al menos una vez.


Quien hace la ley lo sabe de antemano, debe saberlo. Es posible que se introduzcan elementos arbitrarios e injustos en las leyes para obtener un beneficio equilibrado en su inevitable. Por eso entiendo los huecos de alegalidad en la justicia humana, esa mezcla de ruleta rusa y logia masónica que es la justicia humana, siempre con huecos deliberados para saciar la necesidad de imperfección.


Pero la ley divina, esa no es admisible. Sus estamentos cerrados, sus absolutos y sus normas alimentarias, convertidas en absurdo por la biotecnología. Sus redes sin huecos, diseñadas directamente por algún Dios, por Dios en persona (a imagen y semejanza nuestra), ¿para qué?


Como todas, para ser rota.


La base misma de la mayor parte de religiones es perversa, y el cristianismo más que ninguna, por cómo funciona la justicia divina. Las tablas de la ley son una reafirmación de la intención perversa y rebuscada de un Dios que plantó, en mitad del Paraíso, un árbol del que no se podía comer. En un entorno idílico con una vida unidimensional no se necesita más para trazar la red.


Pero una vez arrojado el hombre al mundo, una vez sometido a las caprichosas leyes físicas, a las arbitrarias leyes humanas, a la ineludible ley del deseo, qué necesidad había de un nuevo árbol del Saber. Ninguna, además no serviría. Al gritar de nuevo las tablas de la Ley, se le vió el plumero. Un corpus legal construido sobre una palabra: NO. Sobre los actos ya hechos, letras escritas sobre las líneas de la mano. Contradiciendo lo que cada uno hará, al menos una vez en la vida, toda metáfora misma del vivir, se escribe una ley de diez contundentes puntos que cubren los huecos, que taponan las salidas de todas las demás, y reclama para sí la ejecución de la primera maldición, del pecado original (la semilla ha de germinar).


Y Dios lo hizo a propósito. El pobre no tiene más remedio que hacer las cosas a propósito, no puede disfrutar de una historia sin conocer el final o paladear el goce de ir tanteando en la oscuridad, él que lo ve todo. Viviendo como vive fuera del tiempo, todas las historias se aparecen enteras delante de él, principio y final simultáneamente.


Así que esa terrible y tortuosa historia de una humanidad sometida a su propia maldición fue a propósito. Para superar sus limitaciones, para pasar unas vacaciones fuera de su eternidad, encarnarse en un hombre y salvar a los hombres. Pero como los hombres no tienen remedio pobrecillos, queda la puerta abierta a una segunda parte, como en las novelas escritas a propósito.


Y no le culpo. Cada uno hace lo mismo cuando urde el plan para una novela y la perpetra. Uno sabe de antemano que se cometerá un crimen y que el personaje no tiene escapatoria, pero le deja que intente escapar página tras página. Uno es demiurgo de su novela y desenrolla el tiempo de la trama, primero generando una historia simultánea y autocontenida, accediendo a la intemporalidad por la vía de la ficción literaria. Uno escribe para generar la eternidad dentro del tiempo, y forzar la paradoja para que el tiempo cristalice en un sempiterno crimen. Dentro de cada tiempo cristalizado viven Dioses que crean su mundo usando un pecado para que fluya el tiempo. En un juego de muñecas rusas, ficciones dentro de ficciones dentro de historias, y cada Big Bang es un chasquear de la lengua.


Después de todo, al principio era La Palabra.




HECHA LA LEY...


Ha molestado el calendario que para 2010 ha preparado el ayuntamiento de Vigo. Se dice que de entre las 140.000 fotos del archivo municipal ha escogido las doce más siniestras y oscuras. Una docena de fotos terribles, para la docena de terribles meses que se quieren ilustrar. En vez de ser gatitos en cestas o bebés regordetes disfrazados de flores, son fusilamientos, palizas, brutalidad policial, miedo en las caras de los hombres, llanto en los huérfanos. En vez de bouquets de crisantemos de varios colores son fotos grises de grises sobre la sombra negra de hombres negros de tanta hambre.


Pero la verdad es que se han limitado a cumplir la ley. La Ley de Memoria Histórica. Son fotos de la represión franquista durante los años 40 y 50 en Vigo. Lo que molesta a los vigueses es que en lugar de mostrar vistas de la ciudad, los muestra a ellos, de uno u otro lado, en estampas que quieren olvidar, que se han empeñado en tapar con hormigón, asfalto y buganvillas. Son cosas que hay que decir para poder olvidarlas con sentido, que hay que sacar de abajo de la alfombra para poder enterrarla en el sitio adecuado. Independientemente de eso, simplemente se está cumpliendo la ley.


Y hecha una ley, hay que cumplirla.


Hecha la ley...




... HECHA LA TRAMPA


He de confesar algo; sí he vuelto.


15 comentarios:

areadoce dijo...

toca "recrear"
toca "jugar"
toca seguir el juego y descubrir las excepciones; no hay trampa, Balcius, no haces trampa, siempre has jugado con las leyes, nunca te tomaste en serio la gravedad, por fortuna ni siquiera a la hora de suicidarte.
Sabes de silencios que se pueden e s c u c h a r , l e e r , s a b o r e a r (...)
La hora cero de tu regreso es otro juego de números, primos de las letras. Hace un año de la entrada de alguien en tu blog por primera vez y, ahora que caigo, también por última vez, hasta ahora! El Otro Jardín y el pez flor de la fotografía me trajeron de golpe el recuerdo de niña de un mundo de peces de colores entre sonrisas y preguntas, pero luego las palabras de Claudia me dejaron algo triste,"que bueno que alguien se ocupe de los suicidas"; Camus se ocupó de ello, según él, de la pregunta filosófica más seria: el suicidio. A pesar de que me había prometido guardar silencio en tu blog (creo que RS tuvo una sensación parecida), tuve que saltar, sentí el impulso de tender una historia propia, que a veces es como tender una mano, las primeras lineas fueron eso, un intento de despertar a gente pez, en la ficción todos podemos llegar a ser torpes aprendices de suicidas, le siguieron unas líneas para Balcius, que entre palabras que dejan sin aire se mueve como pez en el agua...
Tocaba mojarse, salir a la luz, sí, has vuelto... gracias!
(...)

nuria dijo...

Hola Balcius, todavía no he tenido tiempo de leer detenidamente lo último que has publicado (que no es poco), me pasé por aquí el otro día y salí de puntillas sin hacer ruido, como muchas otras veces en este tiempo que has estado ausente.
Bueno, ya vuelve a salir humo de tu chimenea...ya vuelve a estar habitada tu casa,vendré por aquí de vez en cuando. Me pone muy contenta!

a-escena dijo...

¿ Dónde ha vuelto, Balcius ?.

Balcius dijo...

Hola a-escena.

Si hay quien quiera leerme, escribo. Pero hasta ahora sólo se habían manifestado personas que saben leer silencios, que espero me hayan sentido asentir.

Escribo, siempre escribo, en las muchas formas que hay de intervenir la realidad nombrándola, a veces haciéndola una copia idéntica a sí misma, pero en una sustancia mutante.


A la pregunta ¿Dónde ha vuelto, Balcius?, conozco la respuesta aunque no entienda la pregunta. No sé si la pregunta va dirigida a mí como Balcius, usando un formalismo, o bien si menciona a Balcius en tercera persona y me pregunta por sus señas.

En todo caso, la respuesta es: ha vuelto, a escribir, y está aquí.

Al contrario de lo que pasó a menudo en este espacio, en el número 11 de la revista Shangri-la hay un artículo que ha escrito Balcius, pero lleva la firma de Pablo Romero. Se llama "Celibidache: Evocación en cinco movimientos", y es precisamente el quinto texto del número.

Observen todos el fantástico trabajo de edición y montaje de la revista, la calidad del contenido, el cariño con el que ha sido elaborada. Sorprende verse envuelto en tan finas ropas, y que milagrosamente sienten tan bien, pero he de ser honesto y darle todos los créditos a Balcius. Él transformó mi farragoso tratado en algo digno (espero) de la publicación.

Si les asusta lo grande del texto (y lo farragoso, como un texto legal), no se preocupen, "se lee del tirón".

De veras, ¿hay alguien ahí?

Balcius dijo...

areadoce... gracias, mil gracias como siempre... pero sí que hay trampas.

Diempre hay trampas en lo escrito, pues cada palabra pretende nombrar las cosas y sólo las esconde, pretendiendo denunciar acaso explicamos, y a la larga justificamos. Si no hay acción, todo intento de clamar justicia es por sí mismo una traición.

Pero claro que hay trampa porque hay juego, porque es todo juego. En cada texto se esconde un cuento de Balcius, una poesía, un truco, una de sus obsesiones, pero Textos Legales tal vez no forma parte de Caída Libre. Acaso lo he escrito yo y lo he disfrazado de trabajo suyo, un poco en agradecimiento por su trabajo en Shangri-la. Quizás. Tal vez por eso he declarado a viva voz su regreso, pero me he guardado hasta ahora ese secreto gritado. Todo el texto una trampa que aparenta ser otra distinta. Toda ley un poco de lo mismo.

Y me puse unas normas, la de responder a cada comentario, la de volver a cuidar este sitio, y me las he saltado también. Los trucos que mejor me salen son siempre los que hago sin querer.

a-escena dijo...

Balcius, no me creo que ponga en duda que hay personas que esperamos su vuelta a este lugar.

Balcius dijo...

Supongo que no, y sería injusto dudarlo cuando algunos ya habéis hablado... pero areadoce lo dice tajantemente: toca mojarse, es la hora de las palabras.

Las de todos.

marina dijo...

Buenas noches, Balcius i todos/as...!
Ha sido al leer "Las de todos".. que he decidido encontrar un momentín para dejar mi huella remojada... (hacía días que había leído tu regreso, Balcius, pero quizás aquello de que "ya vendrá el momento idóneo para comentarte" ha pasado a ser el de "buscarlo y zambullirse" :-)

Aunque digas que esto no es un texto... creo que aquí sí hay pequeñas aberturas por donde entra la luz o la magia de los cuentos, poesías... Lo pensé cuando leí ley de vida, pues me llevó al recuerdo de otra vivencia donde también aparecía la ley de vida: La cuento?.....(venga, me zambullo)
Sucede en tres movimientos.
En el primero, suena un acorde fresco y gracioso, cuando aparece una paloma (siempre la misma) en la acera de una calle por la que transito habitualmente y donde alguien cada día a la misma hora le va dejando migas de pan. No puedo evitar detenerme y regalarle una sonrisa interrogante.
En el segundo movimiento, una sola nota, incisiva y con eco muestra la fragilidad de todo ser viviente. Alguien a quien quería nos deja, desaparece de golpe....golpe con eco.
No hay pausa,
y se enlaza directamente con el tercer movimiento, una escala sinuosa con acordes flotantes.
Mis pasos vuelven a circular por la calle tan conocida (menos ahora) hasta detenerme delante de esta paloma, otra vez ella. Esta vez me detengo y le pido en silencio que responda a una pregunta que estalla dentro de mí, algo que no encaja y no sé por qué.

Esto se me vino a la cabeza (y me tambaleó un poco el alma) cuando leí tu ley de vida, Balcius.

Y me detuve unos días en esa ley.
Y luego leí lo que siguió...

pero digamos que me quedé en silencio, mirando, pensando... hasta hoy :-)

Gracias por el enlace al artículo de Shangri-La (antes entré directamente por la página de la revista y no podía descargármelo... después probé desde el enlace que pusiste y sí). Lo leeré, sin duda.

Me alegra volver a leerte...

saludines de nocturnidad sonriente

a-escena dijo...

Balcius, ay qué ver cómo es usted!!!.
Dice que vuelve y no lo hace...pero a ese tipo de cosas estamos ya acostumbradas/os.

Balcius dijo...

Uno nunca sabe lo que es escribir, Marina. Nadie sabe lo que es escribir, porque la palabra es la más mutable de la palabra, un puro poder con vida que nunca nos llega a pertenecer.

Tengo mis sueños, tengo mis miedos, tengo mi tiempo para perder y ganar, pero no tengo palabras para ellos, y escribir es siempre frustrante.

Porque un texto, cuando acabamos de escribirlo, es un arma cargada, por supuesto, como pueda serlo cualquier paraguas. Pero lo cargamos nosotros, se llena cada palabra de la circunstancia que llevamos dentro, de la intención con la que lo escribimos, una trayectoria vital, un doble, triple sentido.

Pero cuando se publica, quedan sólo las palabras, llenas de radicales libres y terriblemente reactivas, empiezan a transmutarse en contacto con las personas que leen. ¿De qué se cargan entonces? ¿qué sustancia emocional las llena entonces? ¿Qué queda de mi significado, de su significado?

Las palabras leídas son gatillos, son el hilo de una trampa en la que la mayor parte de las veces queremos caer. Son la sensación en el estómago pero sin la montaña rusa, y en esa caida atravesamos de nuevo vidas pasadas.

Las palabras leidas no me pertenecen, os pertenecen. Por eso leer es un acto tan íntimo, tan difícil de compartir. Por eso, te doy las gracias, Marina, por compartirlo y volver a fijar en forma de palabras ese tránsito, ese leer que se pierde en lo leído.

Balcius dijo...

A escena: el tiempo debe tejerse también con los ritmos adecuados. No es momento.

Entre Textos Legales y mi ontribución a Shangri-La (no sé si se nota, pero es mi primer texto por encargo y estoy encantado) la cantidad de palabra escrita -y potencialmente explosiva- es enorme, equivalente a tres meses de Caída Libre. Creo que es justo que sea ese el tiempo que pase.

No debe subestimarse el peligro de la palabra cuando sobra. Es como un animal herido, la palabra que se dice de más. Y como se decía en la película de Malle, alguien herido es peligroso, porque sabe que puede sobrevivir.

¿No oyes el eco?

a-escena dijo...

De ecos entiendo.
Y me parece sentata su exposición, Balcius.

Balcius dijo...

A veces creo que la excusa es el único género literario que domino,... gracias por entenderlo :-)

Balcius dijo...

Si de verdad me estás leyendo, aunque el mensaje te confunda, aunque no quieras comentar nada aquí, aunque no rompas ese silencio de este lado del espacio, rómpelo del tuyo. Quiero oir los trozos de silencio estrellarse contra el suelo.

Demuéstramelo, dí a todo el mundo que esto existe. Quiero saber que hay una descarga masiva de Sangri-la, que la web se colapsa de gente que desea leerlo, porque tú has hecho correr la voz, porque has explicado "algo" de lo que hay dentro, has sugerido otro "algo", y te has callado lo más importante. Quiero que se note, que haya un cambio, una revolución, que incendies la web. Entonces sabré que estás ahí.

Gracias.

novengoenningunlibro dijo...

Balcius...me dió mucho gusto cuando volviste, siempre supe que volverías. Pero más placer me dá que lo grites a viva voz, que publiques tus escritos, y gracias por hacerme partícipe para poder leerte.

Espacio-tiempo, palabras, sabores...qué etéreo es todo, qué vacío y qué riqueza.....todo depende de quien lo mire, de lo que cada quien tenga dentro, siempre hay mil interpretaciones, y nunca o casi nunca son las que nosotros pretendemos que sean...

Una noche de fiesta en Oviedo, San Mateo por más señas, al dejar el lugar pero todavia en medio del bullicio y del ruido, conseguí oir una hermosa melodia, intenté "seguir" el sonido para saber de donde salía esa musica pero no lo conseguí, sin embargo, si ahora mismo me preguntas, no sé a qué sonaba, ni siquiera podría decirte qué instrumentos sonaban, ni podría tampoco tararearla, pero se me quedó grabada por la sutileza y lo hermoso de la armonía.....me convencí a mi misma de que habia oido la "musica de las esferas"...
....algo así como leerte de nuevo
un abrazo fuerte