"entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie"
(Éxodo 21:23, 24)
El principio de equivalencia de la legislación Mesopotámica fue formulado posteriormente en Israel en la forma de la conocida Ley del Talión . En realidad, un avance en la jurisprudencia, porque evitaba el revanchismo y las espirales de violencia. La idea es que sólo debe pagar por un delito aquel que lo comete, y no un miembro de su familia o su comunidad. También que debe pagar un precio equivalente al daño objetivo infringido, y no a la percepción subjetiva de la gravedad del acto. Con ello el estado tomaba partido en disputas que solían ser consideradas un asunto privado, imponía una retribución justa a la parte infractora, dando por zanjada la cuestión.
Esta ley era indispensable en una sociedad sanguinaria y vengativa como era el feudalismo mesopotámico del tercer milenio antes de Cristo.
En la antigua Judea muchas afrentas seguían siendo consideradas asuntos privados (incluyendo mutilaciones), pero incluso en el ámbito privado la Ley del Talión se empleaba para dirimir cualquier disputa y evitar que se perpetuara. Evidentemente la formulación original de la Ley del Talión es bárbara y brutal: mano por mano, pie por pie.
Si bien Moisés había ordenado "El que mate a un animal, devolverá un animal. El que mate a un hombre, morirá" (Levítico 24,19-21), el Talmud suavizó su aplicación.Podría resultar que un daño cometido accidentamente, resultante en mutilación, tuviera como contrapartida una pena en la que la pérdida de sangre o una infección provocara la muerte del infractor. También se pensaba que la mano de un artesano no era igual que la de un ladrón, en su valor (aunque ambos la usan con habilidad para ganarse la vida). Por eso la ley Talmúdica transfiere el espíritu de la Ley de Talión, pero no su literalidad.
Se plantea entonces regresar a la retribución dineraria en pago de la afrenta, como ya practicaban los sumerios antes de Hammurabi. Aquí comienza el problema. Talión es establecido como principio práctico para los Jueces de Judea, que tienen que valorar qué es esa "equivalencia", y a cuántos corderos equivale un ojo, cuánto dinero corresponde a un diente. Tal vez una vida. La vida de quién.
La evaluación económica del valor de una vida es una crueldad cotidiana con la que convivimos sin saberlo. Cuando se establece el precio del barril de crudo se suman distintos costes -de producción, almacenamiento, transporte, ... - y a ello se suma un concepto macabro: el coste derivado de mantener la estabilidad en la región productora. Entre esos costes, se contabilizan vidas. Sinceramente, creo que el petróleo sigue siendo demasiado barato.
Porque si os parece cruel el talión en su formulación más antigua (quien hiere es herido, quien mata muere, para saldar la deuda), creo que es más cruel ese nuevo Ojo por Ojo ponderado, con realización de medias aritméticas de la cantidad de ojos debidos, con su cobro delegado en todos aquellos con responsabilidad subsidiaria, transferencia de culpas a noventa días, lo justo para que fracase toda mediación, toda justicia.
El dibujante Pau, en una de sus viñetas para el
Diario de Mallorca lo pone muy claro.

Tres días después de haber comenzado la Operación Plomo Fundido, ya había cuatrocientos muertos y dos mil heridos.
Hablamos de equivalencias. Son exactamente dos veces el 11M. Si la cuenta la hiciéramos hoy, saldrían casi cinco veces. Aquello fue casi insoportable, incluso para un país como el nuestro. Cuanto más para un trozo de tierra seca con poco más de un millón de habitantes.
Pero no hay equivalencias hablando de un país sin tierra enfrentada con un pueblo sin patria, la vergüenza contra la ofensa, la venganza contra el rencor. Un dibujo en el mapa, una mancha de tinta, esto os corresponde. La tierra prometida (me habías prometido más), un talión por sí mismo: me avergüenzo de lo que ha hecho mi hermano, el de la quijada y el bigote, aquí tienes una justa compensación, un trozo de tierra de otro, una justicia discutible, te regalo un problema. Toma una libra de su carne, pero sin derramar una gota de su sangre. Mercaderes de hombres, pesando patrias en un plato y vidas en el otro. Y la gente con hambre pesa menos, y las tierras con sueño pesan más, nos pesan los párpados del sueño de la tierra de los sueños, promesa sin habitar.
Y si un hombre se saca un ojo, a quién se lo cobrará. Y si un pueblo escoge a un líder suicida para enfrentarse a otro pueblo sanguinario, y si se inmola a quién reclamará. Y si fueron israelíes quienes asesinaron a Isaac Rabin, una esperanza para la paz, a quién pedir cuentas. Y si los propios palestinos decidieron poner a Hamás por delante de Al Fatah, quién tiene la culpa. Y si ambos tienen razón por la razón equivocada, quién pagará el error de su razón.
Y por qué tenemos nosotros que preocuparnos por hacer esas cuentas, ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?
¿Lo soy?