Angst essen Seele auf
La culpa antecede al pecado. La acción antecede a la intención.
La palabra es anterior a su significado, y ya tendremos ocasión de encontrarle sentido.
Si crees que hay una ley que lo rige todo, si crees que hay un plan maestro, sentirás esta misma incomodidad que me obliga a escribir, palabra tras palabra, porque algo no encaja. Algo repugna a tu razón, o a tu intuición. Pero eso no importa, eso no prueba nada, porque las pruebas se construyen antes que las hipótesis y todo el método científico es un enorme truco de tahúres. Porque las consecuencias vienen antes que los hechos, no me lo discutas, la mecánica del universo es muy anterior a tu podrida lógica.
Existen palabras que no suenan, ausencias que llenan, silencios que aturden. Existen excusas que no permiten perdonar. Existen mentiras que engendran una realidad. Existen paradojas que no te sorprenden.
Las paradojas son consustanciales a la existencia, te has acostumbrado a ellas, vivir es una colección de excepciones. Lo raro es vivir.
La palabra es anterior a su significado. Ahora es una buena ocasión para encontrarle sentido a esto. Escribo al azar y las palabras se ensamblan sugiriendo. Sugiriendo qué. Aparece el sentido. Ya lo había escrito antes (la palabra es anterior), pero es ahora el momento de darle un valor, rellenar este contenedor sintáctico, sin táctica, porque lo primero fue palabra. Fíjate, primero viene el Spam (esa infección electrónica, frío temblor, voz de muertos, o de no-vivos, que es peor). Luego viene su posibilidad, si la miran los ojos adecuados.
Wolfgang Roschen - Phonetische Etüde (escultura sonora)
“Mediante un procedimiento aleatorio, las palabras recobran su existencia libre del sentido del texto”. Pero no es así. Burroughs está convencido de que no es así, y ha explorado muy a fondo el subconsciente (con toda clase de ayudas químicas) como para obviar su criterio. Sospecha que el procedimiento de collage de las cintas tiene mucho de automatismo, pero poco de aleatorio.
Burroughs cree que el subconsciente está plenamente al tanto de dónde están las palabras dentro de esa cinta negra, muda, que es como un montón de tinta congelada y arrancada del papel (como si escribieras todas las palabras posibles, una encima de la otra, y ya no se pudieran leer. El tiempo se hace distancias dentro de la cinta, y ese tiempo táctil, filiforme, sigue portando las palabras.
Afirma que la persona que manipula las cintas está completamente al control de lo que está haciendo, pero a otro nivel.
Acabo de cruzar la estela de otro avión, justo en dirección perpendicular al mío. Acabo de colisionar con un avión pasado, mi trayecto y el de otro viajero han coincidido en el punto exacto, por la ventanilla el vapor congelado en el aire escribe un minucioso tratado sobre perspectiva. De pronto la imagen del cielo azul se llena de bruma y me cruzo con un fantasma. Eres testigo.

Surge un autocollage, un texto que adquiere el sentido de los significados ocultos, ocluidos, reprimidos en el texto original. La fuerza que introdujo ese significado profundo dentro del texto es la que ahora opera para sacarlo a la luz, desde dentro del significado tapadera. Por tanto, lejos de ser un proceso aleatorio, es el proceso más genuino de creación, acaso el más sincero y honesto. Las cintas manipuladas están cargadas de una anti-sintaxis violenta, de espasmos de sonidos y palabras, respiraciones a destiempo y fragmentos con los filos aun cortantes, aun sangrantes. Da miedo pensar que realmente ese animal vive dentro de nuestra palabra todo el tiempo.
De manera que escribí la disculpa sin conocer la ofensa. El azar a veces tiene memoria. Antes de aquello, tal vez después (tal vez no tenga importancia). En un tiempo distinto, acaso, escribí unas palabras y existía una culpa desligada de toda la historia, pues la historia no había sido aun imaginada, y la culpa aun no había sido nombrada. El mundo giró sobre su eje, pivotando en esta ocasión en algún punto del mapa, posiblemente entorno al País Vasco, a 800 m de altura. En la trayectoria exacta del vuelo Madrid-Bremen, en la exacta perpendicular Barcelona-Vigo, tras un número exacto de segundos que nadie ha computado. He herido el cielo haciendo la señal de la cruz, la culpa es algo tan cristiano, tan judío, tan humano al fin…
Me lees, me interpretas, me inventas diciendo lo que crees entender que digo, manipulas las cintas que flotan en el aire (mi voz, campo magnético jamás oído), colgadas del árbol de la ciencia (frutos amargos, una pena, tan hermosos), como si fueran disculpas, haciendo respirar un aire nuevo lleno de tiempo ya vivido. Me inventas diciendo esto y me haces culpable, coagulándose la historia que nunca fue, cargándose todo de un significado que podría ser una historia, que podría escribirse y hasta vivirse, precipitando como el azúcar en el fondo del vaso, naciendo un cristal del significado tan satisfactorio como falso,
Primero es la palabra.










11 comentarios:
Le veo cambiado, Balcius.
Hay que dejarse cambiar. Alguien dijo que era dificil cambiar, que hacía falta un gran esfuerzo para no hacer siempre lo mismo a fuerza de costumbre.
Seguramente sea al revés. No es posible ser el mismo cuando uno experimenta un acontecimiento cósmico de una magnitud miles de millones de veces más grande que uno mismo, cuando ha aprendido el nombre de una constelación, cuando ha notado cómo se ponía el sol, y ese movimiento del sol en el horizonte son millones de kilómetros por hora, millones de grados de temperatura, la violencia de los grandes números.
No es posible seguir siendo el mismo tras un sueño en que lo olvidamos todo, lo trastocamos todo, tras un despertarse desconectado en el que la habitación ha girado varias veces sobre sí misma, entorno a la cama, tras lavarse la cara y dejar la cara en el agua, cambiando de piel. No es posible, salvo con un enorme esfuerzo, acordarse de quién éramos ayer e imitarlo. Salvo con un enorme esfuerzo, uno que hacemos cada día, en el que nos dejamos la vida cada día, en vez de dejarnos cambiar por ella.
¿Ves cambiado a Balcius? Pues claro. Todo salvo el nombre, que ni siquiera es mío.
He de confesar que su explicación me da algo de miedo.
Pero si el cambio es para bien, felicidades. Insisto, siempre que sea para su bien.
Eres óptimo y me reflejas.
Gracias, espejo.
Qué coetáneo tan fascinante y tan nutritivo así en mi primer vistazo... mantente lleno mientras voy llegando, que estoy todavía lejos y tengo sed de contenido.
Reitero las gracias.
Próxima a ser.
a-escena... ¿miedo? El miedo devora el alma, como dice un proverbio árabe que inspiró a Fassbinder antes que a mí. Interesante que aparezca el miedo en otro contexto, no quiero provocar miedo sino lo contrario, trascender el miedo a lo terrible a través de la fascinación, una de las más maravillosas capacidades del ser humano. Más que la iluminación, debemos buscar la alucinación.
Como yo me dejo fascinar por los dos comentarios anónimos. Gracias a vosotros(-as) por leerme, por arrancar mis palabras de dentro del molde de su silencio.
Abriéndose paso entre los afilados abrazos del dolor surgen los miedos, escondiendo tras labios de miel, la corrosiva saliva del engaño...es interesante darle la vuelta para llegar a la fascinación gracias a esos miedos; y por supuesto, gracias a tus textos, Balcius.
En otro contexto estaría preocupado (o aterrado) por recibir tantos anónimos seguidos (especialmente si contienen frases como "la corrosiva saliva del engaño"), pero la verdad es que me gustan mucho.
Realmente configuran, desde el Anonimato, un Balcius mitológico que reune poderes mágicos con capacidades fantásticas: es óptimo, es espejo (¿quién puede querer ser otra cosa, pudiendo serlas todas? ¿a qué se puede aspirar más allá del espejo?), es nutritivo (esta me encanta, es tierno, sugerente, suntuoso e intelectualmente estimulante), y por último el comentario que otorga a Balcius el poder de atravesar lo doloroso, lo horrible, lo paralizante, con una luz en la mano y el poder de una palabra (aun no sabemos cual). Un Balcius parecido al héroe trágico de las grandes epopeyas, una especie de Ulises redimiendo la posibilidad del hombre en una larga travesía de miedo, ausencia, dolor.
Me gusta este Balcius, que no se me parece en nada pero que está hecho de la misma sustancia que mis deseos. Gracias a todos vosotros por el con-texto.
Luego el miedo?Introducido en la retina, en cada tramo de miradas, en el reposo del tiempo.Convergiendo en cada escena ,la de las conclusiones , la de las "tal vez"las de los Síes.Coagulado en mitad de la vida, en mitad de la vida tras la puerta, la mitad de las respuestas..de las preguntas.
Ese ambiguo murmullo, ensordecedor..siempre, siempre.
El canto abismal inaplazable.
Sé otro, sé , sé..nunca serás...Nos amortaja .Se ha trenzado a nuestra cama, tatuado al consciente, subconsciente..interconsentimientemente.
Somos siempre, antes, luego/después el juego de un calabozo.
Amigo nutritivo, porque verdaderamente lo eres: llenas sin empalagar el entendimiento no sólo resultando entretenido sino al mismo tiempo provechoso. Sería bueno que hicieses acto de presencia en nuestras mesas con mayor asiduidad, pues no todos los manjares resultan tan saludables ni se cena bien todos los días.
A mí me aprovechas, y eso siempre es bueno.
Mucho tiempo ha pasado desde que me pase por aqui la ultima vez y me alegra ver que pocas cosas han cambiado. Quiza le veo algo mas taciturno y pesimista? no se. En cualquier caso no deja de ser curiosa la manera que tenemos convertir los mecanismos de la naturaleza en actos terriblemente perturbadores; cómo creemos que inventamos algo, cuando vivimos en una espiral en la que solo reinventamos. ¡Que mania con el sentimiento tragico de la vida! En fin, aqui me quedo. Volvere
Un saludo
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