Un Apunte al Margen de la Historia
¿Es todo? Pregunta a-escena, tal vez sin darse cuenta de cuán trascendente es la pregunta. Quizás sin saber del poder de los ingredientes alquímicos que componen el mayor sortilegio desde "hágase la luz".
Partiendo de la misma oscuridad, con quizás más profundos resultados. ¿Más profundos? ¿Es posible una transformación más profunda que la de crear el tiempo a partir de la eterna quietud, crear la dimensión de lo inexistente a partir de un vacío en que ni la oscuridad existía?
¿Acaso no son estas preguntas suficiente prueba de que sí es posible?
Dudar, abrir una puerta a algo aun mayor que el infinito, poder plantear una creación que contenga o anule a la Creación. La vastedad del poder de la duda, que aniquila la estúpida certeza. 

Después de todo, Dios tan sólo crea la realidad.
La pregunta de a-escena crea incluso la posibilidad de lo inexistente y la imposibilidad de lo que ha sido. La palabra del que se pregunta, el gérmen de lo fantástico, latente en cualquier recuerdo de esta extraña experiencia de la Vida.
Más allá de la palabra, toda idea de pregunta es un Big Bang íntimo, ínfimo. Supernova.
Justo después de que Areadoce invocara la cábala de la existencia con una afirmación tan rotunda como equívoca ("Existes"), y con ello diera a luz a una explosión de sólida abstracción, de vacilantes certidumbres de abismos, e invocase el poder de la ficción literaria, la más sólida metáfora del vivir.
Justo después de esa afirmación y su temblor, surge esta pregunta que parece esculpida en piedra.
ES TODO. Esto es todo, es un epitafio. Es todo lo escrito, si se escribe.
Y Parménides flotando sobre las aguas. Como en el Génesis.
Aunque, si es todo, no es siquiera génesis, ni siquiera Supernova. Pues incluye la preforma de las ideas, su vida nebulosa antes de llegar a ser palabra, siquiera idea.
Es el espacio que, desde siempre, ha habitado “Caída Libre”, el espacio de lo incierto y de lo posible que siempre le ha sido natural, Caída Libre antes de Balcius. 

He escrito mucho, de palabra, obra y omisión. Sobre todo de omisión. He dejado mucho por escribir, muchas ideas que explotan en universos de posibilidades nunca resueltas.
Una de ellas es un plan. Otro plan. Podría llamarse algo como “plan para un plan frustrado”. La idea (el plan frustrado que tal vez un día rescate) consistía en explotar la fascinación, la sorpresa, que se esconde detrás de lo muy conocido, de lo mil veces visto, que sin embargo escondía un secreto sorprendente. Algo de lo que muchas veces comentó Ítalo Calvino cuando hablaba de los Clásicos.
Se jugaría con películas, novelas o cuadros muy famosos, se investigarían las verdaderas intenciones del artista, que han sido malinterpretadas desde siempre por el conjunto de la humanidad, especialmente por los entendidos.
Por ejemplo, tenía ganas de gritar a todo el mundo que no, que Psicosis de Hitchcock había sido mal leída. Analizando escena por escena, demostrar que el primer asesinato sí lo había cometido la madre de Norman, que la historia era todavía más rebuscada de lo que parecía a los inocentes espectadores de la época, ver el mensaje oculto en la escena del ridículo psicólogo confundiéndolo todo.
Vamos arrastrando aquella primera impresión, el mito de Psicosis, ya no somos capaces de leer la historia con mayor malicia.
Hablaría también de Los Hermanos Karamazov, pero no tiene mucho mérito. La clave de Los Hermanos Karamazov está en el equívoco, y tal vez todo el mundo sepa, cuando ha cerrado el libro, que lo ha leído mal desde el principio.
Y en estos días me voy dando cuenta de que es habitual ese equívoco en la lectura demasiado rápida, del crecimiento del mito a costa de la obra. Lo malo es que no estoy hablando de literatura, sino de Historia. De cómo la historia está siendo generada todos los días con los residuos de la literatura muerta.
En una de sus mejores obras, Torrente Ballester plantea la posibilidad de que Napoleón sea una invención colectiva creada para hacer más digerible y hermosa una historia inaceptable por la burguesía.
Y vista desde la perspectiva miope de la inmediatez, el nacimiento de la Historia con Mayúsculas parece igual de Absurdo.
Primero es el mito, el muñeco, luego su relleno. Como las efigies que la Inquisición quemaba.
La imagen del dictador implacable masacrando a su pueblo, es una imagen muy dura que tenemos todos grabada a fuego por tanto periodismo sensacionalista, tanta película del miedo, tanta guerra fría y Orwell, tanta Historia.
Y tal vez en cien años los niños repitan de carrerilla que en el año 2011 el pueblo se levantó contra los regímenes dictatoriales del norte de África y quién sabe cómo explicarán lo de Libia y la guerra y quién sabe cuántos miles de muertos que vendrán, cómo lo resumirán en dos frases de libro de texto, que son como dos esferas de ámbar, limpias y brillantes, perfectas, el destilado incontestable extraído de millones de páginas de periódicos arrojando medias verdades, medias mentiras, conclusiones bastardas derivadas de razonamientos espúreos, resultados del darse prisa por contar la noticia sin entender lo que pasa.
Todo esto ha funcionado así, no ha existido historia, sólo hechos precipitados y amontonados que se han intentado poner en la perspectiva épica más por motivos estéticos que otra cosa. Queda bonita la palabra Libertad, la indignación, la dignidad. Pero nada de eso significa nada aquí, en un contexto completamente descuadrado, que recuerda en todo al Afganistán de cuando Reagan, a Chile, a tantos otros errores que no se comprenderían hasta más tarde.
Demasiado tarde.
Y sobre todo, a la vieja reclamación: “tradutore, traditore”.
El líder de la revolución, con más ganas que fuerza, intentando explicarse con vehemencia, y los medios abusando del lenguaje para traducir sus palabras de socorro (¡sí, de socorro!) como palabras de amenaza. La traducción de cada cosa que dice como si fuera una estúpida locura, una fanfarronada (aunque tenía razón en todo, en lo de las tribus, en lo de AlQuaeda, en lo del pueblo de su lado…), cuando traduces escoges las palabras, y las palabras cambian lo que dices. 

Es verdad que no hay que barajar ninguna oscura conspiración, y eso es lo peor. Los motivos son mucho más estúpidos y los hechos más simples, tanto que no se entienden. Se han repartido los papeles, como en un circo de pulgas (la gente, vista desde muy lejos, es un reguero de pulgas), en que es el disfraz lo que da significado a los actos. A uno se le ha puesto de tirano (un sombrero que últimamente sale muy barato fabricar,… ¿alguien recuerda a Noriega?), a los otros de héroes (ni voy a mencionar a los Mujaidines), ya da igual cuál sea el sonido de las voces, el movimiento de los labios. Se sincronizarán, bien o mal, al doblaje que se ha escrito antes que el guión original.
Estoy releyendo 1984.
Es uno de esos libros que significan algo distinto en cada momento de tu vida, en cada momento de la historia. Hoy, da verdadero pánico.
Oceanía SIEMPRE estuvo en guerra con Eurasia, quien lo dude es un traidor. ¿Y punto? ¿Es todo?
Siento una tristeza física. No es la tristeza que querría para mí ahora. No siento lástima ni indignación de ningún tipo, no siento ni rabia ni víscera alguna se rebela, ni recuerdo alguno se agita. Es una sensación profundamente personal, íntima, de extrañamiento. De alguna forma, incluso mi cuerpo ha interpretado mal lo que quería decir.










11 comentarios:
Al final, te gustan los círculos.
Al final. Me gustan los círculos al final, después de haberlos recorrido una y otra vez buscando su extremo.
Los círculos no tienen extremos, pero hay que recorrerlos hasta el final. Son viciosos.
Quizás por eso me gustan. Quizás por eso los evito.
Una frase de la película de Melville:
Sidhartha Gautama el sabio, más conocido por Buda, cogió una tiza roja, trazó un círculo y dijo, “Si unos hombres, incluso aunque ellos lo ignoren, deben volver a encontrarse un día, pese a lo que les haya podido suceder o a los caminos que hayan seguido, ese día, ineluctablemente, serán reunidos en el círculo rojo.
Déjame darle la vuelta a la frase: En principio, me gustan los círculos.
Es lo que tienen los círculos,
cada final es todo un principio...
(...)
Al parecer mi camino son las espirales que parten de algún sitio y no terminan de llegar a ninguna parte.
Y sabes que soy hombre de principios, areadoce.
Es interesante, Miss, el camino de todos nosostros es esa espiral, los renglones torcidos, la tortuosa vía que cruza una y otra vez por el mismo sitio. Y cada uno avanza, avanza obstinadamente, "hacia adelante", cree uno.
Obstinadamente equivocados. Nos hemos empeñado en leer mal incluso aquel verso tan conocido, el de "caminante no hay camino". No es un alegato por la libertad y una invitación a la opción personal, es el pánico ante la maldición de no tener ningún destino al que dirigir los pasos, salvo el abismo.
El círculo es un refugio, o tal vez la forma del propio abismo.
La falsa tortuga de Alicia había aprendido en la escuela una disciplina que aquí no enseñan, y que tal vez sería muy útil. "Fainting in coils", la llamaba, "desmayarse en espiral". Tal vez la más sofisticada técnica de caída libre.
A mí me asustan los círculos.
Es duro asimilar el ángulo( no-ángulo) reaccionario del círculo.
Un apunte al margen... de mi vida... de mi conexion con otras vidas... un replegarme en "mi" secreto. El tiempo sigue fluyendo, en circulos. Algun dia me iniciaste a su magia y los agradecimientos existen. La que conociste ya no es mas que una nota a pie de pagina, una nota a la que no dejan cerrar el circulo, una ficcion de si misma. La protagonista de un cuento falsamente bonito. Y ese, es "tu" secreto -puede que "a voces", pero todo tuyo-.
Muy bonito, Anónimo, en serio. Ni sé quién eres, ni supongo debe interesarme. Pero este lugar sigue vivo.
tienes mucho que celebrar
otra vuelta en la espiral
(...)
Puede que vuelen sin rumbo, pero alla van, océanos adelante, mis mejores deseos.
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