Como cae un árbol, cayó suavemente sobre la arena
Sé que queda muy bien citar a Saint-Exupéry. Seguro que las conocéis: "El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo"; "Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor", cosas por el estilo.
Queda uno tan bien cuando reniega de lo adulto. Está tan bien visto optar por lo sencillo, por ser niño y abandonar todo el peso del intelecto y de la vida vivida, aunque la de Peter-Pan es una pose, tan falsa como la del pedante. Ninguno de los dos disfruta en serio de su disfraz, sino de cómo le sienta.
Es trampa jugar si conoces el truco. Es trampa usar las frases de Antoine cuando uno sabe que alguien las está esperando, que se le juzgará bien si las usa. Cuando ha oído de refilón "lo primero que averiguo de un hombre es si ha leído El Principito". Entonces ya no está autorizado para usar las frases que acaba de rebuscar en algún libro del cual se salta las ilustraciones (al contrario de lo que hacía de niño).
Además es muy fácil. Demasiado fácil citar frases de un libro ya escrito. Alguien se pregunta qué quiere decir eso, si se podía ser el Principito antes de que el libro existiera. Por supuesto que sí, muchos lo han hecho, antes, después, e independientemente de bandada de pájaros alguna. Sólo se puede llegar a él borrando el libro de la memoria, dibujándolo en otro sitio. Más profundo. En el pozo de tu desierto.
Fácil citarlo. Pero qué difícil ser el Principito, que no te importe serlo, con la pérdida que supone, la responsabilidad de lo que se ha domesticado. Serlo de verdad, con esa voz pequeña que no tiembla más que una estrella del atardecer, en una noche de grillos. Serlo tan abiertamente, pedir y preguntar como él.
El acto más difícil, el más poderoso, ya lo dijo Zaratustra: hacerse niño y decir SÍ. La afirmación de luz de quien ama una flor.
Hacerse niño y pedir:
Dibújame un cordero.








































